Los ojos tristes

PodencoMediaban los 80 cuando me encontré con mi primer perro abandonado. Era un crío y él estaba a la sombra de un olivo, en Toledo.

Aquellos ojos se clavaron en lo más profundo de mi alma y pienso ese día como el nacimiento del “animalismo” en mi Ser

Era joven, tal vez una perrita. Ahora sé que se trataba de un podenco. Cojeaba de una pata y aunque movía el rabo al verme, me gruñía al acercarme. Le llevé mortadela (por aquel entonces yo no era vegano) y agua. El animal consumió ambos sin dilación. Sus ojos eran tristes y estaba muy delgado. Tal vez se quedó atrás, no llegó a tiempo de subir al carromato de la rehala o simplemente, fue abandonado. Aquellos ojos se clavaron en lo más profundo de mi alma y pienso ese día como el nacimiento del “animalismo” en mi Ser. Mi abuelo me ayudó a capturarlo, sin saber muy bien que haríamos luego con ella, en vano. La triste criatura, consumida por el miedo, escapó, cojeando, hacia algún lugar inhóspito. “No llores”, me decía mi abuelo. Pero yo no podía evitarlo. Aquellos ojos tristes, de un marrón claro, tan dulces, tan expresivos. Tan vivos…

Los que llevamos años en esto del Movimiento Animalista sabemos bien como tratan los cazadores a los animales: un medio para un fin. Los perros como ayuda a su afición y las presas para saciar su hambre de muerte. No hay más, todos los animales de su entorno son víctimas de la caza. De lo contrario, por definición, no serían cazadores. La escena de mi infancia se repite todos los años. El mundo de la caza no ha evolucionado desde la Prehistoria – ellos se sienten orgullosos de esta realidad-. Se siguen moviendo por los mismos sentimientos y falta de sentido de la Justicia: matar. Aunque ahora, además, por simple placer. El chute de adrenalina que les da someter y controlar, eliminar una vida, por supuesto, sin poner en peligro la suya.

orgullo PACMA

Hijo mío, no llores más, el mundo está cambiando y tu vivirás para verlo

Pero los tiempos cambian. La empatía social hacia el mundo animal es un hecho. Tanto que la Real Federación Española de Caza (RFEC) ha iniciado una campaña contra el abandono. Quiere lavar su imagen pues no sólo la continua pérdida de afición a esa barbaridad que es la caza es determinante. La sociedad ya no se calla y no duda en tildar a sus partidarios de lo que son: simples matarifes. En el S. XXI no existe ningún argumento que acredite esa actividad, muy al contrario, su simple existencia es un atentado directo a la más básica de las expectativas de civilización. Esta noticia de la RFEC es buena pues evidencia que el trabajo que tantas personas llevan años realizando cala en la sociedad. Más aún, marca un punto de no retorno porque esta campaña contra el abandono es incompatible con la caza. Ataca a su esencia dado que la administración de animales para la caza implica abandono o simple ahorcamiento, cuando estos no son necesarios. Estamos en el buen camino y debemos incrementar las energías en este sentido.

Muchos años después aún pienso en aquellos ojos tristes. En su huida por el olivar, cojeando, sin haber conocido jamás lo bueno que tienen algunos seres humanos. Me vuelvo a sentir como aquel niño indefenso ante tan atroz escena y no dejo de preguntarme qué fue de aquella criatura, incapaz de asumir la triste conclusión que seguro tuvo. Luego recuerdo cómo mi abuelo se sacó el pañuelo para secarme las lágrimas y me abrazaba para consolarme, mientras me susurraba al oído: “Hijo mío, no llores más, el mundo está cambiando y tu vivirás para verlo”.

Tenía razón.

Juan ArriazJuan Arriaz B

 

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6 respuestas a Los ojos tristes

  1. Manuela Argibay Ferreiros dijo:

    Los cazadores al igual que todos aquellos maltratadores de vidas, sean éstas de animales o de personas, no cambian, no hay que pretender engañarse, el mal esta ahí, y aqui, y en todas partes. España es un país que vive de sangre, tiene fiestas antiguas basadas en dar muerte a animales indefensos, (toros, ciervos, jabalíes, etc) Los españoles estamos acostumbrados a esas fiestas, a base de comer carne de animales que les gustaría seguir viviendo-. Quizás en algún momento de nuestras vidas algunos puedan cambiar, algunos pocos que tengan esa chispa de luz que los haga reflexionar ante tanta crueldad, pero yo personalmente prefiero ser objetiva, soy española y como tal conozco a mi gente. Somos crueles, sanguinarios, maltratadores. Y ante todo materifes de animales inocentes, y sin embargo, estoy casi segura que ellos a tí te salvarían la vida si estuvieras en peligro.

    • Terrible, pero cierto. Hay que seguir luchando para cambiar la mentalidad de los españoles. Yo no nací aquí, pero vivo en España desde 1977. Mi visión de los animales cambió cuando en 2008, en Buenos Aires, una vieja gata siamesa -Kikí de Montparnasse- me adoptó.

  2. Dalcy Romina Cardona Pizarro dijo:

    Lo que puede hacer en tu corazón unos ojos triste.
    A mi me cambió no solo la vida, sino toda mi mentalidad y mi sentir. Pase de tener un miedo y asco, a un amor profundo, cinsero y entregado. Y quiero legar esto a mis hijas, nietas y bisnietas.

  3. Covadonga dijo:

    Quiero mandar un mensaje de esperanza. Soy hija de un cazador, todos mis antepasados mataban anímales. Soy vegetariana y animalista. Mi padre tiene 7 perros de caza y entre mi madre y yo le tocamos el corazón y le enseñamos a amarlos. Ahora los cuida con verdadero cariño y dedicación. Mi hermano nunca quiso saber nada de la caza , para disgusto de mi padre y todos nosotros somos grandes amantes de los animales… el mundo está cambiando y la caza y ese tipo de practicas van a desaparecer porque la humanidad evoluciona. y si existe una forma de hacer que los cazadores despierten a tomar conciencia de que es feo lo que hacen es a traves del amor. Con el amor todo se sana y hasta un cazador al que le tocas el corazón puede acabar empatizando y respetando a los animales. El amor siempre es el camino. Gracias por tu artículo, en nombre de mis ancestros, te pido perdón. Se ve que te sale del corazón! Me conmoviste!

  4. maria dijo:

    no maltrato de cualkier especia animal.

  5. Carmen Nicolás García dijo:

    Juan Arriaz, gracias por compartir esta vivencia. Te entiendo perfectamente. Una mirada así te cambia la vida.
    También soy de PACMA, también soy vegana, también quiero LEY O
    Muchos años a mis espaldas y no recuerdo ninguno sin animales. Con 3 años,tenía un chivito por “mascota” al que mi abuelo pretendió sacrificar para una comida, monté tal bronca que murió de viejito. Comencé a rescatarlos o recogerlos hace casi 20 ya. Por mis manos (y las de “mis” veterinari@s) han pasado muchos y todos los que no están, siguen en mi corazón.

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