Juguetes

cachorro navidad

Escribo en esta ocasión porque quiero compartir con todas las personas a las que alcance este blog una preocupación que me invade últimamente por las noches y no me deja dormir, con el propósito de aportar mi granito de arena en la labor de concienciar. 

Parece que la navidad tenga un poder alentador sobre la gente, pues es la época del año en la que más animales se adoptan

En las fechas en las que estamos, pronto muchas familias comenzarán a adoptar cachorros como regalos de navidad. Pequeños bichitos que llegarán a sus nuevas casas en una caja, envueltos en brillante papel de regalo y que se colocarán bajo el árbol de navidad junto al resto de juguetes nuevos. Todos sabemos lo que ocurre después de esto. Parece que la navidad tenga un poder alentador sobre la gente, pues es la época del año en la que más animales se adoptan… Mientras que los meses venideros se tornan un infierno para las protectoras, refugios, asociaciones y particulares al alcanzar cotas de abandono que sobrepasan lo inhumano.

Quisiera emplear estas palabras que estoy escribiendo para explicar a la gente que, por sorprendente que pueda parecer, los animales no son juguetes. La acción de adoptar un ser vivo conlleva una serie de responsabilidades que no se deben olvidar, por mucho que sea navidad. Hay que comprender que una mascota es un miembro más que va a entrar en la familia, un ser vivo que necesitará una serie de cuidados, desde comida y juguetes hasta las vacunas y las revisiones veterinarias; que costará dinero, sí, igual que un hijo, sobre todo, al que habrá que educar. Quisiera detenerme en esto último porque por desgracia he podido comprobar que hay muchas personas que no comprenden este hecho. Una de las razones por las cuales se abandonan más perros es la deplorable excusa de que “es que el animal se portaba mal”.

Señores, un cachorro necesita educación y necesita disciplina de la misma manera que un niño necesita ser instruido en lo que está bien y en lo que está mal. Hay que tener muy presente a la hora de adoptar que nuestra mascota va a precisar que le dediquemos tiempo, paciencia y sobre todo firmeza para que aprenda a convivir y asimile los hábitos y las costumbres que se requieren para que pueda estar en una casa. Nuestra mascota deberá aprender dónde sí y dónde no puede hacer sus necesidades, tendrá que adaptarse a unos horarios, a unas normas, habremos de enseñarle dónde puede subirse y dónde no, y deberá ser reprendido si se come nuestro sofá.

navidad_cachorro

Pero, señores, todo esto lleva tiempo. Requiere paciencia y ante todo, algo tan simple como ganas. Si no estamos dispuestos a enseñar a nuestro perro a comportarse como nosotros queremos, entones no cometamos la locura de responsabilizarnos de su vida para después condenarlo a una muerte cruel. Comprendan, señores, que desde el momento en que ese animal pise su casa, ustedes se convertirán en su referente, en su dueño, en su modelo a seguir, en la persona por la cual ellos darían la vida sin pensarlo. Igual que un hijo. Y debemos tener muy claro antes de enzarzarnos en esa aventura si estamos dispuestos a hacer el esfuerzo y el sacrificio. Una mascota supondrá cuidados, salir corriendo al hospital si le pasa algo, supondrá curas, medicamentos, vacunas, supondrá comida, limpieza, educación… Por favor, señores. No tiren la toalla desde el principio. Los animales no vienen educados de fábrica, igual que ningún niño sabe desde que nace lo que está bien y lo que está mal. Un perro no se enseña solo y no podemos sentarnos sencillamente en el sofá a esperar que él salga solito a hacer sus necesidades.

Tener una mascota es una de las experiencias más enriquecedoras que podamos sentir en la vida. Una mascota nos proporciona amor incondicional, protección, seguridad, autoestima, nos inculca unos bellísimos valores, nos hace mejores personas. Será una herramienta estupenda para que nuestros hijos crezcan aprendiendo disciplina, responsabilidad, valores… Ese animal lo dará todo por ustedes, señores. Sin pensarlo. Por favor, devuélvanselo. No lo condenen a experimentar el calor de un hogar para después tirarlo a la cuneta porque se ha hecho caca en la alfombra. ¿Ustedes alcanzan a comprender la miseria moral de ese acto?

