Política y sensibilidad

969130_341345209325242_953355817_n[1]Nuestra sociedad se encuentra inmersa en el proceso de un profundo cambio que, partiendo de unos fundamentos éticos incuestionables, afecta a su relación con las demás especies animales. El grado de sensibilidad hacia el sufrimiento o bienestar de los individuos pertenecientes a otras especies ha ido incrementándose progresivamente en los últimos tiempos, siendo un proceso imparable e irreversible.

En nuestras sociedades occidentales, sus representantes sociales, democráticamente elegidos, están obligados a atender las necesidades y exigencias de los ciudadanos a los que representan. Pero asimismo deberían, en aplicación de principios democráticos, respetar la pluralidad de valores y la sensibilidad que dicha sociedad manifiesta ante los diferentes asuntos que puedan afectar a su vida cotidiana. Gobernar democráticamente, también en el ámbito local, no debería consistir en la continua ostentación de poder y en la exigencia de un acatamiento sumiso al mismo en nombre de ciertas mayorías, sino en el ejercicio de una autoridad moral, resultante de una práctica vinculada al reconocimiento y respeto a determinados principios éticos. Principios y valores que, en diferente grado, se manifiestan en la sociedad cuyos intereses gestionan. Intereses asimismo diferentes, y en ocasiones enfrentados, pero que deberían ser tenidos en cuenta también en la dimensión ética que siempre poseen.

La gestión por parte de los ayuntamientos de los animales abandonados se ha considerado como un asunto equiparable en su tratamiento a la gestión de residuos o desechos urbanos

El problema de los animales abandonados ha venido siendo gestionado por los gobiernos locales de nuestro entorno provincial prescindiendo de esos principios éticos que la sociedad viene progresivamente asumiendo y cuyo reconocimiento legal cada vez reclama con mayor insistencia. Se ha considerado como un asunto equiparable en su tratamiento a la gestión de residuos o desechos urbanos. Resulta significativo que, en ocasiones, incluso las áreas administrativas encargadas de dicha gestión sean las mismas. Una simple gestión técnico-administrativa, en la cual se manejan situaciones cuya dimensión ética , al implicar sufrimiento y muerte, resulta obviada, reduciéndose a una serie trámites basados en meros y fríos datos, numérica y estadísticamente cuantificables. Porque hay algo de lo que los ayuntamientos y sus gestores no parece que aún hayan tomado conciencia y es que, en este asunto, lo que están gestionando es sufrimiento, miedo, angustia… y el hecho de que quienes lo experimentan no pertenecen a la especie humana no modifica su calificación ni tampoco reduce su intensidad. El problema para los animales es que su sufrimiento no permite ningún tipo de cuantificación ni reducción a conceptos plasmables en un balance económico de costes y beneficios.

manifestación sacrificio cero Cádiz

El abandono y el maltrato de animales es un problema real, consecuencia no solo de la insensibilidad individual, sino también de nefastos hábitos culturales, por desgracia profundamente enraizados en nuestra sociedad. Es, no obstante, un problema que los responsables políticos y gestores administrativos deberían encauzar tomando en consideración esa nueva sensibilidad que se va extendiendo por todos los niveles.

Cuando un ayuntamiento decreta, directa o indirectamente, la muerte de un animal abandonado, está siendo cómplice y llevando a cabo la última fase del maltrato animal. La primera consiste en el abandono insensible e irresponsable. La última es imputable a dicho ayuntamiento y consiste en poner fin a su vida. Una evidencia más de que, entre las diferentes sensibilidades y valores presentes en nuestra sociedad, nuestros gobiernos municipales suelen aliarse con los más retrógrados y primitivos. Aquellos que legitiman el sufrimiento, la tortura o la humillación pública de seres a los que la ciencia ha reconocido no solo una capacidad de sufrir similar a la humana, sino incluso un cierto grado de conciencia. Los circos, la exhibición y utilización de animales en las fiestas populares, etc, resultan otros ejemplos muy gráficos de dicha actitud.

