Relato: Un doble cumpleaños en la ‘Nueva Maestranza’

Este relato está escrito porJaime Perera y fue el ganador del concurso de relatos organizado con motivo de la I Semana Animalista de Sevilla.

Ese día, la felicidad elegía su mejor rostro, se colocaba ese traje hecho a medida, reservado para las grandes ocasiones, y se adueñaba de todo. Para Lucía y su hermano Carlitos, este domingo no sería uno más extraviado entre sus calendarios. Llevaban meses esperándolo con tanta ilusión como impaciencia, por lo que, nada más despertar, convirtieron cada rincón de la casa en una feria. Las mismas habitaciones del hogar que hace apenas un instante eran rincones oscuros suspendidos en la madrugada y en el tiempo, son ahora torbellinos de risas y saltos.

La familia celebraba el noveno cumpleaños de la mayor y el séptimo del pequeño de la casa. Nacieron el primer y el penúltimo día de mayo, así que, como venía sucediendo desde hacía un lustro, el quince celebraban el de ambos. Ese día, la felicidad elegía su mejor rostro, se colocaba ese traje hecho a medida, reservado para las grandes ocasiones, y se adueñaba de todo.

…les ilusionaba especialmente ir a Sevilla para pasar toda la jornada en el recientemente inaugurado Centro Cultural y de Ocio “Nueva Maestranza”

Otros años existieron disparidad de opiniones sobre dónde celebrarlo, si en casa o entre los árboles del Alamillo, o si era mejor una merienda con pasteles o una cena con patatas y pizzas. Pero en esta ocasión no había sitio para la disputa. Esta vez todo sería diferente, porque desde hacía cuatro meses, tanto Carlitos como Lucía habían dejado rotundamente claro aquello que les ilusionaba especialmente: ir a Sevilla para pasar toda la jornada, desde primera a última hora, en el recientemente inaugurado Centro Cultural y de Ocio “Nueva Maestranza”.

Algunos padres del pueblo habían acercado a sus pequeños hasta allí hacía unos días y todos volvieron encantados. Si los mismos padres contaban maravillas, ya nos podemos hacer una idea de cómo vinieron los niños y niñas. Sus caras hablaban por ellos, así que el color de la noticia no tardó en conquistar cada aula, pasillo y patios de recreo de todos los colegios de la localidad.

Poco después de las siete, entre nervios y palmas, subieron al coche. “Arranca ya, mamá, por favor”, repetía Carlitos cada cinco segundos. “Venga, Papá, que siempre eres el último”, gritó Lucía. Por fin, las ruedas comenzaron a girar, dispuestas a recorrer sin aliento cada uno de los 140 kilómetros que separan Ayamonte de la capital andaluza.

Durante el trayecto no perdieron detalle de ese mundo que seguía su ritmo al otro lado de las ventanillas. Paladearon con sus ojos, como solo saben hacerlo los niños, cada nido de cigüeña, todos habitados ahora en primavera; imaginaron cómo en ese momento, muchos pequeños animales disfrutaban de los arroyuelos formados en las cunetas con las últimas lluvias de abril y mayo, o entre las hileras de azahar que lo perfumaban todo. Cuando se quisieron dar cuenta, ya estaban bajando la cuesta del Aljarafe, con toda Sevilla a sus pies, dispuesta a dejarse querer.

Aparcaron en la zona acostumbrada, entre Triana y Los Remedios, allí donde durante muchos años, poco más o menos por estas fechas, dejaron el vehículo para no faltar a las manifestaciones contra la barbarie y sinrazón de las corridas de toros de entonces

Aparcaron en la zona acostumbrada, entre Triana y Los Remedios, allí donde durante muchos años, poco más o menos por estas fechas, dejaron el vehículo para no faltar a las manifestaciones contra la barbarie y sinrazón de las corridas de toros de entonces. Isabel y Sergio, los padres, observaron de lejos la fachada del Palacio de San Telmo, y no pudieron evitar emocionarse al recordar que fue aquí donde se conocieron, cuando Lucía y Carlitos no eran más que luces lejanas. Se dejaron mecer por los recuerdos y gritos de aquellas caminatas solidarias que partían de allí, rumbo al futuro multicolor que hoy abrazaba a ellos y a sus hijos. Recordaron cómo el primer año apenas acudieron 20 personas, que al siguiente fueron 40, después 100, 400, 1.000, 3.000, hasta que, en las últimas convocatorias antes de la abolición definitiva, ya con los pequeños entre los asistentes, no pudieron dar siquiera un paso, debido a la inmensa manada de tanta gente de bien.

Despertaron del sueño a causa de los tirones que los pequeños daban a sus manos, que a punto estuvieron de descolocar las muñecas y hombros de su sitio, y de los gritos: “Vamos, mamá, papá, deprisa, ¿en qué pensáis? ¡Parecéis lelos!”