Pongo como ejemplo el caso de una mujer de un pueblo de Sevilla llamada Mari Ángeles, quien hace dos días recibió de vuelta una perrita llamada Nana, a la que su familia adoptó cuando tenía un mes. Nana creció y al cumplir los seis meses de vida su familia la devolvió. Su hija de dos años, que se encaprichó con la cachorrita, se cansó del animal y sus padres decidieron que no se hacían cargo de ella. Ahora Nana llora todas las noches y ha dejado de comer porque Mari Ángeles ha tenido que llevarla al campo con los demás perros y ella echa de menos su hogar y sus dueños.

¿Cómo se puede hacer algo así? Se acercan fechas de estar en familia. Fechas de reencuentros, de reuniones, de compañía, de amor y de cariño. Por favor, no nos olvidemos de esos miembros de nuestra familia que caminan sobre cuatro patas. Por favor, pensemos que el invierno está ahí fuera, y que muchas criaturas van a morir de hambre y de frío mientras nosotros nos recostamos cómodamente en el sofá al calor de la estufa. Por favor, hagamos algo que de verdad esté acorde con el espíritu de estas fechas: salvemos vidas. Para siempre. No para unos cuantos meses. El calor que da un animal sobre tu regazo no lo alcanzará nunca ninguna estufa.

Ángeles Romero Ángeles Romero

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Por qués y porqués

Huellas de perro

Hace unos días salía de mi piso para dirigirme a la facultad como todas las mañanas cuando, casualmente, miré al suelo y vi un camino de huellas de sangre. Las manchas rojas formaban en el asfalto la silueta de una pata perruna, y de un animal considerablemente grande además. Entre mancha y mancha había aproximadamente unos cincuenta centímetros de distancia, y el camino continuaba, a veces recto, a veces curvo, durante un buen trecho que se perdía a mi vista. Seguí las huellas. 

Y para mí, señora, tener a un ser vivo con el cuello abierto de lado a lado a punto de morir de infección delante de mí es motivo suficiente para reaccionar. Después me preocuparé de mirar si es animal o persona

Mientras caminaba, mirando al suelo en todo momento y pendiente de no perder el rastro, la experiencia ya me iba aconsejando que me preparase: al final de aquel camino hallaría un pobre animal herido… o muerto. La experiencia me lo decía. Y me recordaba cómo tenía que actuar, cómo tenía que proceder. Yo sabía lo que quería hacer. Si el animal estaba herido, pediría ayuda y me quedaría con él hasta que estuviera en buenas manos. Pero bien podía ser que me estuviera dirigiendo a un cadáver, a uno de los tantos que a diario no lo consiguen y no llegan a la mañana siguiente. Estos pensamientos me invadieron durante los menos de cinco minutos que duró mi “rastreo”. Tras un par de curvas y un pequeño escalón, el reguero de sangre acabó; las huellas llegaban directamente a la puerta de una clínica veterinaria.

De camino a la facultad me puse a reflexionar: ¿Cómo explicar el alivio que sentí? Por el hecho de saber que aquel animal ya tenía alguien que se responsabilizaba de su vida (y que, por cierto, nunca iba a saber el susto que me había dado), de ver que él sí lo había conseguido, que era afortunado, que alguien había a su lado que se preocupaba de que viera el sol cada mañana… ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo explicar que un día cualquiera, a las ocho de una mañana cualquiera, te puedes topar con una situación así y vas a decidir implicarte y preocuparte por una vida ajena a ti, cuya existencia antes desconocías? ¿Cómo explicar la sensación de alarma, de alerta, al ver esa sangre en el suelo y decidir de forma automática que vas a llegar hasta el final y que vas a ayudar a ese ser vivo sin importar nada más?

De camino en el autobús llamé a un familiar para contarle lo que me había pasado: quería compartir mi alegría y mi alivio, verdaderamente estaba feliz. Mientras relataba la historia a mi interlocutor, una señora sentada a mi lado me lanzaba miradas de burla y compasión. Estaba pensando: “Pobre imbécil; con lo mal que está el mundo y ella se preocupa por un perro que ni siquiera es suyo”. Y yo quise preguntarle a esa señora: “¿Y si hubiera sido un niño? ¿Y si hubiera sido una mujer maltratada? ¿Y si hubiera sido el borracho del barrio que se había metido en una pelea la noche anterior y estaba tirado en una esquina tratando de recuperarse de la paliza? ¿Y si hubiera sido un señor mayor que se había caído por la calle y se había arrastrado pidiendo socorro? ¿Y si, sencillamente, era alguien que necesitaba ayuda?”.

