Ese fulano no me tocará las muelas

Cecil y su asesino

El asesino de Cecil (a la izquierda de la imagen, con gafas y mangas largas), junto a uno de sus cómplices y el arco con el que mató al león más famoso y querido de Zimbabue.

Ni aunque residiera como él, en Mineápolis (Minnesota, Estados Unidos) dejaría que un individuo como Walter Palmer, dentista de profesión, me hurgase en la boca. Desde que en la segunda mitad de julio transcendió la noticia de que él era el asesino del león Cecil, el tipo anda más bien acojonado: no acude a su consulta para evitar frases cordiales de los animalistas que montan guardia junto al edificio y tampoco se atreve a ir a su residencia de verano en Florida, en la que ya han pintado mensajes de ánimo como “eres un puto asesino”.

Toda temporada de caza que se precie nunca finaliza sin una lista de muertos accidentales, bípedos y con un DNI en su cartera

Por si hay alguien a quien el veraneo le haya amortiguado la llegada de información, este relato puede ponerle al día. Cecil habitaba en un territorio libre de caza en Zimbabue, era un macho espectacular, símbolo de su especie y su veterana imagen resultaba muy conocida. A miles de kilómetros de allí, un millonetis llamado Walter Palmer, al que le pesaban demasiado los montones de dólares en sus bolsillos y que solía pensar que el dinero le abría cualquier puerta, se encariñó con la idea de cargarse a Cecil y traerse su cabeza como trofeo; quizás para que terminase colgada en la pared de su consulta. La vanidad de los malnacidos, sobre todo si son ricos, puede conducir a estos delirios.

Así es que contrató a una empresa de escopeteros de Zimbabue, les pagó 50.000 dólares y acordó con ellos una celada mortal para el león. Consistía en arrastrar los restos de un animal desde el refugio de Cecil hasta una zona exenta de la prohibición de caza. La argucia dio resultado y, cuando la víctima ya se encontraba a tiro, el machito de Mineápolis decidió que no había hecho un viaje tan largo sólo para destrozarle la cabeza de un disparo; además quería llevársela íntegra. Por eso utilizó un arco y la flecha dio en el cuerpo del gran felino. No murió allí. Durante tres jornadas, el americano y sus guías siguieron el rastro del agonizante Cecil. Finalmente cansados del peregrinaje tras el león, lo remataron para decapitarlo y arrancarle la piel.

No satisfecho con esta muerte, Palmer se resistía a regresar a los Estados Unidos sin abatir a un elefante, pero todos los que avistó le parecieron poca cosa, demasiado pequeños para luego fotografiarse junto a su cadáver. Cuando se supo lo ocurrido en Zimbabue, varios cómplices fueron detenidos allí, pero Palmer escapó por patas. El gobierno del país africano ya ha pedido su extradición.

Ya en 2012, el ahora ciudadano Borbón, Juan Carlos —entonces rey y jefe del Estado español— tuvo un antojo similar en Botsuana, con un coste a partir de 45.500 euros más otros gastos aparte. Después de asolar con su escopeta las áreas de caza de España, Rumanía y Rusia, voló hasta el remoto país africano para poder enmarcarse una foto junto a un elefante acribillado. Nunca un rey hizo tanto por aumentar el número de partidarios de la república, además de su manifiesto gusto por las corridas de toros en una nación en la que la mayor parte de sus habitantes es ya antitaurina. Juntando todo esto, su popularidad quedó, más o menos, como su maltrecha cadera tras el tropezón de aquella noche en Botsuana, cuando quizás celebraba excesivamente la muerte del infortunado paquidermo.

El “caso Cecil” ha servido para reactivar un debate cada vez más vivo. Si un psicópata es alguien que mata por placer, que no siente la menor empatía por su víctima ni las circunstancias le obligan a hacerlo, pero lleva a cabo su acción, tal vez se caiga en la cuenta del singular paralelismo de este proceder con el de quien agarra una escopeta, sale de su casa y se adentra en el campo para darle matarile a cualquier animal no humano que se le ponga a tiro. Bueno, los humanos tampoco se libran, porque toda temporada de caza que se precie nunca finaliza sin una lista de muertos accidentales, bípedos y con un DNI en su cartera. Tal como sucedió a finales de diciembre de 2014 en el sur de Ávila con un recogedor de setas. Se agachó para coger una y, cuando se estaba poniendo de pie, un escopetero le llenó el cuerpo de plomo.

