La secta

los tres monos

El otro día hablaba con dos compañeros de la banda municipal de música en la que toco y, cuando les comenté que había dejado de comer carne, me dijeron con la solemne presunción de la experiencia: “Hay que comer de todo… Pero es tu decisión y habrá que respetarla”. Tras este panorama pensé que me había librado de otros tantos típicos juicios hasta que uno de ellos remató sin maldad y con tono burlón: “Pero ten cuidado que el siguiente paso es ir rezando con túnicas naranjas y coleta como los hare krishna”. 

Animo a los dudosos a que se atrevan a saltar. Pero sobre todo animo al resto a que duden

Bromas aparte, con estos comentarios me permití el lujo de dudar sobre cuál era la verdadera secta: los que comen carne o los que no. Pero sobre todo me hicieron reflexionar sobre la situación del mundo y la tolerancia: ¿Cómo es posible que los que decidimos seguir una dieta sin animales tengamos que aguantar las continuas bromas —nada originales, por otro lado— de familiares, amigos y compañeros recordándonos una vez más la exquisitez del jamón o el peligro de nuestro supuesto “lavado de cerebro”? Porque lo peor es que, aunque lo digan a modo de pitorreo, lo piensan de verdad. Y lo sabes. Lo sabemos.

Cuando mi compañero comparó a los hare krishna con los vegetarianos le respondí que posiblemente hubiese una secta más grande y más dañina: los que comen carne. A partir de ahí su rostro cambió y se escudó en que era lo que le habían enseñado desde siempre. Es difícil que te digan que perteneces a un pequeño grupo de gente a la que han lavado el cerebro, pero como ya estoy acostumbrada a esa denominación, pongamos un poco de igualdad: que ahora los raros sean los de la mayoría, los que nunca salen de su zona de confort y hacen lo-de-toda-la-vida. Esos que piensan que mientras no cuestionen nada y se comporten igual que sus raíces estarán dentro de la llamada normalidad. Lo preocupante es que siempre se acaba confundiendo el término “normal” con el de “correcto”.

¿Qué es “lo correcto”? Ni siquiera yo me atrevo a decir que mi modo de vida lo sea (juzgar algo así me parece de un egocentrismo y una soberbia tremendos), pero sí puedo decir alto y claro que, tanto para la ética como para el medio ambiente y el planeta, es la elección menos dañina. Objetivamente hablando, el consumo de carne implica: excedentes en su producción que cuesta mantener, maltrato animal (sobre todo para abaratar costes), medicación excesiva para ellos (incluso estando sanos), mayor índice de hambre en el mundo (según las Naciones Unidas se podría erradicar el hambre dedicando a la alimentación humana el 15% del grano destinado al ganado), gastos sanitarios, contaminación de la ganadería intensiva (por la erosión de la tierra o el metano) y un mayor consumo de agua, energía, espacio y materiales. Por ejemplo. Imaginad todas estas nefastas consecuencias durante muchos años.

consumo de agua

Sin embargo con este artículo no pretendo idear un posible modo de vida alternativo para salvar el planeta; no tengo ni la intención ni los conocimientos. Sólo quiero dejar claro que actualmente consumir carne es lo normal, porque es lo que hace la mayoría, pero ser vegetarianos no nos convierte en seres raquíticos o idiotas. Sé que a los más conservadores en este sentido les puede fastidiar leer esto, pero sí: los análisis de sangre salen sin carencias. Y algunos deportistas de élite llevan dieta vegana. Aprendamos a valorar a las minorías y a entender otros puntos de vista, aunque no estemos de acuerdo. No sé si será lo correcto, pero en saber cambiar está el progreso. Y la palabra “cambio” implica a veces alejarnos de lo corriente.

Hace años apenas se cuestionaba la tauromaquia. Hoy en día la tradición en el ruedo va en detrimento. ¿Y la tradición en el plato? Animo a los dudosos a que se atrevan a saltar a este círculo minoritario (que va in crescendo) y que prueben, porque no se van a arrepentir. Y también animo al resto a que duden. Espero que algún día toda esta historia tenga un final, si no correcto, al menos feliz, y así tener el placer de leer aquello de: “Comieron felices, y vivieron perdices”.

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas

 

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10 respuestas a La secta

  1. filo muñoz dijo:

    Me ha encantado tu reflexión Lorena. Soy vegana desde hace tres años, tengo casi 60 años y nunca he tenido los análisis de sangre tan bien como desde que soy vegana
    También interiormente me siento muy bien, al no contribuir al maltrato ni explotación animal.
    Un saludo.

  2. Ángeles Encabo dijo:

    Magnífico artículo, Lorena. Me encanta esa frase: “Comieron felices, y vivieron perdices”. Soy vegetariana desde hace años y sueño con ese día en que el respeto por todos los animales y el medio ambiente sea lo “normal”. Un abrazo.

  3. nick_clark dijo:

    Gran artículo, lo comparto 🙂

  4. inma dijo:

    Que razón tienes!!desde que me hice vegetariana tengo que escuchar eso de la falta de proteína, que la lana de las,ovejas se la quitan “por su bien” y demás tópicos…Me recuerdan a los exfumadores,que parece que quieren obligar a los que fuman a dejarlo…(algo que le pasaba a mi padre, yo por suerte no,fumo) En el momento que dices que no,comes animales ya parece que se sienten atacados…Quizás pprque les gustaria hacer lo,mismo sólo que no se atreven, es mejor seguir mirando hacia otro lado. Como muy bien dices tú, no quieren salir de su zona de,confort.

  5. Raúl Sosa dijo:

    Dejar de comer carne no es gran problema, lo dificultoso es sustituirla por otros alimentos que aporten cantidades similares de nutrientes, para lo cual es necesario consultar con un nutricionista bien acusioso que lo guíe a uno y haga los controles regulares.

    • pacma dijo:

      Una alimentación vegetariana/vegana equilibrada es perfectamente saludable para todas las etapas vitales. Esto lo afirma la asociación nutricionista americana y canadiense. Incluso las fuerzas armadas de los EE.UU. dan cobertura a dietas vegetarianas.

      Muchos millones de personas hemos decidido dejar de consumir productos provenientes de los cuerpos de los animales, desde atletas de élite a reputados científicos.

      Cordiales saludos Raúl

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