Quise preguntárselo, pero no lo hice. No lo hice porque sabía la respuesta que me iba a dar, esa respuesta que parece tan clara, lógica y sencilla que no se explica cómo todavía hay quien formula la pregunta. Esa señora me habría dicho: “Es que es un animal. Si hubiera sido una persona sería diferente”. Y yo, nunca conforme, tengo que preguntar que por qué. ¿Por qué? ¿Por qué son diferentes? ¿En qué punto exacto de nuestro complejo entramado moral se ha decidido desamparar a quien necesita ayuda por no ajustarse a la definición de “humano”? ¿En qué momento se decidió negar asistencia y socorro a un ser que se desangra en la calle, a un ser que agoniza durante horas mientras la cuerda consume sus últimos minutos de vida, a un ser que se retuerce impotente tratando de respirar mientras el agua va llenando sus pulmones, porque los ladrillos atados a sus patas le impiden salir a la superficie? ¿En qué momento perdimos el rumbo? ¿O tal vez nunca lo tuvimos? No lo sé. Pero yo quisiera ahora contarle a esa señora mi porqué. El porqué de mi alivio, el porqué de mi alarma, el porqué de mi alegría al descubrir el final de aquellas huellas.

Signos de interrogación

Verá, señora, estoy cansada. Estoy cansada de oír que soy una hippie, que soy una perroflauta (nunca más oportuno el término), que estoy loca. Porque son animales. Usted me habla de personas, me habla de humanos, de cuántos niños mueren de hambre al día en todo el mundo. ¿Conoce usted la cifra de cuántos animales mueren de hambre al día en todo el mundo? ¿Acaso no es lícito, no es humano, ofrecer alimento y amparo a quien lo necesita? Verá, señora, estoy cansada de encontrar gente que me dice que no ayuda a los animales porque no le gustan. Esa es la triste realidad con la que nos topamos a diario quienes hemos elegido consagrar nuestra vida al último eslabón de esa cadena formada por víctimas de la miseria: el ayudar se asocia con un gusto obsesivo por los animales. Un gusto molesto, incluso, ya que no nos dejan dormir cuando se colocan en la puerta de casa gritando para que no asesinen al perro de la enfermera infectada por ébola. Déjeme contarle, señora, que no es así.

El porqué, señora, MI porqué, va mucho más allá de los gustos y de esa lacra especista que tanto nos envilece. Son seres vivos, señora. Más allá del vínculo emocional que cada cual pueda establecer con los animales, son seres vivos. Seres que sufren, que padecen, que lloran (¡sí, se lo aseguro!), que PIDEN ayuda. Más allá de lo que yo pueda sentir por ellos, más allá de mi nivel de implicación emocional que yo decida (o no) alcanzar, hay otro tipo de nivel de implicación, de compromiso con nuestro entorno y los miembros que lo forman. Existe una cosa llamada causa social a través de la cual uno se torna mejor persona. Existe algo llamado solidaridad y empatía que no entiende de especies. Y para mí, señora, tener a un ser vivo con el cuello abierto de lado a lado a punto de morir de infección delante de mí es motivo suficiente para reaccionar y hacer algo, para recogerlo, llevarlo a casa, curarlo, gastar mi dinero en médicos y medicinas. Después me preocuparé de mirar si es animal o persona.

El porqué de esto, señora, es ridículamente sencillo: estoy salvando una vida. Estoy aportando a ese ser y también al mundo cosas para cuya grandeza no existen palabras en ninguna lengua. Estoy contribuyendo a construir y no a destruir, estoy desarrollando un bellísimo respeto por la vida ajena, sin matices, sin condiciones. Si todos y cada uno de nosotros hiciera algo, por todos los eslabones de esa cadena, la miseria no tardaría en desaparecer. Pero es muy fácil sonreírse con suficiencia desde el asiento del autobús y luego llegar a casa y desperdiciar comida, por ejemplo.

