Mis queridos equinos

Platero burrito

El burrito Platero y su agresor en el Belén viviente de Lucena

Recientemente se ha escrito bastante sobre la crueldad con los animales y ha sido la lectura del último boletín de El Refugio del Burrito lo que me ha llevado a insistir en el tema. El reportaje principal trataba de la manera agónica en la que Platero, un pequeño burrito de cuatro meses, murió en diciembre de 2014 supuestamente después de que un un hombre ebrio de más de 100 kilos se sentara en él y lo apaleara. Al parecer, también pateó la cara de la madre cuando ésta trataba de proteger a su cría. Por desgracia, el único testigo del suceso ha ‘olvidado’ lo que vio y el juez ha tenido que archivar el caso.

Nunca olvidaré la mirada de desesperanza en los ojos de aquella mula: solo tenía una vida llena de miserias

El Refugio del Burrito ha reabierto el caso de manera privada. Les costará una nada desdeñable cantidad de dinero pero los motiva el convencimiento de que este hombre pueda ser condenado por el terrible crimen que ha cometido. Este tipo de hombres son cobardes y pendencieros, incompetentes que probablemente tratan a sus esposas de la misma manera. Tenemos que pararlos.

A lo largo de los años he visto innumerables casos de crueldad con los animales, especialmente con mis queridos equinos. Son bonitos, inteligentes y amables si los tratas con amor y cariño. Creo que la mayoría coincidirá conmigo en esto pero hay aún algunos que piensan de otra manera. Quizás, tú seas uno de esos hombres que en la feria de El Toro de la Vega lancea al animal hasta morir. ¡Qué valiente! O quizás uno de los que, en feria, ayudaba a tirar un par de cabras vivas desde un campanario con el tácito beneplácito del cura del lugar. Si eres cazador, ¿cuelgas a aquellos perros que ya no quieres de un árbol hasta su muerte o, simplemente, los abandonas en el campo y los deja morir de hambre? ¡Qué vergüenza! ¿Te ríes cuando ves que están tratando a un animal de una manera cruel o tratas de parar su tortura? Espero que hagas esto último.

Recuerdo el caso de un caballo de granja al que estaban transportando a su nuevo establo: hizo algo que a su nuevo dueño no le gustó, así que lo ató a la parte trasera de su Land Rover y lo arrastró por el campo hasta dejarlo moribundo. El hombre que me lo contó, el encargado del establo, pensaba que era muy divertido. Hasta hace pocos años, la gente podía hacer lo que quería con sus equinos ya que no había una ley de protección a los animales. Cuando eran increpados, reaccionaban diciendo: “Es mi caballo o mi burro o mi mula, ¿no? Entonces puedo hacer lo que me dé la gana”.

El Refugio del Burrito

Uno de los casos más tristes que nunca he visto es el de una pequeña mula que tenían encerrada junto con otros equinos: tenía colocada la cabezada (conjunto de correas de cuero que se pone en la cabeza del animal) con una dañina serreta (mediacaña metálica dentada) en su barbilla, y de ella, cogida con una argolla, una cuerda anclada al suelo para poder coger fácilmente al animal. Cada vez que uno de los otros animales tropezaba accidentalmente con la cuerda, la serreta se hincaba en su barbilla haciéndole una profunda herida y provocándole un dolor agónico. Un día la corté y le limpié la herida. Como era de esperar, pronto descubrieron lo que había hecho y me exigieron que se la devolviera. Temiendo a las consecuencias si no accedía a lo que me pedían, la arrojé sobre la mesa en la que estaba el dueño, aún cubierta de pelos y sangre seca. La cogió y dijo: “Es una cosa buena para los mulos y las mujeres”. Creo que eso lo dice todo. Nunca olvidaré la mirada de desesperanza en los ojos de aquella mula. Ante sí, solo tenía una vida llena de miserias.

Solo he hablado de la crueldad causada por los hombres pero conocí a una mujer finlandesa con nada que envidiar al peor de los hombres. Trataba de manera incalificable a sus caballos y uno de ellos le tenía tanto miedo que empezaba a temblar en cuanto se le acercaba. Solía decir: “Ya va siendo hora de que te caliente otra vez”. Por el contrario, un día, en el exterior de un cercado, vi a un joven español en cuclillas con su hijo en la rodilla. Un burro se les acercó y metió la cabeza a través de la valla. El hombre se inclinó y lo besó en el hocico. ¡Qué modelo de comportamiento tan fantástico para su hijo! En mi opinión, eso sí es un hombre.

Gracias a Dios, ahora tenemos en Andalucía una ley contra el maltrato animal, aunque el camino por recorrer es largo todavía. Frecuentemente los jueces son demasiados indulgentes y califican como delito menor lo que es un acto de rotunda crueldad. Casi todas las organizaciones de caridad animal están dirigidas por mujeres. Es hora de que los hombres se apunten. No eres un débil si cuidas a los animales y, desde luego, no eres un valiente si los tratas con crueldad. Ya va siendo hora de que esa trasnochada actitud de macho ibérico, que muchos hombres tienen hacia mujeres y animales, cambie. Afortunadamente, la nueva generación parece tener una visión bastante diferente de la vida en general. Están mejor preparados y piensan de otra manera. Valoran el medio ambiente, la naturaleza y todo lo que hay en ella.

Es vergonzoso maltratar a los animales. Ellos pueden hacer lo que tú les pidas sin necesidad de que haya miedo de por medio. Trátalos con amor y cariño y tendrás tu recompensa. ¿Qué prefieres?

Si deseas ser un miembro de El Refugio del Burrito, o hacer una donación, puedes hacer click aquí.

Teléfono: 952 735 077

Diana S. Fuengirola Diana S. Fuengirola

Traducción: Nicolás Navarro

Esta entrada fue publicada en Historias, Maltrato animal y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Mis queridos equinos

  1. Alfredo F. Amores Delgado dijo:

    En todas las generaciones han existido y existen personas bien preparadas y con pensamientos diferentes. No solo basta con estar bien preparados, con saber, fundamentalmente hay que SER. En esto se basa la educación, la empatía, la transmisión de valores de abuelos a padres, de padres a hijos, de abuelos a nietos. Totalmente de acuerdo en que se va evolucionando y las nuevas generaciones son protagonistas de ello, pero lamentablemente muy despacio.
    Valentía y cobardía son términos muy confusos para la mayoría, ni siquiera sería correcto plantearlos, son sentimientos que algunos “valientes” tienen escondidos. Por último, la palabra hombre es muy grande, la palabra humano más aún. Cuándo realmente existe el amor y el cariño, formando parte del SER, encuentras a todas las demás palabras su significado.
    Excelente artículo. ¡Saludos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *