Un cuento de Navidad con final feliz

Conduciendo

Hoy, día de Navidad, al pasar por el mismo punto kilométrico, he recordado lo que nos ocurrió hace justo 10 años, el día en que Orejas se cruzó en mi vida.

Su historia la recogí en uno de los capítulos del libro que publiqué este año ‘Animales. La revolución pendiente‘ y os lo dejo aquí, deseándoos Feliz Navidad.

Las otras víctimas

Ese día de Navidad del año 2007 no sería como los anteriores.

Camino a la comida familiar, el ‘escáner de cunetas’ con que la naturaleza dotó a Luis, mi pareja, detectó un movimiento en el arcén de la carretera, a pocos kilómetros de Móstoles. El “oh, oh, oh, un animal”, me puso en antecedentes de lo que nos esperaba. Cada vez que oigo esa frase acabamos siendo uno más en la familia o haciendo frente a un periodo de visitas a veterinarios, posibles adoptantes, seguimientos…

El caso es que conseguimos dejar el coche cerca de donde Luis había creído percibir el movimiento y nos pusimos a buscar en la cuneta de la carretera, mientras los coches pasaban a toda velocidad. No tardamos mucho en encontrarla. Era un cruce de podenquita de largas orejas, acostada de lado, apenas movía la cabeza, incorporándola débilmente. Ese fue el movimiento que la salvó. Llevaba un viejo collar de cuero del tipo que usan los cazadores para enganchar varios perros a la misma correa.

Nos acercamos con cuidado para no asustarla y al retirar unas hojas que medio tapaban su cuerpo me quedé horrorizada. Tenía una fractura abierta en su patita delantera. De la herida asomaba parte del hueso. Estaba esquelética y la vida se le escapaba por momentos.

Con la bandeja del maletero del coche, improvisamos una camilla y con mucho cuidado conseguimos meterla en el coche. Mientras él conducía hacia Móstoles yo trataba de localizar una clínica veterinaria de guardia.

La entrada en la clínica fue de película. Al coger a la perrita en brazos, y debido al dolor y miedo, mordió a Luis, de modo que le atravesó el labio. Los clientes vieron llegar a un tipo corriendo, con la cara ensangrentada y una perra en brazos. Mientras yo comenzaba a llorar, por el estrés acumulado, las auxiliares me calmaban “no te preocupes, que no será nada, id al hospital que le darán dos puntos y tratamiento” a lo que yo respondí: “No, si no es por él, es por la pobre perra.”

La llamamos Orejas, posteriormente rebautizada como Salvada, estuvo ingresada 12 días. Nos contó el cirujano que debió pasar varios días tirada en esa cuneta, con temperaturas gélidas y sin comer. Se le habían pegado las paredes del estómago y el hueso estaba necrosado. Hubo que operarla dos veces para reconstruírselo, llevando durante semanas clavos y tensores que salían de su pequeño cuerpo. ANAA nos ayudó a través del programa de canguros, dado que Salvada necesitó una larga convalecencia, requiriendo atención y curas continuas. Siempre estaré agradecida a Sonia Martín, quien la cuidó y le dió rehabilitación durante ese largo postoperatorio.

Salvada tuvo suerte, se recuperó completamente y hoy en día vive felizmente adoptada. Pero miles de perros usados por los cazadores no tienen la fortuna que  ella tuvo, en ese día propio de las historias navideñas de Dickens.

Silvia BarqueroSilvia Barquero

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9 respuestas a Un cuento de Navidad con final feliz

  1. Juana dijo:

    Gracias, Silvia y Luis. Vosotros seríais incapaces de mirar hacia otro lado, hace 10 años y siempre. Pobrecita, habría seguido agonizando hasta morir de frío y sufrimiento. Gracias por ella y por todo lo que haces, por desvivirte y por ser como eres.

    • Sílvia Barquero dijo:

      Gracias por tus palabras, Juana. Si no la llegamos a recoger seguro hubiera muerto en poco tiempo. Afortunadamente cada vez hay más personas que no pasan de largo. En 10 años hemos visto muchos cambios a mejor en la sociedad. Juntos conseguiremos cambiar esta triste realidad del abandono de animales

  2. David dijo:

    Que ternura

  3. paqui garzon dijo:

    Y además es una preciosidad. Guapa guapa.
    Ojalá todos los “orejos” fueran tan afortunados.

  4. Nela dijo:

    Gracias Silvia a tí y a Luis por ese gesto de empatía y solidaridad con esa perrita q hubiera muerto sin vuestra ayuda.Gracias Silvia por tu sensibilidad ,humanidad y generosidad .Eres un Ángel q ha venido a ayudar a los más indefensos ,esos bellos seres, los animales.Ojalá q ese amor q sientes por ellos y q comparto contigo se extendiera a esas personas q maltratan a los animales y q no merecen su cariño.Gracias d corazón ,eres admirable❤

    • Sílvia Barquero dijo:

      Gracias Nela, me alegra saberme rodeada de personas como tú, sensibles a los animales. Cada día somos más y más convencidos de nuestro objetivo. Juntos lograremos poner fin al abandono, maltrato y sacrificio masivo de animales. Un abrazo

  5. MIREYA CILLERO ALFARO dijo:

    Hace falta valor y mucho amor para actuar así. Hermosa historia que devuelve la fe en nuestra especie. Nosotros herimos y maltratamos, nosotros salvamos y curamos. Gracias por compartirla.
    Tengo un par de relatos sobre perros y gatos que me gustaría publicar en vuestro blog. ¿Pódeis indicarme si es posible y cómo?

  6. Luis dijo:

    Hola Silvia. Únicamente quería decirte que ese día no sólo cambió tu vida, cambió también la de los miles de animales que desde ese momento has ayudado.

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