Criticamos, insultamos y rebajamos a esas personas que han decidido aportar su grano de arena porque en vez de irse a África a ayudar a los niños se quedan aquí y ayudan a los animales. Sin embargo, para mí no hay diferencia, mujer. He hecho una elección. Y todavía hay quien me dice que si tal es mi grado de implicación y compromiso, que entonces soy una hipócrita porque ayudo a unos más que a otros. Déjeme preguntarle a quién ayuda usted. Yo dono ropa, comida, medicamentos, material escolar y además salvo vidas. Sí, salvo vidas. Vidas animales. Vidas que cuando logran ponerse de pie me lloran de agradecimiento y me entregan su corazón sin reparos.

Usted no sabe lo que es eso, señora. Así que borre esa sonrisa irónica de la cara. Porque la grandeza de espíritu se alcanza cuando se toma conciencia de que no hay barreras ni diferencias de especies. Se alcanza cuando, un viernes a las ocho de la mañana, uno decide responsabilizarse de una existencia ajena antes de saber siquiera si está viva o muerta. ¿Que por qué? Pruébelo. Y hallará la respuesta.

Ángeles Romero Ángeles Romero

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El fin de la creatividad ética

Killer Karaoke

Se acabó la creatividad ética. En la pugna por la audiencia por parte de los grupos televisivos, productores y guionistas agudizan su ingenio para conseguir un alto porcentaje de share. Esto hace que algunos productos televisivos de moda, como son los programas de cocina, rocen lo snaff. De esta manera, obtenemos escenas en las que los realizadores se recrean con la imagen de un concursante practicando karate con la cabeza de un atún muerto o poner a una concursante vegana delante de una cabeza de cerdo para que la cocine.

A no ser que lo impidamos, las cadenas de TV seguirán haciendo espectáculos con animales, tratándolos como cosas y no como individuos que son: con personalidad, sensibilidad e intereses

En esta lucha por la cuota de pantalla, siguiendo con otro formato favorito de la audiencia como es el de descubrir o redescubrir cantantes, se ha importado un nuevo programa: se trata de seguir cantando “pase lo que pase” (Killer Karaoke). Eso incluye meter la mano en una caja de víboras, o que te pongan una tarántula en el hombro. Está claro que estos animales controlados fuera de su hábitat sienten más miedo y estrés que los propios concursantes.

Mientras la sociedad no entienda que los animales no humanos tienen sistema nervioso, y que por tanto sienten como nosotros, las cadenas de TV seguirán haciendo espectáculos con animales, tratándolos como cosas y no como individuos que son, con personalidad, sensibilidad e intereses. ¿Qué será lo siguiente: cantar mientras se cocina en una plaza de toros? ¿Salto de trampolín de famosos en un delfinario? ¿Gobernantes armados con arco y flecha en la sabana africana? ¿Modelos haciéndose sus propios vestidos con pieles de animales? No quisiera yo dar más malas ideas.

Abel Santos Abel Santos

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Trazar la raya

trazar rayaLos sucesos acontecidos en las últimas semanas alrededor del (mal)trato animal en España:  la ejecución de Excalibur, los festejos crueles como las becerradas y el Toro de la Vega… y frente a ellos, la reacción social ante estos infames actos, han dibujado, como pocas veces antes, un escenario claro de sentir social y su infausta respuesta política.

Debemos trazar una línea que separe a los políticos que mantienen costumbres crueles hacia los animales y a quienes no podemos aguantar esta nauseabunda crueldad institucionalizada

Por un lado, el PP en su línea de total desprecio hacia el respeto y bienestar animal ha mantenido sus posturas, incluso reforzándolas con la nueva Ley de Caza, donde permitirán prácticas como la ejecución a tiros de perros y gatos, la caza con lanza o la posibilidad de que un chaval de 14 años salga armado a matar animales. Los Populares han seguido apoyando sin tibieza las becerradas en Algemesí y el Toro de la Vega y sus dirigentes son responsables de la ejecución de Excalibur.

