No es el Siglo Uno, es el Veintiuno

Solemos cantar esta consigna en las manifestaciones animalistas para recordarles a quienes, en pleno Siglo XXI, siguen maltratando animales, que hay que evolucionar hacia una sociedad libre de maltrato animal. Un caso así es el de Alcalá de Henares durante la Semana del Mercado Medieval Cervantino.

El Mercado Medieval Cervantino de Alcalá de Henares es un lugar donde los animales son explotados y maltratados sin pudor, mientras los políticos que lo autorizan miran a otro lado

Si vas esa semana a Alcalá de Henares, en muchos sentidos viajas, literalmente, al pasado. A la Edad Media, donde muchos animales eran explotados, encadenados, maltratados para diversión de la gente con el permiso de las instituciones de la época. Bien es cierto que, siglos después, se ha evolucionado en muchos aspectos: ya no se venden niños, se usa ropa más cómoda, ha llegado la tecnología, etc. Pero, para los animales, como sucede con la Tauromaquia, los circos, los zoos y acuarios o los mataderos entre otros muchos ejemplos,  esa evolución no llega. Esa evolución de pensamiento que nos muestre  que los animales no están aquí para servirnos, sino por sus propios intereses, para vivir su propia vida.

En el Mercado Medieval Cervantino de Alcalá de Henares te encuentras ese horror. Aún tengo, días después de haber ido, esa tristeza que te marca visitar un lugar así. Ya recorriendo el mercado en sí, puedes encontrarte desde cerdos empalados de los que se coge su carne para servir comida, a puestos donde sólo se vende piel o carne de animal, con el sufrimiento y el maltrato que eso ha supuesto para tantos animales, los allí expuestos. Y, entonces, llegas al final de ese mercado.

Recuerdo que lo primero que vi al entrar en aquel descampado sin sombra donde está el recinto en el que están todos esos animales, fue a un burro atado a un carro en el que llevaría a quien comprase un ticket. Ese burro estaría ahí toda la tarde, horas y horas, atado a ese carro. Me parte el alma recordar su mirada perdida, vaga, resignada a una vida de esclavitud. Como la de los camellos y dromedarios que estaban tumbados en el heno, esperando a que alguien comprase un ticket que les permitirá montar sobre ellos para cargar y pasearles mientras sus amos les digan. Es increíble que después de la tragedia del año pasado cuando murió un dromedario en este Mercado, se siga permitiendo esto. Lo mismo pasaba con los burritos y ponis. Había seis burritos que iban, literalmente, atados entre sí con correas durante toda la tarde llevando a niños de un lado para otro por el recinto. Un día, uno de ellos, el último, no dejaba de moverse inquieto frotando su cabeza con el animal que llevaba delante, intentando soltarse. Y esto, porque se orinaba y no pudo hacerlo hasta que pararon los cinco animales que llevaba delante y a los que iba atado. Lo mismo sucedía con los tres ponis que había en la misma situación. Todos esos animales son arrastrados  de un lugar a otro en un descampado sin sombra, a 30 grados, durante toda una semana. Aún recuerdo que sus dueños (cuánto dolor me produce la palabra «dueño»), estaban refugiados del sol en las carpas, semidesnudos debido al calor que hacía, refrigerándose. Basta con imaginar el calor que pasarían esos animales que sólo tenían una cubeta de agua para refrescarse.

Recuerdo a las ocas. Decenas de ocas encerradas en unos pocos metros cuadrados que un hombre, de vez en cuando, sacaba a pastorear por todo el recinto, mientras pasaba cerca de los demás animales antes mencionados y de la gente, con el estrés que eso supone para todos estos animales. Alguna se salía del grupo, momento en el que recibía los gritos de esos hombres que las llevaban de aquí para allá.  Luego volvían a ese pequeño vallado donde permanecerían otro rato hasta el siguiente pastoreo. Y así, todo el día. Vallado, por cierto, compartido con otro cercado de gallinas y otro de conejos de Indias. Todos estos animales también permanecieron todo el día ahí encerrados, en unos pocos metros cuadrados. Tan sólo saldrían, para pastorear, las ocas bajo los chillidos, el estrés, el miedo…

Encuentro un nuevo recinto  en el que pagando dos euros entrabas para ver a unas cabritas destinadas, de nuevo, a pasar allí  el día entero. Un grupo de niños, y no tan niños, se divertían persiguiendo a las cabritas mientras estas huían y se arrinconaban, asustadas. Imaginad la angustia y el agobio que supone para esos animales estar así todo el día. En una enorme jaula, permanecían encerradas, todo el día, aves de corral y conejos, igual que las ocas, gallinas y conejos de indias. Y por muy horrible que esto suene, aún queda algo más. Este recinto estaba pegado a un escenario donde, con una megafonía a un volumen altísimo se hacían demostraciones de Justas Medievales, donde gente montada a caballo recreaban aquellos actos de sumo estrés para esos caballos. Pegados los dos recintos, con esa megafonía, era difícil imaginar lo que podría suponer para estos animales todas estas circunstancias.

aves mercado medieval Alcala de Henares

Aparte, estaban las aves: halcones, águilas, búhos y lechuzas estaban encadenadas y eran expuestas durante todo el día en una carpa, tan sólo refugiadas del sol por la sombra que daba esa carpa. Aves nocturnas a plena luz del sol, sin importarles el daño que esto las puede causar. Tengo el recuerdo de ver como un águila trataba de huir, de salir volando, pero se lo impedía la cadena que, en muchas ocasiones, picoteaba para poder librarse de ella y , así, poder escapar. El triste recuerdo de una lechuza cayendo del tronco en el que estaba apoyada y en el que apenas podía moverse si no quería volver a caer. De la mirada perdida y asustada de todas esas aves que más que no comprender qué hacen ahí, no entienden otra vida que no sea la de ser esclavas. Aves que deberían volar en libertad, que deberían poder desplegar sus alas al viento y que, tristemente, su vida se reduce a estar encadenadas para tan sólo ser liberadas cuando alguien quisiese hacerse una foto con ellas.

Es tan triste saber que, además, estos animales han estado y estarán en más municipios, haciendo lo mismo día tras día, siendo esclavos de una especie que se cree en su derecho de poder hacer con el resto de especies con las que compartimos el planeta lo que les venga en gana. Y es tan triste que tras siglos y siglos siga sucediendo lo mismo, que no se evolucione. Las instituciones y partidos que gobiernan en estos municipios, anclados en el pasado, sin evolucionar, siguen permitiendo este maltrato a animales que tienen que estar las 24 horas de cada día en estas condiciones. Este mercado debería ser una fiesta libre de maltrato animal, donde nadie sufriese.

Este es un ejemplo más de que, hoy más que nunca, se necesita transformar la política de la involución que permite este maltrato en un mercado medieval, en una política revolucionaria, una política compasiva con todos. Una política que cambie las leyes para poder cambiar, de raíz, las situaciones terribles e injustas que viven los animales.

Por este tipo de terribles situaciones es tan necesario PACMA. Porque desde PACMA, nos comprometemos a luchar por el fin del maltrato animal en esta fiesta y en cualquier otra, pues la palabra «Fiesta» no debería estar asociada al maltrato de seres inocentes. Y exigimos a los partidos políticos que evolucionen de una vez y prohíban el maltrato animal y en todas sus formas en sus municipios.

¡¡Exigimos una ReEvolución!!

J.M.G. Casero

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