Adiós, Luis

Luis García

Luis García Arés. Foto de Ávila Red

La muerte de Luis García Arés me toma por sorpresa al tener conocimiento de ella varios días después de haberse producido. Soy uno más de los que lamentan el final de una vida honrada y generosa, porque Luis es y será uno de los grandes de Ávila a pesar de la modestia con la que ocultaba pudorosamente su valía. Un intelectual poliédrico e incansable en la búsqueda del saber. En este aspecto, podría reiterarme y no añadiría palabras más certeras que las escritas por Adolfo Yáñez en la necrológica de nuestro común amigo.

Por eso, sin menoscabo alguno de su personalidad de hombre sabio que pretendía ir de puntillas y sin glamures por la existencia, los recuerdos más entrañables que poseo de él provienen de su sólida creencia en los derechos de los animales. Lo conocí a principios de los años noventa en aquellas reuniones con Concha Macho-la iniciadora de todo-, Concha Pedrosa y otros queridos compañeros para crear la Protectora de Animales de Ávila, y después en otras muchas citas similares para sacar adelante el proyecto. No fueron tiempos fáciles para conseguirlo. Los perros y gatos abandonados o crecidos sin el menor amparo constituían una imagen frecuente en las calles de Ávila, siempre con un halo de tristeza y necesidad tras de sí. O sobre sí. Se comenzó de cero en aquellos dos improvisados refugios que socios también tocados por la generosidad –me estoy refiriendo a Concha Pedrosa y a Pedro- pusieron a disposición de la Protectora. En ese ambiente tuve los primeros contactos con Luis, que empleó sus dotes en la contabilidad para hacerse cargo de la paupérrima tesorería de la asociación.

En la hora del adiós, los sin voz de todos los refugios, los galgos y los toros, los tristes animales presos en los circos  y los pájaros del cercano parque habrán guardado un silencioso homenaje

Luis García Arés debió ser un padre satisfecho porque hizo una familia con unos hijos la mar de creativos y luchadores en defensa de los animales; especialmente Alicia, que lo mismo bregaba en el mantenimiento de los refugios que en la organización de mercadillos a beneficios de los acogidos de los recintos o en lo que hubiera menester. Cuando el número de perros era tal que ya no se podía dar una atención especial a los que habían llegado con lesiones o alguna enfermedad, sacaba de los refugios a los más débiles para llevárselos a Navaluenga a pasar el verano con él, su mujer y los hijos que continuaban en Ávila. Y ocurría, siendo esta familia como es, que bastantes de aquellos canes que sólo se toparon con la desgracia hasta entonces, se quedaron definitivamente, no sólo el verano, para compartir la vida de Luis. Fueron bastantes porque ya arribaron maltrechos y viejecitos, y algunos no tuvieron demasiado tiempo para disfrutar del consuelo de este linaje de benefactores. Son incontables las veces en que, por la mañana y camino del trabajo, saludaba a Luis cuando realizaba la primera salida con sus protegidos en el Paseo de don Carmelo.

Aunque era de naturaleza apacible, le brotaba la indignación cuando la canallada se llama toro de Tordesillas, galgos y perros de caza asesinados por los propios dueños al término de la temporada de sangre y plomo, la negrura despiadada de los espectáculos taurinos o la injusta vida de presidiarios perpetuos de los animales de los circos. Por todo esto y por tantas iniquidades más, se alegró al saber de la existencia del PACMA en Ávila.

En más de dos decenios nunca oí ni el más mínimo comentario negativo sobre su persona, y ya es difícil que de un modo u otro no aparezca algún contradictor insidioso. Pero así son los tipos geniales a los que, además, les viene como un guante el parafraseo machadiano de “era un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno”. Luis siempre me recordó a mi padre.

Sus dos últimos años estuvieron marcados por las secuelas de dolor y las limitaciones causadas por el estúpido e incomprensible atropello que sufrió mientras cruzaba un paso de peatones bien señalizado. En la hora del adiós, los sin voz de todos los refugios, los galgos y los toros, los tristes animales presos en los circos  y los pájaros del cercano parque habrán guardado un silencioso homenaje para el que siempre tuvo para ellos una mirada con superavit de bonhomía.

Gabriel TéllezGabriel

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10 respuestas a Adiós, Luis

  1. Cristian dijo:

    No he tenido el placer de conocerle, pero sí que leyendo estas líneas he tenido la sensación de conocer su alma. Ahora ya no tendrá que sufrir más por las angustias diarias de tantos animales sufriendo, ojalá esté con ellos en otra parte donde todo sea eterno y perfecto, sin necesidad de lastimar a nadie. Unas palabras de ánimo también para sus familiares. A todos nos llega la hora, el dolor siempre estará ahí, pero más temprano de lo que creemos, nosotros también dejaremos este mundo. Un abrazo.

    • Agus dijo:

      Gracias por tus palabras .
      Mucho dolor ante su ausencia.

      Aquí hay un pequeño homenaje desde el min. 6:15

  2. silvia lacoma dijo:

    precioso, admirable, me pone los pelos de punta, ojala el mundo estuviera lleno de gente asi!!!!

    • maricarmen dijo:

      Así es,ojalá halla más gente así,porque será que siempre mueren antes las personas buenas,,,y se quedan las malas!!!!!tal vez por eso va él mundo como va,….estamos maltratado los animales,el planeta,y todo está muriendo !!!!cuanto más conozco las personas MÁS AMO A LOS ANIMALES!!!!

  3. Olga eyre dijo:

    Precioso articulo y siempre emociona los luchadores a favor de los animales,somos tan pocos

    • Agus dijo:

      Gracias a todos. Estamos rotos de dolor y no asimilamos su ausencia.
      Éste es su homenaje en el minuto 6:02.

  4. Rafael Ledesma Pérez dijo:

    Siento que un hombre que tanto amaba a los animales haya muerto. Un abrazo a la familia.

  5. Ana Beatriz dijo:

    Tengo lágrimas en los ojos tras leer el artículo, en gran parte debido a su perfecta y emotiva elaboración, se nota hecho desde el corazón, pero sobre todo debida a la admiración por un lado y a la envidia de no ser capaz de llegar a tanto por otro. Qué suerte los animales de haberlo tenido como amigo.

  6. susana dijo:

    yo también me he emocionado leyendo este artículo y al igual que los que han emitido sus comentarios, yo tampoco le conocía, pero ahora sí, he conocido su gran corazón. En este mundo hace falta gente como él, siempre he pensado que los más grandes son áquellos que dedican su esfuerzo, tiempo, tesón, amor hacia los más desamparados y desprotegidos: los animales..
    Desde aquí si les llega un gran abrazo a sus familiares, haber tenido una persona como Luis es un privilegio que muy pocos conocen.. allá donde estés, estarás con ellos.

  7. Gabriel dijo:

    Haré llegar a los familiares de de Luis todos los testimonios de condolencia que habéis enviado. Sus hijos continúan con el sentimiento que sembró en ellos su padre hacia los animales. Estoy seguro que ellos encontrarán en vuestras palabrás un incentivo más para continuar con la labor de Luis.
    Un abrazo a todos.

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