Por otro lado tenemos al PSOE, en juego esquizofrénico de hoy soy animalista y mañana taurino, hoy pretendo sacar una ley de protección animal y mañana mantengo entre mis filas al alcalde de Tordesillas, hoy me hago fotos en perreras y mañana sigo sacrificando miles de  perros y gatos allí donde gobierno.

mani por excaliburEn medio de ambos yacen IU y UPyD. A Izquierda Unida deberían someterlos a una terapia de pareja entre sus ediles y la cúpula del Partido. Mientras unos apoyan matanzas de lobos (Asturias), organizan y fomentan nuevos festejos taurinos en Andalucía, los otros se empeñan en mostrar un semblante de respeto y apoyo a las demandas animalistas. Mucha incoherencia, ¿o quizás una estrategia de engaño perfectamente planteada?

De UPyD poco más que IU, con la diferencia de que gobiernan en pocos sitios por lo que siempre pueden alegar su imposibilidad de cambiar las cosas. Eso sí, a la hora de votar siempre están con los ‘cazalobos’ y con los ‘tauricidas’.

Y luego jugando por las bandas, que decir de Compromís y su defensa de la caza de pájaros con pegamento (parany), o la CHA apoyando festejos taurinos en Aragón, Esquerra y CIU con su defensa a ultranza de los correbous

Ante este panorama, las personas normales (sí, normales, porque es anormal disfrutar con el maltrato animal), debemos trazar una línea que separe claramente a quienes se mantienen en costumbres y prácticas crueles hacia los animales, obviando el sentir de la mayoría de la sociedad  y por otro lado, a quienes no podemos aguantar ni un segundo más esta situación nauseabunda de crueldad institucionalizada por parte de quienes deberían de velar por la ética más básica.

Nuestras opciones, decisiones y elecciones que manifestemos en los meses próximos deben ser un alegato en favor de los que no tienen Voz. Debemos dar un giro de 180 grados a esta ponzoña moral donde han inmerso a España. Ni nosotros, ni los animales, merecemos seguir sufriendo su vileza.

Luis Víctor MorenoLuis Víctor M. Barbieri

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Contra la impunidad

Moratón en el ojo del perro

Lamentablemente, lo que sucedió fue así: 

El tipejo, en vista de que no conseguía del todo su propósito, le dijo al anciano que él mismo se encargaría de matar a su perro

El día 3 de este mes de octubre, un abuelo de 84 años sacó a pasear al perrillo de su nieta por las afueras de una pedanía de Cuevas de Almanzora (Almería). Iban por el campo y el pequeño perro, de tan sólo 3,5 kilos, se introdujo por el hueco del vallado de una finca. Algo normal y nada lesivo para el propietario del terreno. Al otro lado, en el interior, apareció de improviso un cobarde energúmeno acompañado de un perro de una raza de tamaño grande y lo azuzó contra el pequeño. El tipejo, en vista de que no conseguía del todo su propósito, le dijo al anciano que él mismo se encargaría de matarlo. Pese a las súplicas del abuelo para que se apiadase del minúsculo can, comenzó a patearlo con saña. Después, cuando se hallaba moribundo, lo aplastó contra una plataforma de cemento.

Alfonso Gómez, que así se llama el anciano, desolado pidió ayuda a una pareja de vecinos ingleses que recogieron el cuerpo inerte del perrillo y lo llevaron a un veterinario, que sólo pudo certificar la bárbara muerte. En el parte que extendió para adjuntarlo a la denuncia ante la Guardia Civil, dijo que el pequeño perro estaba reventado por dentro. “En mis 14 años de ejercicio profesional jamás había visto tal ensañamiento con un animal”, manifestó conmovido.

Alfonso Gómez no sólo tuvo que presenciar impotente la atroz vesania de la muerte del perrillo de su nieta, sino también escuchó las risas y las amenazas hacia él que profirió el criminal, un rastrero engendro del que nadie habría lamentado su inexistencia. Esta perla tiene 18 años y se supone que, al menos, ya habrá tenido que ir a declarar a la Guardia Civil, pero que a fecha de este escrito continúa en completa libertad pese a su heroica hazaña.

Se sabe el nombre y el apellido del abuelo, que tenía entre algodones al perrillo de un año porque era de su nieta, hija de un hijo ya fallecido. Sin embargo, de la escoria juvenil que causó ese mal, su identidad no ha trascendido a la prensa.

