Ese fulano no me tocará las muelas

Cecil y su asesino

El asesino de Cecil (a la izquierda de la imagen, con gafas y mangas largas), junto a uno de sus cómplices y el arco con el que mató al león más famoso y querido de Zimbabue.

Ni aunque residiera como él, en Mineápolis (Minnesota, Estados Unidos) dejaría que un individuo como Walter Palmer, dentista de profesión, me hurgase en la boca. Desde que en la segunda mitad de julio transcendió la noticia de que él era el asesino del león Cecil, el tipo anda más bien acojonado: no acude a su consulta para evitar frases cordiales de los animalistas que montan guardia junto al edificio y tampoco se atreve a ir a su residencia de verano en Florida, en la que ya han pintado mensajes de ánimo como “eres un puto asesino”.

Toda temporada de caza que se precie nunca finaliza sin una lista de muertos accidentales, bípedos y con un DNI en su cartera

Por si hay alguien a quien el veraneo le haya amortiguado la llegada de información, este relato puede ponerle al día. Cecil habitaba en un territorio libre de caza en Zimbabue, era un macho espectacular, símbolo de su especie y su veterana imagen resultaba muy conocida. A miles de kilómetros de allí, un millonetis llamado Walter Palmer, al que le pesaban demasiado los montones de dólares en sus bolsillos y que solía pensar que el dinero le abría cualquier puerta, se encariñó con la idea de cargarse a Cecil y traerse su cabeza como trofeo; quizás para que terminase colgada en la pared de su consulta. La vanidad de los malnacidos, sobre todo si son ricos, puede conducir a estos delirios.

Así es que contrató a una empresa de escopeteros de Zimbabue, les pagó 50.000 dólares y acordó con ellos una celada mortal para el león. Consistía en arrastrar los restos de un animal desde el refugio de Cecil hasta una zona exenta de la prohibición de caza. La argucia dio resultado y, cuando la víctima ya se encontraba a tiro, el machito de Mineápolis decidió que no había hecho un viaje tan largo sólo para destrozarle la cabeza de un disparo; además quería llevársela íntegra. Por eso utilizó un arco y la flecha dio en el cuerpo del gran felino. No murió allí. Durante tres jornadas, el americano y sus guías siguieron el rastro del agonizante Cecil. Finalmente cansados del peregrinaje tras el león, lo remataron para decapitarlo y arrancarle la piel.

No satisfecho con esta muerte, Palmer se resistía a regresar a los Estados Unidos sin abatir a un elefante, pero todos los que avistó le parecieron poca cosa, demasiado pequeños para luego fotografiarse junto a su cadáver. Cuando se supo lo ocurrido en Zimbabue, varios cómplices fueron detenidos allí, pero Palmer escapó por patas. El gobierno del país africano ya ha pedido su extradición.

Ya en 2012, el ahora ciudadano Borbón, Juan Carlos —entonces rey y jefe del Estado español— tuvo un antojo similar en Botsuana, con un coste a partir de 45.500 euros más otros gastos aparte. Después de asolar con su escopeta las áreas de caza de España, Rumanía y Rusia, voló hasta el remoto país africano para poder enmarcarse una foto junto a un elefante acribillado. Nunca un rey hizo tanto por aumentar el número de partidarios de la república, además de su manifiesto gusto por las corridas de toros en una nación en la que la mayor parte de sus habitantes es ya antitaurina. Juntando todo esto, su popularidad quedó, más o menos, como su maltrecha cadera tras el tropezón de aquella noche en Botsuana, cuando quizás celebraba excesivamente la muerte del infortunado paquidermo.

El “caso Cecil” ha servido para reactivar un debate cada vez más vivo. Si un psicópata es alguien que mata por placer, que no siente la menor empatía por su víctima ni las circunstancias le obligan a hacerlo, pero lleva a cabo su acción, tal vez se caiga en la cuenta del singular paralelismo de este proceder con el de quien agarra una escopeta, sale de su casa y se adentra en el campo para darle matarile a cualquier animal no humano que se le ponga a tiro. Bueno, los humanos tampoco se libran, porque toda temporada de caza que se precie nunca finaliza sin una lista de muertos accidentales, bípedos y con un DNI en su cartera. Tal como sucedió a finales de diciembre de 2014 en el sur de Ávila con un recogedor de setas. Se agachó para coger una y, cuando se estaba poniendo de pie, un escopetero le llenó el cuerpo de plomo.

Niños cazando

En esta provincia, Ávila, recientemente 16 jóvenes se han presentado al examen de caza que les otorgue licencia para perseguir, acechar y matar animales; uno de estos angelitos con 14 años recién cumplidos. Responder a un test de veinte preguntas y pagar una tasa de 55 euros les facultará para dejar sin vida —se supone que en los periodos hábiles y teniendo el suficiente ojo para darle solo a determinadas especies; insisto, se supone—, a lo que se mueva por tierra o por aire, y a formar manada con otros escopeteros.