El Centro estaba pintado de diferentes colores y, sobre cada uno de ellos, aparecía pintado un animal en actitud unas veces alegre, otra relajada, otra saltando, otra volando, otra lamiendo, otra amando

Cuando por fin alcanzaron la altura del número 12 del Paseo de Colón, no se podían creer lo que veían. En el pueblo les habían contado que el ambiente era espectacularmente hermoso, pero no llegaron a imaginarse lo que tenían frente a ellos. El Centro estaba pintado de diferentes colores y, sobre cada uno de ellos, aparecía pintado un animal en actitud unas veces alegre, otra relajada, otra saltando, otra volando, otra lamiendo, otra amando. Decidieron, antes de entrar, dar la vuelta a aquella “Plaza de los sueños”, como la bautizó Lucía nada más verla. Sobre el amarillo, un galgo pisoteaba un rifle, y parecía saludar agradecido a cada viandante. Sobre el azul, una jaula sin puerta dejaba escapar bandadas de gorriones que revoloteaban sin tino. Sobre el naranja, una familia de simios dejaban atrás las cárceles del último zoo y ponían rumbo a la tierra donde habitan, desde siempre, sus antepasados, que son los nuestros. Sobre el morado, un grupo de delfines, focas, orcas y pingüinos hacían estallar al unísono las paredes de los acuarios, escapando Guadalquivir abajo hasta respirar, de nuevo, la sal y el yodo del mar. Y sobre el blanco, adornando la puerta principal, un toro levantaba la mirada al cielo y hallaba el saludo alado de un pájaro color verde esperanza. “Mamá, Papá, esto es alucinante”, dijo Carlitos.

Allí en el exterior, un grupo de saltimbanquis, rodeados por una batucada, animaban la mañana, mientras jóvenes actrices y actores de la Escuela de Arte Dramático de Sevilla declamaban retazos de obras universales y repartían planos del recinto.

Centenares de niños y adultos se repartían entre las diferentes áreas que cubrían el ahora limpio albero de la planta baja, y las plantas superiores

Ya dentro, la emoción crecía por momentos. Centenares de niños y adultos se repartían entre las diferentes áreas que cubrían el ahora limpio albero de la planta baja, y las plantas superiores. Carlitos se decidió primero por pasar a la zona dedicada a cuentacuentos, mientras que Lucía estaba como loca por hacerse con un pincel en el taller de pintura para principiantes. Más tarde, ella labró amistades en la pista polideportiva, y el pequeño gozaba en el espacio titiritero. A los padres se les pasaron las horas mirándolos y aireando sueños, causas, azares y luchas con otras parejas. Compartieron platos con amigos recién llegados en uno de los restaurantes de cocina vegana que rodeaban el local y, ya por la tarde, disfrutaron en las plantas superiores del rincón del ajedrez, del aula de enseñanza “animales somos todos”, así como de los diferentes talleres sobre Medio Ambiente, Cine infantil o Música, donde unos acordes aterciopelados envolvían un verso que decía “sus sueños custodian el futuro”.

“Aquí, donde antes se vitoreaba el maltrato y se torturaba por diversión y lucro, ahora reina la cordura, la belleza y la risa. Y todo gracias a ti. Sevilla, 21 de abril de 2020.”

Hubieran pasado allí dentro los próximos meses, pero tocaba volver. “Niños, van a cerrar, y debemos volver a casa”. Sergio recordó que, en apenas unas horas, abriría, como cada mañana, su clínica veterinaria, e Isabel debía subir a al tren de las siete rumbo a Madrid, para ocupar uno de los escaños conseguidos por el Partido Animalista en los últimos comicios.

Al salir se detuvieron sobre el monumento a la cultura y leyeron una placa que decía: “Aquí, donde antes se vitoreaba el maltrato y se torturaba por diversión y lucro, ahora reina la cordura, la belleza y la risa. Y todo gracias a ti. Sevilla, 21 de abril de 2020.”

Y se alejaron prometiendo repetir más pronto que tarde.

Jaime Perera
Ganador del concurso de relato Sevilla Animalista

 

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6 respuestas a Relato: Un doble cumpleaños en la ‘Nueva Maestranza’

  1. Javiersan dijo:

    Cada vez que lo leo no puedo evitar que me brillen los ojos.

  2. Marga Morales dijo:

    Enhorabuena Jaime…es precioso y lo veremos, lo veremos…!!

  3. Charo dijo:

    Gracias Jaime

  4. Jaime PC dijo:

    Ha sido todo un placer participar. Gracias a tod@s y anímense para próximas convocatorias.

  5. Antonia Mª dijo:

    gracias, gracias, gracias, gracias….

  6. Encarni dijo:

    Felicidades Jaime. Es emocionante. Te queremos

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