Sacrificar animales abandonados, aunque aparentemente pueda ser considerada como una solución, solo lo es a corto plazo, ya que no incide en la raíz del problema y no evitará que se reproduzca

El sacrificio de animales abandonados, su tratamiento como objetos desechables, aunque aparentemente pueda ser considerada como una solución, solo lo es a corto plazo, constituyendo una actuación que, al no incidir en la raíz del problema, no evitará que se siga reproduciendo. Otros enfoques, igualmente prácticos y más efectivos a largo plazo, deberían ser tenidos en cuenta, y consistirían básicamente en la educación y concienciación ciudadana, campañas de esterilizaciones y en la cesión de la gestión de los servicios involucrados a aquellas sociedades protectoras en cuyas bases se establezca como incuestionable e innegociable el principio de no matar salvo en casos de sufrimiento inútil. Sociedades cuyos miembros sean capaces de aproximarse a cada uno de estos animales con una actitud compasiva, y no como a un objeto molesto, un residuo urbano más que debe ser retirado y eliminado. Es decir, estableciendo una política de auténtico “sacrificio cero”.

Pero, en cualquier caso, no solo se trata de hacer frente a un problema municipal mediante el cuidado, la atención y la protección de unos seres sintientes, maltratados, abandonados y condenados a morir según establecen las políticas actuales. El maltrato de otro ser con capacidad de sentir degrada moralmente a quien lo practica o colabora en el mismo, sea un simple individuo o una institución pública. En cambio, una actuación ética y compasiva dignifica tanto al ciudadano individual como al representante o gestor público. Por eso, dichas políticas deben afrontar la gestión del problema generado por los animales maltratados y abandonados desde una perspectiva que no sea la de su eliminación física, la de su muerte, no permitiendo además que se rentabilice, de una forma moralmente aberrante, el sufrimiento y la muerte de dichos seres. Por los animales y por nosotros mismos, como prueba de nuestra evolución y progreso moral, ese progreso que nos impulsa a otorgar derechos a los seres indefensos de otras especies diferentes a la nuestra, por todo eso, se debe dejar de matar. Y debe hacerse en el marco más amplio de una política municipal respetuosa con los animales en general, que evite no solo su muerte, sino su tortura y humillación pública, su exhibición vejatoria y que, por el contrario, promueva la transmisión entre toda la población, por diferentes cauces, de unos valores de respeto hacia los sin voz.

Dichos ayuntamientos, tan próximos a los ciudadanos, deberían situarse en la vanguardia del cambio ético en su relación con los animales. Actuación que no solo conduciría a unos resultados prácticos de gran eficiencia, sino que además dignificaría su imagen como institución pública.

Eduardo AranyóEduardo Aranyo

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2 respuestas a Política y sensibilidad

  1. Rosa Calderón Sereno dijo:

    He estado en la manifestación ,soy de Se villa y recojo firmas para pacma,Creo que es muy importante para conseguir el respeto de los derechos de nuestros animales,o como me gusta llamarlos nuestros hermanos menores,mantenernos todos unidos, todos los que creemos y tenemos la necesidad de luchar por un mundo más sano éticamente hablando y mas feliz y equilibrado emocionalmente hablando.Deseo que podamos ,entre todos ,consequirlo,por nuestro bien y el de generaciones venideras.Para ello se hace necesario conseguir la aprobación de leyes que les defiendan sus derechos y castiguen a los que abusan o violan dichos derechos,y castigando así el abandono ,dejadez y maltrato a estos seres tan maravillosos que nos enseñan y nos dan tanto y nos hacen tan felicesfelices.Un saludo a todos

  2. M.Antònia Grau i Abadal dijo:

    Gràcies, company!! En nom d’ells. Sempre els porto al cor, Són la meva alegria i el meu etern DOLOR!!

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