Dispararán a una liebre, a un corzo, a una inofensiva cabra montés de Gredos o a una perdiz que no les ha mentado a la madre que los parió, que no ha tenido una aventura extraconyugal con su santa esposa y ni tan siquiera es hincha del equipo rival de sus amores. Seres con alas o de cuatro patas que habitan en su medio natural, sin otra pretensión que la de tener una discreta existencia, alimentar a su prole, vivir en libertad e, incluso, ser felices. Todo ello, sin duda, algo intolerable para los que gozan con sacarle humos a sus escopetas y la suprema vanidad de lucir los cadáveres reventados de estos animales no humanos al final de la jornada de caza.

Eso es lo que pretendía también el dentista de Mineápolis con la cabeza degollada de Cecil bajo el brazo, ¿no

GaGabrielbriel Téllez

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División de opiniones

Toro de la Vega 2014 Elegido

Toro de la Vega 2014: Elegido

La tauromaquia divide a los españoles en dos bandos enfrentándolos en una estéril controversia, porque cada cual tiene un punto de vista diferente y nunca van a convencer los unos a los otros: los antitaurinos lo único que pueden ver en estos espectáculos es la tortura de un animal indefenso, los pro taurinos sólo ven otros aspectos de la tauromaquia que les resultan lo suficientemente atractivos como para abstraerse del innegable maltrato que conlleva. Periódicamente se denigran o se ensalzan estas prácticas, repitiendo los mismos argumentos/excusas para justificarlas y utilizando idénticos razonamientos para demostrar la falacia de esas justificaciones.

¿Cuántas urgentes necesidades se hubieran podido cubrir en 2008 con los casi 600 millones de euros que se entregaron como subvenciones al sector taurino?

Yo me posiciono entre los detractores de cualquier modalidad de tauromaquia, por una única razón, pero tan poderosa que anula cualquier otra que se pudiera plantear: no comprendo, ni comparto, ni respeto, una diversión basada en el sufrimiento de una víctima, sea cual sea su especie y así lo he manifestado en muchas ocasiones, sin que pueda añadir nada a lo ya dicho. Por eso cuando sus partidarios se declaran aficionados, pero reconocen la crueldad del maltrato implícita en esos espectáculos, como asume Joaquín Sabina, no tengo nada que responderles. Es su elección, por mucho que me duela y así he de admitirla. Pero si intentan convencer de las bondades de estos festejos con argumentos tan ridículos como capciosos, me resulta imposible permanecer callada, aún a riesgo de copiar a otros y a mí misma.

Así que, utilizando —sin que sirva de precedente— un símil taurino, voy a “entrar al trapo” para responder a sus absurdas y torticeras justificaciones:

-Para empezar, califican a los detractores de estas fiestas como separatistas, ateos y defensores del aborto, en una rocambolesca asociación, tan simplona y primitiva que es imposible para una persona con una mínima capacidad de raciocinio tomarla en serio. Es obvio que cada uno es libre de ser todas esas cosas y sus antagónicas, juntas o por separado, e independientemente de que se esté o no a favor de la tauromaquia. En ambos bandos habrá quienes consideren que es la mujer embarazada la que tiene derecho a decidir si lleva adelante su embarazo y otros que opinen que es la Iglesia o el Estado quien ha de decidirlo. Habrá nacionalistas y separatistas, republicanos y monárquicos, de izquierdas y de derechas, ateos, agnósticos o religiosos, ya que las ideas no van englobadas en paquetes indivisibles.

britanicos-financian-corridas-de-toros

-Por otra parte, esgrimen los cuantiosos beneficios económicos que originan estos espectáculos. Si es así… ¿Por qué hemos de subvencionarlos con nuestros impuestos? ¿Cuántas urgentes necesidades se hubieran podido cubrir en 2008 con los casi 600 millones de euros que se entregaron como subvenciones al sector taurino?

-También intentan legitimarse citando a escritores afines, lo cual podría convertirse en una guerra de cromos: “Yo tengo a Vargas Llosa”, “pues yo a Saramago”… Aunque son mayoría los ilustrados que consideran y han considerado estos festejos impropios de un país civilizado.

-Se quejan de que los animalistas son agresivos. Alguno habrá por supuesto, pero como colectivo me cuesta creer que alguien que no ejerce la violencia contra los más débiles sea violento con sus semejantes, y sin embargo conozco de primera mano muchos casos en los que los animalistas por manifestarse pacíficamente han sido insultados, amenazados, escupidos, apedreados…, sin siquiera ser defendidos por las fuerzas del orden, testigos de estas agresiones.

-Otro pretexto es el respeto a la libertad con la típica frase: “Si no te gusta, no vayas”, lo cual sólo es aceptable cuando los gustos de unos no llevan aparejada la tortura de otros. Si hay víctimas no basta con no ir o no mirar. El silencio nos convierte en cómplices.