Niños cazando

En esta provincia, Ávila, recientemente 16 jóvenes se han presentado al examen de caza que les otorgue licencia para perseguir, acechar y matar animales; uno de estos angelitos con 14 años recién cumplidos. Responder a un test de veinte preguntas y pagar una tasa de 55 euros les facultará para dejar sin vida —se supone que en los periodos hábiles y teniendo el suficiente ojo para darle solo a determinadas especies; insisto, se supone—, a lo que se mueva por tierra o por aire, y a formar manada con otros escopeteros.

Dispararán a una liebre, a un corzo, a una inofensiva cabra montés de Gredos o a una perdiz que no les ha mentado a la madre que los parió, que no ha tenido una aventura extraconyugal con su santa esposa y ni tan siquiera es hincha del equipo rival de sus amores. Seres con alas o de cuatro patas que habitan en su medio natural, sin otra pretensión que la de tener una discreta existencia, alimentar a su prole, vivir en libertad e, incluso, ser felices. Todo ello, sin duda, algo intolerable para los que gozan con sacarle humos a sus escopetas y la suprema vanidad de lucir los cadáveres reventados de estos animales no humanos al final de la jornada de caza.

Eso es lo que pretendía también el dentista de Mineápolis con la cabeza degollada de Cecil bajo el brazo, ¿no

GaGabrielbriel Téllez

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8 respuestas a Ese fulano no me tocará las muelas

  1. maria dijo:

    Esas personas no tendrian que haber nacido nunca, jamas entendere ese comportamiento malditos hijos de……., pobre animal libre y feliz , que le hicieran lo mismo a el y su familia a ver como les sentaria, solo se me saltan las lagrimas al ver esta imagen, debería haber pena de carcel para este tipo de personas con cadena perpetua por asesinato.

  2. mari paz dijo:

    Cada vez me siento mas avergonzada de mi especie, yo de verdad quiero ser civilizada como los animales….

    • Maria Esther Nahmens dijo:

      Todos tienen razón, per o deberíamos hacer una cacería para los humanos , con una gran rec ompensa y el castigo ponerlo en la sabana africana en medio de los depredadores para que se los coman.

  3. Alicia Roa Alonso dijo:

    Sin duda la gente que disfruta.con la tortura y el sufrimiento de un ser vivo es un psicópata.
    Por mucho que cazadores y taurinos nos quieran vender la película de que ellos aman a los animales, la única verdad es que disfrutan torturando y matando porque son malvados.
    Los peores psicópatas comienzan haciendo daño a .los animales .

  4. Margherita Tirelli dijo:

    Manca l’empatia. L’uomo deve imparare a capire lo sguardo di un animale, mansueto ,innocente , come l’espressione di un bambino che non sa come difendersi della violenza. L’uomo deve ancora imparare ad ascoltare gli occhi di un animale.
    Mi scuso, ma non conosco lo Spagnolo.

  5. M.Antònia Grau i Abadal dijo:

    Quin fàstic….Hi ha especímens que no mereixien la vida…Es ve a viure,per créixer en AMOR, en solidaritat i compassió…. Sempre ho paguen els més febles. Quanta maldat, quanta escòria IN-humana, quanta covardia…. L’univers us tornarà tot el vostre mal.

  6. Germán H. dijo:

    Creo que abolir la caza debe ser, también, una de las prioridades de los que luchamos defendiendo a los animales. Es un atavismo injustificable en la actualidad. Es por completo inaceptable que alguien coja una escopeta y decida “alegrarse” el día saliendo al campo para asesinar a un ser tan ajeno a la existencia del terrorista escopetero. Cuando salgo por el monte y me cruzo con un conejo y nos quedamos mirándonos unos segundos el uno al otro, me pregunto indefectiblemente de qué materia asquerosa están hechos esos seres humanos que son capaces de apuntarle con su arma y destruirle la vida a un animalillo así. Hay demasiada basura humana.

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