Moratón en el abdomen del perro

Una asociación protectora de Almería ha decidido personarse como acusación particular. Hará todo lo posible, todo lo que legalmente se contemple en la normativa para que el malparido sea condenado. Pero éstos no son más que justos deseos y palabras porque en España existe una casi completa impunidad para cobardes monstruos como el de marras. Nadie, pero absolutamente nadie en esta nación gobernada por una casta política a los que los animales importan una higa, ha ido a la cárcel por un crimen de estas características. Todo lo contrario de lo que sucedería en el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia o cualquier país culto.

Desde mediados del verano, la periodista y escritora Rosa Montero ha puesto en marcha una petición de recogida de firmas a través de internet para presentarlas al Gobierno en apoyo de su propuesta de una única —no 17, como sucede actualmente con las taifas— ley de protección a los animales, que de verdad cumpla con su título. Una ley efectiva y de consecuencias ejemplarizantes contra la basura humana capaz de machacar hasta la muerte al perrillo de tres kilos y medio de Alfonso. O contra los malnacidos que hacen que España ostente el récord europeo de abandonos de perros, gatos u otros animales domésticos. O contra los que tiran la llave de la cuadra y dejan morir de hambre y sed a sus caballos.

Contra esa asquerosa tribu de detritus con carné de identidad, Rosa Montero pide la colaboración de todos los ciudadanos cabales para poner fin a la más siniestra impunidad. Porque la lamentable legislación actual es así y es preciso cambiarla.

Cualquiera que lo vea de esta forma y quiera expresar su grito de rabia, sólo tiene que firmar aquí en la petición de Rosa. Un sencillo y simple gesto para aspirar a una justicia que ya es tardía.

Gabriel TéllezGabriel

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Empezó la rabia

Viñeta de Excálibur y niño africano

Muerto el perro…

Más de 3.300 personas han muerto a causa del virus del ébola en los últimos meses. Mujeres, hombres, niñas, niños. Familias enteras devastadas por la enfermedad. Más de 7.000 personas están infectadas o permanecen en observación ante el temor de un posible contagio. Mujeres, hombres, niños y niñas que están sufriendo en este mismo momento, temiendo por sus vidas cada minuto. 

De pronto, la prensa, las redes sociales, la calle se inundan de reacciones a la condena y posterior asesinato de un perro. Qué frivolidad. Qué despropósito. O tal vez no

Cientos de personas deciden arriesgar su vida por ayudar a esas miles de personas inocentes. Un drama con el que nos levantamos cada mañana y que se recrudece diariamente. Son muchas personas. Mucho sufrimiento. Y, de pronto, la prensa, las redes sociales, la calle se inundan de reacciones a la condena y posterior asesinato de un perro. Sí, un perro. Qué frivolidad. Qué despropósito. Qué sinrazón. O tal vez no.

El asesinato de Excálibur –porque, sí, ha sido asesinato y no un caso de eutanasia, como eufemísticamente lo han llamado– representa mucho más que el haber puesto fin a la vida de un animal. Es, ante todo, una muestra de retraso moral y un ataque a los principios éticos más básicos. Un acto cruel que nos empobrece moralmente. Así de simple y así de triste.

Kant, el gran representante del pensamiento ilustrado, situó a la razón y a la dignidad humanas en el centro de la teoría moralidad. Todos los seres humanos –y sólo nosotros– tenemos conciencia moral y poseemos una dignidad inviolable. Sólo nosotros, humanos, somos fines absolutos. Nunca medios. Como sí lo son, claro, los otros animales. Nosotros somos los que contamos, reyes supremos del universo, los únicos que merecemos respeto. Lo demás, todo y todos, no son más que nuestros instrumentos. Qué grandeza.