-Respecto a las dehesas podrían mantenerse como enclaves turísticos para que los visitantes contemplaran la estampa de los toros, paciendo en magníficos parajes naturales, al igual que en Roma visitan el Coliseo sin necesidad de que los leones descuarticen a los cristianos. Y además, como dice Jesús Mosterín, y es conocido por cualquier persona con conocimientos de biología, los toros bravos no constituyen una especie aparte, son los maridos de las vacas y, al igual que ellas, pacíficos herbívoros.

Dehesa taurina

-“Los toros bravos viven muy bien”, dicen, como si ello tuviera que compensarse con una muerte horrible.

-“Es una tradición”, insisten machaconamente, sin comprender que cuando una tradición es perversa lo mejor que puede hacer es desaparecer, como ocurrió entre otras con la del garrote vil.

-“Hay más animales maltratados y sólo se meten con los toros”. Desgraciadamente es cierto que la mayoría de los animales son tratados inadecuadamente, pero aquí no funciona lo de “mal de muchos, consuelo de todos”, y que haya animales maltratados de todas las especies no disminuye el dolor de ninguno, con las circunstancias agravantes en el caso de la tauromaquia, donde la única finalidad del daño causado es una embrutecedora e insensibilizante diversión, una escuela de violencia y un pésimo ejemplo para niños y jóvenes que contemplan como algo lúdico la tortura de vertebrados superiores con un sistema nervioso equivalente al nuestro y en consecuencia con una capacidad de sufrimiento similar.

Y no es cierto que los animalistas sólo defiendan a los toros, pues luchan denodadamente, y a pesar de la incomprensión de gran parte de sus congéneres, para mejorar en lo posible la situación de todas y cada una de las distintas especies animales que pueblan este planeta, con la esperanza de que un día deje de ser para ellas un terrible campo de concentración.

Elena NeguerolesElena Negueroles

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Los leones no lloran

Cecil y Jariche

Deuda irreversible con sangre;
clamo venganza impotente
¡justicia!

Ellos, que impunes yacen con las armas intactas bajo su brazo
y la boca expiada después de tal exterminio,
acabarán pagando su justo costo al habernos privado de manada,
de sueños y sabana solo por la mera codicia de sentirnos libres
y salvajes sin tener que rendir cuentas a nadie.

Carne soy, siendo carne siento y sufro la carga de mis hermanos abatidos
por la irracionalidad de los que, ataviados con chaleco y poca vergüenza,
se esconden siempre tras la llaga para sentirse menos ridículos.

He sido presa, linaje de víctimas que padecen la certeza
de este mundo tan carente de compasión.
He ganado combates de igual a igual,
después nómada carente de hogar, dejando mi corazón en Zimbabue,
trampa y alma para mí.

Recuerdo de historias de grandeza sobre mi especie,
como un eterno rey privado de su corona.
Así, mi último aliento extiendo con el eco de un rugido atroz,
del emblema que porto, que de forma furtiva me acabe durmiendo, moribundo,
a la espera de que vosotros despertéis por mí y toméis el relevo de esta cacería,
de esta agónica cruzada por defendernos, por mirarnos iguales,
por un mañana de mayor sentir y respeto.

Hasta siempre,

Firmado: Cecil.

Cecil

[Cecil vivía en el Parque Nacional Hwange (Zimbabue), donde se convirtió en el felino más famoso del país por su tamaño extraordinario, su pelaje oscuro y su belleza. Walter James Palmer, un dentista estadounidense, pagó 50.000 euros por acabar con su vida.] Leer más. 

Pilar Dominguez Pilar Dominguez

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Escuchad al Papa

Papa Francisco

El Papa Francisco cuando hizo la declaración “los animales también van al cielo”

¿Ser católico requiere oponerse a la crueldad hacia los animales, incluida aquella que se practica en la ganadería industrial?

“Es contrario a la dignidad humana causar sufrimiento o muerte a los animales innecesariamente”, Papa Francisco

Durante dos años enseñé ciencias sociales en una escuela secundaria del centro de la ciudad deBaltimore, Estados Unidos; durante seis años conduje un refugio para las familias sin hogar de la organización Catholic Worker. Más tarde, hace ya casi 20 años, me convertí en defensor de los animales a tiempo completo con la confianza de que este tipo de trabajo es parte integrante del catolicismo.

Como era de esperar recibí aplausos de mis compañeros católicos por mi lucha contra la pobreza y mi trabajo educativo, pero menos apoyo para mi trabajo en la protección animal. La mayoría de los católicos que he encontrado parecen pensar esta forma de hacer el bien como separada fundamentalmente de los imperativos religiosos.

Sin embargo, el Papa Francisco lo ve de otro modo:

“Vivir nuestra vocación de ser protectores de la obra de Dios —escribió el Papa Francisco en su última encíclica—  es esencial para una vida de virtud; no es opcional o un aspecto secundario de nuestra experiencia cristiana”.

