Libertad in-condicional

Tauromaquia abolicion

La libertad es uno de los bienes más preciados de la sociedad occidental. Es un privilegio decidir nuestras opciones de vida sin injerencias políticas, religiosas o sociales; privilegio al que nadie en su sano juicio renunciaría. Sin embargo la libertad absoluta es sólo un espejismo y no aceptar sus límites, una actitud infantil y omnipotente.

La propia conciencia tendría que impedirnos cualquier actuación en perjuicio de otro

Venimos al mundo sin elegir el lugar donde lo hacemos, ni la familia que nos acogerá, ni la carga genética que configurará nuestro ADN, circunstancias que restringirán de entrada nuestras aspiraciones. La sociedad en la que vivimos nos impone normas que disminuirán el círculo de nuestras posibilidades.

Y en última instancia, somos nosotros mismos quienes fijaremos las fronteras que reducirán todavía más las alternativas. El lugar de esas fronteras debería ser el que por justicia les corresponde: donde empiezan los derechos de los demás. La propia conciencia tendría que impedirnos cualquier actuación en perjuicio de otro,  aun en el caso de que estuviera permitida por la ley y por la sociedad.

Una persona es muy dueña de hacer lo que se le antoje en cuestiones inocuas, que no representen una amenaza para otros. En este caso, se compartan o no las opciones escogidas, nadie tiene derecho a protestar. Y si protesta, se merece que le repliquen: “Si no te gusta, no mires”.

Pero esta respuesta no es válida cuando alguien abusa de su libertad para dañar a terceros, sean hombres o animales. En ese caso no sólo estamos legitimados para expresar nuestro desacuerdo, sino que estamos moralmente obligados a hacerlo, sin importar que ese abuso goce de más o menos apoyo: eclesiástico, político, mediático o popular.

Estas reflexiones vienen a cuento de una manifestación que tuvo lugar en Valencia durante la semana fallera. Dicha manifestación iba precedida por pancartas exigiendo libertad para celebrar espectáculos donde se torturan y matan seres inocentes. Seres  con la misma capacidad de sufrimiento que los humanos.

La utilización de una palabra tan universalmente apreciada para justificar sus reivindicaciones partidistas, presupone que los que no las comparten reniegan, por extensión, de esa libertad de la que ellos pretenden apropiarse.

La conclusión de este silogismo es falsa porque parte de premisas erróneas. No cuestionamos la libertad sino el desbordamiento de la misma más allá de los límites éticamente permitidos, en diversiones que consideramos degradantes de principio a fin. Siendo lo más grave el agónico martirio de los animales, no deja de serlo la falta de respeto con sus cadáveres. Es grotesco el macabro ritual de la amputación, cual sangriento trofeo, de orejas y rabos y el arrastre de sus cuerpos fuera del coso… Por no hablar del humillante papel de los subalternos, cargando a hombros a los “maestros”.

tauromaquia elena negueroles

Ignoro si este enconado enfrentamiento entre partidarios y detractores finalizará algún día, pero espero que mientras haya quien invoque la libertad para atropellar a otros, no falte quien invoque la compasión para defenderlos.

Yo lo siento mucho por algunas personas a las que quiero, respeto  e incluso admiro en otras facetas de su vida y que pueden sentirse aludidas por mis opiniones, pero comparto el dolor de las víctimas  hasta un extremo casi físico y siento una necesidad visceral de manifestar mi repulsa. Ante algo que me parece injusto, no me basta con mirar hacia otro lado. Si estuviera en mi mano, prohibiría en todo el país por decreto ley cualquier tipo de tortura y de crueldad innecesaria, presentes en todas las modalidades de estos espectáculos y aplaudo a los Ayuntamientos que lo hacen así. Es innegable que no es la única crueldad que cometemos contra los animales, pero es la más innecesaria y la que más se regodea en el proceso de la tortura.

Precisamente porque valoro como el que más la libertad, no me gustaría vivir en un país donde no pudiera disfrutar de ella. A mí, como a todos a los que no les hayan practicado un lavado de cerebro, me horrorizaría que me impidieran escuchar música, bailar, viajar, leer, pintar y vestir como me dé la gana; por esa razón, en la época de José Bonaparte me hubiera posicionado sin dudar de parte de los afrancesados en lugar de reírle las gracias al nefasto monarca, absolutista y traidor, que hizo de España un país retrógrado, un pueblo servil, orgulloso de sus cadenas y descolgado de la Europa ilustrada. Una España negra que a día de hoy todavía conserva como secuela la nula sensibilidad hacia los animales y el injusto trato que les dispensa.

Es muy significativo que fuera ese monarca, Fernando VII,  restaurador de la Inquisición y el más acérrimo enemigo de la libertad, quien impulsó las corridas y creó las escuelas de tauromaquia. Escuelas de violencia que inculcan desde la infancia la  visión de un acto cruel como algo lúdico y deseable. Costumbres embrutecedoras que distorsionan la percepción y anestesian los sentimientos, mostrando  como una fiesta lo que es en realidad un abuso del fuerte sobre el débil.

Y no es por casualidad que fueran en cambio los países liberales, los más comprometidos en defensa de la libertad, los primeros en abolir los festejos con sacrificio de animales.

Libertad, sí….. pero con condiciones.

Elena NeguerolesElena Negueroles

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2 respuestas a Libertad in-condicional

  1. Hola.

    Debemos dejar de usar la palabra “libertad” porque es manipuladora, es hacer uso de la falacia de la libertad:

    Defender prohibiciones (éticas o legales) al mismo tiempo que se acusa a otros de que «van contra la libertad porque prohíben cosas» es hacer uso de la falacia de la libertad. La falacia de la libertad cambia el significado de la palabra «libertad» que es «todo lo que alguien puede hacer» por «todo lo que alguien puede hacer, excepto violar MIS normas». Quienes apelan a la libertad manipulan el significado de esta palabra. La libertad es la facultad de poder elegir pensar o hacer una cosa u otra, es decir, a mayor número de opciones mayor es el grado de libertad. La Ética dice qué se debe y qué no se debe hacer, es decir, nos impone limitaciones racionales que mediante la libertad elegimos cumplirlas o no cumplirlas. La llamada «ética de la libertad» defiende un «Principio de no agresión» defectuoso que considera éticamente correcto el asesinato por omisión. Este «Principio de no agresión» defectuoso está rebatido porque se puede violar un derecho mediante una omisión.

    Más información aquí: http://www.respuestasveganas.org/2008/10/argumento-condenar-una-persona-porque_7141.html

    Los derechos son los bienes más preciados de las personas, el más importante el derecho a la salud/vida. Los derechos restringen la libertad de los demás, impidiéndoles violarlos o castigándoles por violarlos.

    Trás la defensa de la libertad, se encuentra el rechazo a los Derechos Humanos y al derecho a la salud/vida mismo para porteger la propiedad privada. Esa es la esencia del liberalismo.

    Saludos,
    David.

  2. Alicia dijo:

    Rubén Escobar Escamilla director de la revista DOBLER ha querido contribuir a la defensa de los animales realizando aportaciones no dinerarias (sino en especie publicitaria) a la Fundación de Raúl Mérida (Alicante). Queriendo concienciar del sufrimiento que padecen los animales que trabajan para el circo, o espectáculos expuestos toda su vida para divertirnos: “La gente mira a los animales y piensa esto es divertido y los animales se lo están pasando bien´´ asegura Escobar, pero la realidad es muy, muy diferente”. Visita http://www.fundacionraulmerida.es y ¡colabora!

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