En ocasiones oigo maullidos

unnamedHasta ahora mis dos únicas incursiones en el mundo de participaciones en este blog han sido con la misma temática, la tauromaquia.

El primero con una argumentación sobre “por qué nos lo quieren envolver como cultura cuando saben que el núcleo es único e históricamente económico”. Y el segundo fue puramente un arranque de rabia y una reflexión de reniego y tristeza, ante una noticia escuchada sobre la barbarie que cada año se lleva a cabo en ese denostado pueblo que, para lo que debería ser su vergüenza si la conocieran, es ahora más famoso por la atrocidad que es capaz de cometer, que por la importante Historia que un día albergaron sus muros.

Pero hace unos días vi una publicación de PACMA en Facebook, e inevitablemente me vino a la mente una experiencia que he conocido y, en parte, vivido recientemente, y que me gustaría compartir como demostración fehaciente de hasta qué punto es cierto que pueda darse el hecho del que alertaba esa publicación.

¿Dónde se lleva el coche en estas situaciones? ¿Al taller o al veterinario?

¿La situación?… Comienza con unos ruidos, semejantes a maullidos, que en principio fueron achacados a una broma de alguien. Tras comprobar que provenían del lugar donde estaba el coche, los protagonistas hicieron lo lógico… mirar alrededor y debajo de este. Lo extraño es que no se veía nada, pero ahí seguían. Si el sonido provenía del vehículo y lo que lo emitía no estaba fuera es que podía estar dentro. Y si no era en la zona de los asientos es que… ¿Salían del motor?… ¿Dónde se lleva el coche en estas situaciones?… ¿Al taller o al veterinario?… Se decidió abrir el capó para comprobarlo y… corrijo, los ruidos no eran semejantes a maullidos… ¡Eran maullidos! Allí al fondo, cobijada en un hueco donde, afortunadamente, no le había pasado nada de lo previsible, quemarse, pillarse o caerse, estaba nuestra protagonista emisora de las llamadas alertadoras.

unnamed (1)Se trataba de una linda gatita de unos tres meses de edad, que siendo de color gris humo, tras una hora y media mutó a completamente blanca como la nieve. Tenía además una pequeña herida ya curada sobre su naricilla y el tramo final de su rabo con un pelo más corto que el resto. Y, como todos los gatos, unos lindos ojos que ahora mostraban aspecto de asustados.

¿El lugar de los hechos?… Una carpintería, lugar por donde ella merodeaba, junto al resto de los hermanos que le quedaban y su prolífica madre.

¿El tiempo transcurrido en el interior del vehículo?… Nada menos que algo más de un día, el intervalo desde que el coche estuvo aparcado donde ella se encontraba, pudiéndose entonces esconder; la noche intermedia y un viaje de 28 Km hasta otra localidad; permanecer allí durante la jornada laboral de la conductora y volver otros 28 km hasta donde, al apagar el motor, comenzaron los episodios de “En ocasiones oigo maullidos” y “En busca de la gata perdida”.

unnamed (2)La publicación de PACMA en Facebook que me ha animado a compartir esta historia, trataba, con una escalofriante y a la vez graciosa foto ilustrativa, sobre el riesgo que comienza ahora, llegados los fríos, de que algún espécimen gatuno se aloje, buscando cobijo y calor, en el interior del motor de nuestros vehículos. Por lo que se aconsejaba que se dieran unos golpecitos en el capó antes de arrancar nuestro coche por el riesgo que ello ocurra y conlleve las consecuencias que todos podemos imaginar y que no son las felices, e infrecuentes, de nuestra protagonista.

¿El nombre de la gatita?… Audi, no hace falta explicar porqué.

¿Su destino?… compartir casa, cariño y, por lo visto, coche con quienes la hallaron.

 

Ana Beatriz RubioAna Beatriz Rubio

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4 respuestas a En ocasiones oigo maullidos

  1. Montse dijo:

    ¡Qué preciosa historia!.
    Y desde luego que golpearé y daré algún que otro portazo, cada vez que coja el coche y ¡claro! antes de encender el motor. Gracias por alertanos.

  2. maria del carmen rubio sanchez dijo:

    Es una historia preciosa que yo también vivi, pero cuando la he leido con tanto cariño expresada me he emocionado. Enhorabuena.

  3. arlene dijo:

    Linda historia, ilustrativa y muy bien escrita.

  4. Montserrat Vallvé Viladoms dijo:

    Desde que leí en el Facebook que en invierno los gatos pueden esconderse en el motor del coche, siempre doy unos fuertes golpes en los lados, antes de arrancar el motor.
    ¡Gracias, Ana, por compartir tu vida con la gatita Audi, y por tu texto!

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