El día en que Francisco lanzó la encíclica, tuiteó: “Es contrario a la dignidad humana causar sufrimiento o muerte a los animales innecesariamente. #LaudatoSi”.

Dejando de lado el método moderno de transmisión, esta afirmación no es realmente extraordinaria. Es una cita del Catecismo de la Iglesia Católica. Pero, ¿qué significa que no debemos hacer que los animales sufran o mueran innecesariamente?

Gallinas sin plumas

Gallinas sin plumas por el estrés que sufren. Igualdad Animal

Seguramente esta amonestación exige más que solo evitar no herir o matar personalmente a los animales. Estoy convencido de que también estamos obligados como católicos a evitar pagar a otros por matar o dañarlos sin una justificación convincente.

Dicho de otra manera, “comprar es siempre un acto moral y no sólo económico”. Este enunciado también viene de la encíclica, en un párrafo en el que Francisco aplaude los boicots con los que los consumidores tratan de convencer a las empresas para participar en prácticas más éticas.

Pensando en las posibilidades de influir en el contexto de los derechos de los animales que el consumidor posee, considero que, de lejos, el sufrimiento más innecesario viene de la mano de la industria de la carne, que mata a cerca de 9 mil millones de animales anualmente. Estas criaturas son tratadas de una forma, que en caso de ser perros o gatos, garantizaría una orden judicial por maltrato animal.

En los mataderos, los trabajadores “tiran literalmente las aves en los grilletes, a menudo rompiéndoles las alas y las piernas”

Los cerdos, en su mayoría embarazadas, por ejemplo, pasan sus vidas en jaulas tan pequeñas que no pueden dar la vuelta, y más del 90% de las gallinas ponedoras están hacinadas en jaulas donde no pueden abrir sus alas. En estos dispositivos los animales sufren un tormento tanto físico como mental.

Los pollos en algunas granjas crecen tan rápido que sus miembros y órganos no pueden apoyar adecuadamente sus cuerpos masivos, consignándolos a una vida de sufrimiento constante. En los mataderos, los trabajadores “tiran literalmente las aves en los grilletes, a menudo rompiéndoles las alas y las piernas” para citar al inspector de USDA, Stan Painter.

Basta con ver uno de los vídeos filmados en las granjas industriales y los mataderos que están disponibles en internet: Si lo que estamos haciendo como sociedad a los animales de Dios no es un pecado, ¿qué es?

Nadie menos que una autoridad moral como el Papa Benedicto XVI denunció “el uso industrial por la sociedad de las criaturas en las granjas” como una violación de “la relación de mutualidad que viene a través de la Biblia”. O como Francisco dijo: “En la Biblia no hay lugar para un antropocentrismo tiránico e indiferente por otras criaturas”.

En la discusión de que no hay diferencia entre la crueldad hacia un animal de granja y la crueldad hacia un perro o un gato, la primatóloga (y orgullosa vegetariana) Jane Goodall declaró que “los animales de granja sienten placer y tristeza, emoción y resentimiento, depresión, miedo y dolor … son seres individuales en su propio derecho. ¿Quién va a abogar por ellos si todos callamos?”

Pollo rescatado

Pollo rescatado de una granja por Igualdad Animal

El Papa Francisco no lo pudo haber dicho mejor, y aquellos de nosotros que tomamos estos conceptos en serio tendríamos que verlos como una llamada a la acción. Para mí, la oposición no sólo a la agricultura industrial, sino también una dieta vegetariana es una exigencia de mi fe. Como yo no necesito comer animales para sobrevivir, creo que el catolicismo dicta que no debo. Pero esto no es sólo una preocupación individual. Nuestra fe también exige que tomemos una posición pública a favor de las criaturas de Dios.

Como yo no necesito comer animales para sobrevivir, creo que el catolicismo dicta que no debo

Sería totalmente coherente con la encíclica papal que la iglesia se posicionara en la vanguardia del movimiento de protección animal; si aprobara medidas encaminadas a detener los peores abusos en su contra, e incluso declarara que los fieles no pueden en conciencia causar sufrimiento a otros animales por algo tan insignificante como un placer gustativo momentáneo.

Cuando la iglesia lo haga, se comenzará a cumplir la promesa de la misericordia de Dios para todas las criaturas, como se revela en las Escrituras Hebreas, las Escrituras Cristianas, el Catecismo y Laudato Si.

Bruce FriedrichBruce Friedrich

Director de política de Farm Sanctuary

Traducción: Patricia Pinilla

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En el infierno no todos son demonios

Inspector matadero

Son las cinco de la mañana, dejo el coche en el aparcamiento, hay mucho viento, hace frío, llueve, hoy no va a ser un buen día para nada y mucho menos para morir, si es que algún día puede ser bueno para eso.