Pero no vivimos en ese siglo XVIII. Por suerte. Estamos en el siglo XXI. Evolucionamos. La ciencia y la tecnología avanzan, el pensamiento cambia y la ética progresa. De hecho, ya Bentham, contemporáneo de Kant, planteó que lo que le otorga a un ser el derecho a la consideración moral no es la razón, sino su capacidad de sufrimiento. Esa capacidad para sufrir es lo que importa desde el punto de vista ético. Es la línea infranqueable. Porque no es una capacidad cualquiera ni tampoco está escogida sin fundamento. Evitar el dolor es un interés básico de todo ser sensible y la condición para todos los demás intereses. Y somos muchos, desde entonces, quienes hemos aceptado que así es. Porque, efectivamente, el sufrimiento es moralmente relevante. Pero no sólo el nuestro. Porque nadie puede poner en duda que no somos los únicos seres capaces de sufrir. Muchos otros animales –personas no humanas, como dice el filósofo Peter Singer– también lo hacen y ese hecho los convierte en pacientes morales. Y nos exige a nosotros, agentes, que los tengamos en cuenta.

Hace ya mucho tiempo, pues, que la reflexión ética amplió el círculo de los que forman la comunidad moral, con argumentos contundentes y razonamientos sólidos, más allá del ser humano. Pero con ello no se nos deja de lado ni se nos resta importancia. Que nadie tema. Preocuparse por el perro asesinado no significa dejar de hacerlo por las personas afectadas por el virus. Es preocuparse, además, por el sufrimiento de un animal. Y eso no es una frivolidad. Es una cuestión de riqueza moral.

Esta muerte representa, además, una brutal falta de respeto. Y no me refiero sólo hacia el perro, cuya vida ha sido considerada por el gobierno de la Comunidad de Madrid como insignificante, carente de valor e indigna de cualquier consideración. Es, también, una falta de respeto brutal hacia sus dueños, que hicieron una llamada desesperada desde su aislamiento para que no se cometiera tal crimen, de manera tan precipitada y despiadada, sobre alguien al que querían como a un miembro de la familia. Porque es así. Formaba parte de su familia. Pero eso ha dado igual. Y les han recordado, así, que el virus no es lo único que los mantiene impotentes. Es, además, una falta de respeto hacia todos aquellos que, desde nuestra humilde posición de pueblo llano e ignorante (porque así es como deben de vernos) intentamos hacer algo por impedir que esos arrogantes e inmorales gobernantes (porque así es como los vemos) actuaran como tales. Había alternativas, no una única solución. Pedir que se piense un poco más antes de actuar, que se escuchen otras voces, no parece pedir demasiado. Pero sí, para ellos, lo es. Total, sólo era un perro. Pero es un signo más de lo que somos para quienes gobiernan y de cuál es su nivel moral. Uno más que añadir a la larga lista de insultos que recibimos cada día. Nada nuevo. Así de simple y así de triste.

Pero esto no acaba así ni aquí. Muerto el perro, empezó la rabia (que la ética nos acompañe).

María Ángeles Arráez MonllorM.Arráez

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El infierno de los galgos ha llegado

Harrison abandonado

Harrison abandonado

Ayer, la Junta de Andalucía abrió la veda para la caza menor, donde se recogió la caza de la liebre. El sábado, día 11, se abrió la veda para caza mayor.

Ha llegado el fin de semana más esperado para cerca de 70.000 cazadores que tienen licencia en Córdoba

El fin de semana más esperado para cerca de 70.000 cazadores que tienen licencia en Córdoba ha llegado (sí, 70.000 tíos con escopetas). El sábado se abrió la veda general para la caza mayor, mientras que ayer domingo se permitió la actividad en las principales especies de caza menor (incluida la veda para la que utilizan como herramientas a los galgos los galgueros asesinos: la caza de la liebre).

Natalia operada de una rotura de ligamentos en una de sus patas

Natalia operada de una rotura de ligamentos en una de sus patas

Estas semanas previas al inicio han estado marcadas por la intención del Ministerio de Empleo al exigir la afiliación a la Seguridad Social de los rehaleros (los maltratadores de perros de caza) tras considerar que, en muchos casos, es una actividad profesional y no deportiva. Los rehaleros evidentemente se niegan a afiliarse.

Pese a esto, en la provincia de Córdoba se han organizado entre el sábado y el día 15 Octubre más de una treintena de cacerías (31), de las que 19 serán monterías (normales y mixtas), a las que se unen 7 ganchos (normales y mixtos) y 5 batidas de jabalí en 16 municipios de la provincia. Vamos, una salvajada de monterías con un único objetivo: asesinar a muchas especies de animales.

