¿A quién debemos de temer?

NIÑAJUEGACONPERRO

La televisión está puesta aunque apenas la miro ni le presto atención. Escucho que tratan el tema de la convivencia de vecinos usuarios de un parque y oigo la palabra “perro”. Ahora sí intento enterarme de qué hablan.

Se trata del enorme parque de Las Tres Culturas en Toledo, e imagino que no todos los toledanos tendrán una misma respuesta pero sí, curiosamente, todas las entrevistas que una tras otra oí. “Todos a una” opinaban de lo, como poco, inadecuado que era el que últimamente se viera a bastantes vecinos paseando por el parque en compañía de perros sueltos y a estos, claro está, te los podías encontrar andando, jugando o correteando por ahí. Hay una mujer que va más allá y aporta el dato de que incluso no muy lejos hay un parque infantil lo que, claro está, agrava la situación. Todos están de acuerdo que no se puede tolerar que los perros paseen por el parque en estas condiciones que les permiten moverse más o menos libremente y que, para solucionarlo, han de ir siempre atados e incluso algunos apuntan que además con bozal, pues entienden que estas medidas darían seguridad al parque y tranquilidad a sus usuarios, sobre todo, apunta la misma mujer, teniendo en cuenta que además hay niños en el cercano parque infantil.

¿A quién habíamos de temer? ¿De quién debíamos de protegernos y por ello pasearlos atados y con bozal?

Es de noche y mi perro vuelve cojo tras el paseo, ni siquiera planta la pata y con lo mimoso que es, está todo lastimero, se debe haber dañado pero la herida no se le ve. Al día siguiente, excepcionalmente, sólo lo llevo frente a casa a un pequeño reducto de césped con algunos árboles, pues llamarlo parque, ni siquiera parquecillo, es una osadía, y veo una mujer acompañada de una perra grande mestiza y cabizbaja, expresión sometida, humillada, mirada triste. Se llama Lola. Me cuenta que esta tiene ya tres años y pico, pero con ella sólo lleva ocho meses. Era de un vecino que durante más de tres años la ha tenido constantemente atada con un escaso trozo de cuerda sin que pudiera apenas moverse, a la intemperie, faltándole frecuentemente alimento e incluso agua, con dos collares al cuello uno el llamado “de castigo”, el que lleva pinchos hacia dentro, aunque con ese nombre sobra la explicación, y otro que le daba descargas eléctricas si la perra ladraba. Estaba harto de la perra porque, además, se había hecho muy grande y no tenía claro como… si ponerla una inyección o qué hacer, pero estaba decidido a deshacerse de ella. La mujer que me lo contaba se había hecho cargo del animal, la perra claro está, para salvarle la vida (¡ah! Pero ¿eso era vida?). Me mostraba orgullosa que había conseguido volverle los dientes blancos pues al parecer los tenía completamente negros, me decía que aunque triste e insegura al menos ya exhibía el rabo, pues se había pasado los cuatro primeros meses con el rabo entre las piernas sintiendo temor por todo. Y que Lola se llamaba desde que la había adoptado porque de su anterior existencia quería que olvidara hasta su nombre.

Ya llego al veterinario, aunque hoy ya planta la pata y cojea poco, aunque aún se le nota. Dentro están atendiendo a, por el quejido, un perro. Fuera la peluquera canina charla con los acompañantes del perro-paciente. Les está tranquilizando… “es lógico que se queje, es como un pirsin sólo que sin desearlo”, les dice. “Entonces, le están poniendo el chip”, concluyo. “No, grapas” me dice la peluquera. Una de los acompañantes del perruno paciente al que habíamos oído quejarse me cuenta que era de un pueblo y para que el perro pudiera correr, “pues también lo necesitan”, dice ella, se había ido a pasearle por el campo cerca del rio pues el perro gustaba también de meterse a jugar en el agua, y había un hombre por allí que le ha dicho al perro que se fuera, como el perro ha osado quedarse por allí le ha dado con lo que tenía en la mano y eso era un hacha, razón por la cual ahora le estaban poniendo grapas para tratar de cerrarle la herida infringida por… ¿desobedecer?.

Es de noche, hoy el paseo es corto, hay que darle a esa peluda pata un poco de reposo, mañana será otro día, ten paciencia. Abro el correo, me han enviado una petición de firma con una espeluznante foto que evidencia el trato que al que someten a los perros que, como súmmun de su ya poca afortunada existencia, tienen además la desgracia de caer en la perrera de Mairena.

Hasta aquí las historias, y ahora viene la reflexión.

Por favor recuérdenme, que con el discurrir de la narración me he perdido… ¿A quién habíamos de temer? ¿De quién debíamos de protegernos y por ello pasearlos atados y con bozal?

Ana Beatriz RubioAna Beatriz Rubio

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6 respuestas a ¿A quién debemos de temer?

  1. ¿Que quieres que diga???
    Que ya está todo dicho en tu escrito.
    Temo muchísimo más a otros “individuos” en esos parques que a los perros.
    Es increible que UNA GRAN PARTEnuestra sociedad continue aún en la prehistoria.
    Dicen que hace años que los científicos demostraron que corre sangre de neandertal por las venas del ser humano moderno.
    Eso no me sorprende, lo que si me resulta totalmente incomprensible es que aún queden “entes” a los que esa sangre no les ha evolucionado. Deberían de volver a su época.
    Un saludo.
    María Hernández

  2. yago dijo:

    Tienes toda la razón. El peligro está en los seres humanos y ese lado despiadado, utilitarista, egocéntrico y “macho” que destilan… De cualquier manera, comprendo que hay personas que tienen un miedo ancestral a los perros (qué pena tener este problema), a veces por malas experiencias, otras por desconocimiento, y otras, no se sabe bien por qué. Esto nos debe responsabilizar a los que amamos a nuestros amigos peludos, de cara a tenerlos controlados, respetar las costumbres de otros, y por supuesto, no dejar “regalitos” cacunos en las calles. Por cierto, también tengo claro que el ser humano es enormemente más guarro que nuestros amigos de cuatro patas. Eso sería otro tema…

  3. Willy dijo:

    La peor experiencia de mi vida fué venirme a vivir en Toledo; me decia una toledana,; sabes, no hemos evolucionado,seguimos anclados en el siglo XV, aqui solo caza y toros, y perros para cazar y luego abandonarlos; todo lo que no sea su “cultura ” sobra.
    Paseo constantemente por un pinar y alguna vez por el parque tres culturas; botellon, preservativos, mierda por doquier, y papeles higienicos que los papas dejan al aire libre, despues de hacer sus respectuivas cacas sus hijos, pero lo unico que les molesta son los perros. Eso si, cuando se rompe mobiliario urbano, se arrancan arboles, se destroza el parque en todas su formas, nadie se queja, como eso lo hacen “las personas civilizadas”esta permitido. Solo puedo decir que a esta gente, a la mayoria de los toledanos los “amo” por su amor a los animales.

  4. Willy dijo:

    Ana como no escribes algo para mi blog?, Te invito hacerlo.
    Gracias

  5. conchi lopez clemente dijo:

    !!!Obviamente siempre hay que temer a los humanos descerebrados,,no tiene logica lo que piensan,,,,hoy mismo en mi pueblo,estaba trabajando y como es costumbre los viejos del lugar se sientan en la plaza a cotillear y controlar a todo ser viviente que se cruce por alli,,,y no tenian otra conversacion que quejarse de los excrementos de los perros en su puerta,,y yo escuchando sin meterme,,hasta que hablaron de poner veneno para los perros,,claro ya intervine y con suma amabilidad les sugeri que ni se atrevieran a hacerlo,que los perros no tienen la culpa sino sus dueños irresponsables,,y los perros abandonados pues menos culpa,,pues me iban a comer por defender a los perros,,por lo visto esto del veneno es muy habitual hacerlo y no pasa nada,,,,,hasta que yo me entere claro,espero que no pase ,,pero pasara con toda seguridad y entonces yo pondre denuncias y alertare a quien corresponda,,no me quedare parada aunque el pueblo entero se me eche encima!!Maldita mentalidad de prehistoria!!!

    • Ana Beatriz dijo:

      De acuerdo contigo en que no hay perros guarros sino humanos irresponsables que son guarros. No obstante suele ser bastante frecuente que las mayores críticas de “las cacas de los perritos” suelen provenir de quienes no utilizan pañuelos para sonarse la nariz, nada más que la libre expulsión y que la fuerza de la gravedad haga su trabajo para llevarlo al suelo. Y que, de igual modo, operan con sus excedentes de saliva, claro está, debidamente aderezadas y con consistencia. Y que a mí ambos elementos me dan un profundo asco.
      Ahora, yo les diría que si ellos piensan que lo correcto ante algo que te molesta es simplemente ir y envenenarlo, pues… bueno es saber que la plaza es su sitio de reunión para no tener que recorrer el pueblo rastreando. 😉

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