Soy el encargado de controlar que aquellos pobre infelices sufrirán “lo menos posible”, el “policía” del matadero, al que todos miran mal

Entro en aquella enorme industria, aún no ha llegado nadie, bueno, ellos ya están aquí. Todo está oscuro, en silencio, aunque presiento que una vez más esa tranquilidad va a durar poco.

En unos minutos todo cambia por completo, se ha hecho la luz, la maquinaria empieza a funcionar, hay un ruido ensordecedor, pero no lo suficiente como para evitar oír sus gritos, eso chillidos de cientos de cerdos que penetran hasta lo más profundo de mi cerebro, esos lamentos que resuenan en mi cabeza preguntando por qué.

Entonces me dirijo hasta ese lugar que separa la vida de la muerte, el lugar al que nunca quiero ir, pero sé que tengo que hacerlo, tengo que comprobar que todo se hace “correctamente”, que los pocos derechos que tienen esos pobres animales de apenas unos meses se cumplen. Allí el espectáculo es…¿cómo describirlo?, hay mucho ruido, hace calor y hay sangre, gritos y más sangre, sangre que tiñe de rojo todo, hasta la consciencia de los que no quieren ver lo que allí ocurre. Y mientras, ellos colgados cabeza abajo, luchando por una vida que pierden a chorros, desangrándose por una incisión que en el mejor de los casos los habrá partido el corazón provocando con ello una muerte rápida.

En el exterior, el resto de los cerdos esperan en fila que llegue su turno, con los ojos fuera de las órbitas, como si quisieran ver qué está ocurriendo detrás de esas paredes, pero es mejor que no lo sepan, el inexorable paso de animal a carne no tiene marcha atrás, la suerte está echada para ellos. Cuánto me gustaría hablar su idioma, poderles tranquilizar, pero entonces, ¿qué les diría?, ¿qué van a morir?, ¿qué son victimas del antropocentrismo y que su valor sólo depende de lo que hayan sido capaces de engordar en aquellas granjas de las que mejor no hablar? Realmente no sabría que decirles, no sabría como justificar al resto de mi especie, solo querría acariciarles y abrazarles, como haría con uno de mis perros, pero entonces todos pensarían que estoy loco, y sólo el tiempo pondría a cada uno el adjetivo adecuado, al igual que ha hecho con el “loco” de Galileo.

cordero matadero

Foto de Igualdad Animal

Después viene el turno de aquellos seres inocentes de apenas un mes de vida. Aquellos animales que todos asocian a ese anuncio de detergente excepto cuando lo ven en el plato rodeado de patatas. Esos corderos diminutos que están en los corrales balando desesperadamente llamando a sus madres, preguntándose por qué los han abandonado si ellos nos han hecho nada, sólo se fueron detrás de aquel hombre que los traía agua y comida.

Cuando me dicen que qué difícil me tiene que resultar ser vegano me río, sabiendo lo que sé, lo difícil sería no serlo

Y aún así tienen la bondad suficiente para acercarse una vez más al hombre, pero en esta ocasión será la última vez que lo hagan, porque ese hombre será su verdugo. Una descarga eléctrica aplicada a ambos lados de la cabeza los dejará paralizados, aunque no tengo muy claro si el fin de este invento humano es evitar que sufran o limpiar la consciencia de los que degustarán después sus pequeños músculos. Una vez más todo se vuelve rojo, en ocasiones chorros de sangre acompasados con las últimas respiraciones de estos animalitos.

De nuevo ahí estoy yo, ahí está el veterinario, el inspector de sanidad pagado con dinero público encargado de controlar que aquellos pobre infelices sufrirán “lo menos posible”, soy el “policía” del matadero al que todos miran mal porque pretende hacer su trabajo, pero no me importa, sé por qué estoy aquí. Ojalá algún día el ser humano evolucione de tal manera que todo esto no sea necesario, ojalá algún día todos nos demos cuenta de que se puede subsistir sin provocar sufrimiento a nadie, pero aún queda un largo camino.

matarife

Y mientras, esto se repite con otras especies del reino animal. Vacas productoras de leche exprimidas hasta la extenuación, miles de litros de leche arrancados de sus entrañas cuyo resultado son aquellos cuerpos raquíticos y débiles con los que apenas pueden andar sin caerse y que pronto serán convertidos en carne para hacer hamburguesas. También con pollos y gallinas que han vivido constantemente hacinados sin saber lo que es la luz del sol, conejos que nunca han salido de una jaula excepto en el momento de su muerte. Y que me decís de aquel caballo negro que un día fue un bonito regalo para la pequeña de la casa, del que ya nadie se acuerda, que mira a su alrededor con ojos desconcertados, que es demasiado inteligente para estar tranquilo porque sabe lo que le espera. Tal vez aquella familia que le decía cuanto le quería mientras le acariciaba la cara acabará comiéndoselo convertido en albóndigas sin saberlo en algún supermercado.

Todo esto pasa por mi cabeza a diario, y afortunadamente cada vez a más veterinarios que nos dedicamos a proteger a los animales en el lugar más oscuro, donde nadie quiere estar. Cuando me dicen que qué difícil me tiene que resultar ser vegano me río, sabiendo lo que sé, lo difícil sería no serlo.

Por fin ha acabado el día, ya no habrá más muertes, al menos hoy. Por mi parte me quito la coraza y vuelvo a la realidad, vuelvo a ser yo, vuelvo a tener corazón. Me queda el resto del día para seguir defendiendo a los otros animales, los que aún tienen más suerte. Rescates, adopciones, difusiones, denuncias y concienciación, lo más importante es la concienciación.

Este trabajo es demasiado duro para mí, me mina la moral, me hace sufrir, pero tengo que aguantar. Sé que algún día dejaré este trabajo, pero aún así, sé que va a ser un día infeliz porque me preguntaré ¿quién se va a preocupar de ellos ahora?

Gracias a todos los veterinarios que habéis rechazado trabajos más agradables y reconocidos por defender a los animales en los últimos momentos de sus vidas. Algún día ninguno de nosotros tendrá que estar aquí.

Veterinario, Inspector de Sanidad en un mataderoanonimo 2

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La feliz despedida

Alcaucil

Alcaucil

Estaba en el suelo. Con su cara de inocencia, nunca extrañó el trato humano y ajeno a toda la maldad de este mundo. Se dejó hacer. Por suerte cayó en buenas manos, lo llamamos Alcaucil y lo hemos cuidado hasta que ha estado preparado para marchar.

Alcaucil en la cajita

Alcaucil en la cajita

Lo colocamos en una pequeña caja con una apertura donde podía asomarse, tal y como un avión común haría en su nido natural. Desde ahí veía venir la comida y piaba de emoción, hasta que con el buche lleno se quedaba adormecido. No existe piar más dulce y alegre que el de un avión. Si las personas que destruyen sus nidos pudieran conocer uno tan de cerca estamos seguros de que nunca más se les ocurriría volverlo a hacer.

Tras sus primeros revoloteos no pasó mucho tiempo hasta que supimos que tenía que marcharse. Buscamos una colonia en la que se sintiera acogido y nos despedimos de él con el mismo temor que el de una madre que manda a su hijo de viaje por primera vez, con la diferencia de que Alcaucil no podrá llamarnos para avisarnos de que le fue bien.

Le deseamos todo lo mejor en su nueva vida, y no olvidaremos el legado de alegría que dejó en las nuestras.

Elena Moreno Portillo Elena Moreno Portillo

Presidenta y cofundadora de Ecourbe

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Huellas felices

Prohibido perros

La perrita labradora Kira estuvo la semana pasada de vacaciones con su familia en un pueblo costero. Paseaban tranquilamente hasta que se toparon con su gran playa arenosa: Kira miraba el mar con ojos de asombro mientras salivaba porque deseaba correr, enterrar su hocico, volver a correr y rebozarse por la zona ya que había estado toda la mañana tirando de la correa. Pero se encontraron con ese dichoso cartel circular en el que aparece la silueta negra de un perro sobre fondo blanco con el dibujo de “prohibido el paso” en rojo.

Si se pretende prohibir el paso de los perros a las playas por una cuestión de limpieza está claro que saldría perdiendo el ser humano

Dieron media vuelta algo desilusionados y fueron al apartamento en el que se hospedaban. Después de comer volvieron a la playa, pero esta vez Kira no los acompañó. Pisaron la ardiente arena con los pies descalzos y caminaron por todo el espacio. Se dieron cuenta de que sólo una pequeña parte estaba masificada y de que sin embargo había otra gran parte de la playa más alejada del centro urbano que estaba completamente vacía. Sin huellas de ningún tipo. 

Después de esto volvieron a por Kira porque las altas temperaturas de julio en España son muy peligrosas para los golpes de calor en los animales. Hay millones de familias o personas individuales con perros y sería muy lógico que habilitasen determinadas zonas en las playas para que pudiesen correr y darse un chapuzón. Es injusto que para algunos amigos peludos las vacaciones se conviertan en una entrada al llameante infierno por que tengan que andar pegados a una correa por una acera encendida y un asfalto calcinante.

Huellas en la playa

Seguro que muchos de vosotros os habéis encontrado con botellas, papeles, bolsas de plástico o latas vacías en la arena. Y en las calles. Y en los parques. Y en caminos. Si se pretende prohibir el paso de los perros a las playas por una cuestión de limpieza está claro que saldría perdiendo el ser humano. Sería fácil que todos nos comprometiésemos a recoger las deposiciones de nuestros caninos en la costa al igual que hacemos en las calles. No veo diferencias entre ambas situaciones y la calidad de vida, no sólo de los animales, sino de los dueños aumentaría en esta época estival.

Kira pisó la playa, por supuesto, pero enseguida les llamaron la atención. El abrasador ambiente que nos derrite las neuronas sería más llevadero si en esos paseos por el litoral español pudiésemos dejar libre a nuestros amigos. Veríamos encantados esas huellas de alegría sobre la arena, a lo largo de la orilla, perpendiculares a las olas. Y cambiaría ese dichoso cartel de “Perros no” por el de “Huellas felices sí”. 

Y tú, ¿qué opinas?

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas Tortosa

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¿La vaca que ríe?

vacas

El otro día me llamaron varias personas porque había unas vacas que llevaban varios días aparentemente agonizando en el campo, a pleno sol y sin ningún tipo de atención. Fui a ver. Una de las vacas estaba de pie: tenía las patas traseras rotas y las otras dos estaban tumbadas. 

No sabían que es habitual que las vacas que se utilizan para la explotación lechera sufran una descalcificación tan brutal

Me sorprendió que muchas de las personas que me llamaron no sabían que es habitual que las vacas que se utilizan para la explotación lechera sufran una descalcificación tan brutal. Son explotadas hasta la saciedad durante toda su vida, por lo que es habitual que sufran roturas.

Cuando llegan a esa situación ya no le valen al ganadero, pero este todavía puede conseguir una compensación económica del seguro, por lo que las dejan ahí tiradas sin poder levantarse, normalmente sin ningún tipo de atención, hasta que venga el perito del seguro y posteriormente se consiga el trasporte al matadero. Todo esto debería ser lo más rápido posible, pero en la práctica no lo es.

Lo habitual es que estén postradas con fuertes dolores, hambre y sed durante varios días, esperando a que finalmente llegue el camión que las lleve al matadero y ponga fin a tantos años de sufrimiento, atadas, siendo constantemente ordeñadas y viendo cómo se llevaban a sus bebés al matadero.

Vaca postrada

Dicen que cuando los perros y gatos que han sido queridos en la tierra mueren, llegan a un sitio donde están de maravilla, esperando a ese humano querido para cruzar juntos el puente que los lleva al arcoíris. Sin embargo los perros y gatos que no han encontrado en la tierra humanos que los quieran, tienen que esperar a un “protector”. Cuando llega una persona que haya trabajado en la tierra para ayudar a los animales abandonados, y como tributo a ellos, se les permite un último acto de rescate y amor y a todos aquellos pobres animales que no pudieron conseguir familias en la tierra, se les permite acompañarlo para que también puedan cruzar juntos el Puente del Arcoíris.

Cuando yo me vaya quiero acompañar a cruzar el Puente del Arcoíris a estas tres vacas. Quiero verlas ahí, esperando felices sin los huesos rotos, corriendo por la hierba. Cuando supe que finalmente había venido el camión a llevárselas al matadero lloré. Lloré sin parar y solo pude pensar… “Descansen en paz, bonitas”.

Asunción Estévez Asunción Estévez

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Los que vigilan

Vigilantes

Como es habitual, me paso por las colonias gatunas de mi pueblo. Ellas me conocen y cuando me ven aparecer, salen de sus escondrijos y se acercan. Unos más confiados que otros. Esperan su comida y tal vez, mis palabras, que siempre les cuentan cosas. Ellas me miran y escuchan y con sus ojos también me narran sobre lo dura que es la vida en la calle.

Ver a dos críos tan pequeños y decididos que, aun con esos palos, poco harían frente a un sujeto como el descrito, un delincuente, resultaba cómico y preocupante a la vez

El otro día andaba por allí, siempre alerta, pues es ilegal alimentar a los gatos, cuando aparecieron dos niños con sendos palos en la mano. Se acercaron a mí y me preguntó el mayor de ambos:

—Hola, ¿tú eres el que alimenta a los gatos de por aquí, verdad?

—Así es —indiqué con un plato de comida en las manos.

—A nosotros nos gustan mucho los gatos, tenemos dos en casa —los críos eran hermanos—. Vinieron de una protectora. Y ahora vigilamos la zona.

—¿Vigilar? ¿Y eso? —pregunté observando los palos…

—Porque el otro día la vecina X nos dijo que un viejo con sombrero se dedica a pegar a los gatos que hay en el jardín del colegio—. “El jardín del colegio” es una colonia que hay a unos 100 metros de la mía y que cuidan varias señoras mayores que conozco.

—Vaya. ¿Por eso lleváis los palos?

—Claro, si lo vemos pegando a un gato, le damos una paliza.

Ver a dos críos tan pequeños y decididos que, a pesar de los palos, poco harían frente a un sujeto como el descrito, un delincuente, resultaba cómico y preocupante a la vez. Por un lado, en sus pequeños cerebros ya atisbaban la diferencia entre el bien y el mal, todo aderezado con la semilla heroica e ingenua que a esas edades suele florecer en los corazones sencillos. Por otro, su actitud podría acarrear problemas a ellos, sus padres, y por supuesto a los gatos de la colonia.

—¿Y cómo podría ayudaros? —continué.

—No hace falta, en realidad sólo veníamos a contarte que ese viejo anda por aquí, pero que nosotros lo vigilamos.

—Muy bien. Vamos a hacer una cosa. Si lo veis haciendo algo a los gatos, antes de nada, hacerle unas fotos o grabadlo en video, con el móvil —sí, el mayor lo tenía— y me lo pasáis. Yo me encargaré de denunciarlo. Luego os escondéis y seguís vigilando ¿Os parece bien?

—¡Pero yo quiero pegarle una paliza! —comenta el más pequeño de los dos por primera vez.

—¿Sabes lo que pasa? —le dije muy serio—. Que si le pegas, él puede vengarse y matar a todos los gatos de la colina. ¿Es eso lo que queremos?

—No, claro —comenta el mayor, mientras el peque baja la mirada.

—Pues hacemos eso, vosotros vigiláis y si le veis hacer algo malo a los gatos, me lo decís y yo me ocupo del resto. ¿Ok?

Broken

Broken

Aceptaron el trato y se fueron corriendo a sus puestos de guardia. Me quedé pensando en Broken. Broken fue la única superviviente de una camada de gatos que unos niños usaron como pelotas para jugar. Todos los cachorros murieron excepto Broken que, maltrecha, acabó en el veterinario aunque su pequeño cuerpecito no pudo superar las terribles lesiones infligidas.

Broken murió a manos de unos críos de la misma edad que estos dos chicos. Los que vigilan…

Juan Arriaz JR Arriaz

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La lamentable y evitable historia de Buddy, un cachorro en el Aeropuerto del Prat

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En la madrugada del viernes 12 de junio, en nuestra página de Facebook (PACMA Catalunya) nos llegó un mensaje en el que se decía que un perrito había sido retenido en el Aeropuerto del Prat y que la veterinaria del Punto de Inspección de Fronteras del Aeropuerto sólo daba dos soluciones: devolver el perrito a su país de origen o sacrificarlo.

La veterinaria del Aeropuerto sólo daba dos soluciones: devolver el perrito a su país de origen o sacrificarlo


A las seis de la mañana, la red de juristas del PACMA ya estábamos trabajando en el caso: el pequeño Buddy no podía continuar ni un segundo más en aquellas condiciones tan nefastas: solo, a oscuras, encerrado en un pequeño transportín, sin agua ni comida.

Al hablar con la dueña del perro, Irene Solà, nos contó la terrible historia: Buddy había pasado todos los controles del Aeropuerto de Nueva York, de donde provenía, llevaba toda su documentación en regla y un microchip. Sin embargo, cuando llegó al Aeropuerto del Prat resultó que el lector que tenían los operarios no podía confirmar dicha información, por lo tanto no podían verificar que la documentación en papel se correspondiera con la del microchip de Buddy, ya que este era ilegible.

perros avionAnte este problema, el servicio del Aeropuerto expidió una notificación de rechazo: el cachorro de perro sería encerrado en el almacén, exactamente igual que cualquier maleta vieja de las que allí había, sin agua, después de un largo viaje desde Estados Unidos, y sin comida. Irene, su propietaria, estaba desesperada, sólo quería estar con el perrito, que gritaba en la soledad de un almacén frío y desierto.

Desde la Red de Juristas del PACMA, las abogadas Mónica Olivares, de Madrid, e Irene Gonzalvo, de Barcelona, fueron las encargadas de llevar la representación letrada del pequeño Buddy y, basándose en el Reglamento europeo que regula la entrada de animales vivos en España, pidieron unas medidas cautelares: mantener al animal en cuarentena y entregarlo a un veterinario de confianza, para que certificara el estado físico del perro y localizara el microchip, o bien entregarlo a su propietaria.

A la vez que el PACMA defendía legalmente los derechos de Buddy, las amigas y los familiares de la propietaria comenzaron a difundir el caso del cachorrito por las redes; en pocas horas, Twitter y Facebook se llenaron de mensajes de apoyo a la familia y el portal change.org recibió más de 50.000 firmas.

El lunes 15 de junio, día hábil, fue la propia Administración quien acordó la cuarentena del animal, después de las acciones legales iniciadas y del apoyo masivo de la población a través de las redes sociales. Definitivamente Buddy se quedaba en Cataluña, y se trasladaba para pasar la cuarentena a la protectora APAN.

Lágrimas entre los familiares y amigos pero también entre todas las personas empáticas que han estado siguiendo este caso de cerca.

No queremos a otro animal retenido en el Aeropuerto por unas circunstancias similares, ningún animal más sacrificado por la incompetencia de la Administración. Hoy el caso de Buddy nos ha enseñado una gran lección: cada vez somos más las personas que luchamos contra el maltrato animal.

Irene GonzalvoIrene Gonzalvo

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