Repsol abandonado en una gasolinera

Repsol abandonado en una gasolinera

Y mientras, los galgueros ya andan por los campos andaluces cazando liebres con sus galgos. En unos días los galgos que no les sean útiles aparecerán abandonados en gasolineras, en las calles de pueblos y ciudades, entregados en perreras o asesinados. Para nosotros, la Asociación Galgos del Sur, comienza el trabajo duro: previamente a la apertura de la veda ya hemos recogido a dos galgos abandonados (Repsol y Harrison) y esta semana hemos sacado de la perrera a Natalia con una rotura de ligamentos. ¿Cuántos galgos recogeremos de aquí a marzo abandonados? ¿Cuántos galgos recogeremos de aquí a marzo con patas rotas? Ojalá no sean muchos, pero la experiencia nos dice lo contrario.

Javier Luna

 Asociación Protectora de animales Galgos del Sur

Javier Luna

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Excálibur: una vida

ExcáliburEste no es un mensaje para animalistas; este es un mensaje integrador.

Siempre hay vidas en el mundo esfumándose o pendiendo de un hilo. Vidas de seres vivos que se llevan trocitos de otras vidas. Trocitos de otras vidas que aún viven. Y resulta que estos somos nosotros (seguro que sabéis de lo que os hablo). También hay vidas que acaban con otras vidas. Unas veces adrede; otras, sin querer. Y estos últimos que lo hacen sin querer suelen cargar con el tatuaje de la culpabilidad para siempre.

¿Veis a la Ministra o al Consejero de Sanidad de Madrid cargar con un ápice de culpabilidad? ¿Nada? Señoría, no hay más preguntas

Ahora, obviando los demás casos y centrándonos en nuestra actualidad más cercana y directa, decidme: ¿Veis a la Ministra o al Consejero de Sanidad de Madrid cargar con algún ápice de culpabilidad? ¿Alguna pista de posible consternación? ¿Nada? Señoría, no hay más preguntas.

Este Gobierno ha acabado hace dos días con una vida. Una vida llamada Excálibur considerada menos valiosa por ser un perro. ¿Qué criterios se siguen para considerar una vida más valiosa que otra? Lo digo porque yo no soy capaz. Vale, suponemos que los humanos, los grandes humanos somos el centro y los seres vivos más valiosos que existen. Tenemos poder frente a los animales, por ejemplo, porque gozamos del uso de la razón y de un lenguaje articulado. Ese poder nos hace superiores. Y por ese poder dejamos de tenerlos en cuenta inmediatamente (por suerte no todos son así, pero ahora entendéis mucho mejor a los altos cargos políticos o a las grandes multinacionales que gozan de cierto poder, ¿verdad? Desde esta óptica, nosotros somos sus animales).

Excálibur ladrandoCreo que este Gobierno ha actuado precipitadamente y se ha equivocado con el sacrificio de Excálibur sin conocer su estado de salud (por no mencionar la intranquilidad de los vecinos que han podido tener contacto con él). Y no he dicho que sea más importante un animal que un humano: he dicho que creo que han actuado precipitadamente. La Organización Mundial de la Salud insiste en sacrificar únicamente a aquellos animales domésticos que estén contagiados. Excálibur era una vida que ahora se ha llevado un trocito de otras vidas, y no sólo de sus dueños, porque Excálibur era más que un animal (y ahora entenderéis, los defensores radicales del antropocentrismo, el porqué de tanto revuelo): Excálibur era un símbolo, una oportunidad para que la Sanidad recobrase la calma y actuase con control, una oportunidad integradora (porque salvarlo no implicaba que otro ser vivo muriese), una oportunidad para que el Gobierno nos escuchase, a nosotros, sus animales. Por no mencionar la opinión de otros médicos y veterinarios (que también son sanitarios, como apuntaba Carlos Rodríguez, el veterinario al que cedieron la custodia del perro). Pero Excálibur era sobre todo una vida, y todos los que nos preocupamos por ella nos preocupamos también por las del resto, de cualquier raza, de cualquier especie.

Esto no ha sido sólo culpa de los políticos (es una palabra que odio usar a estas alturas por la cantidad de connotaciones que tiene), sino de los gestores de lo público, de los responsables de su funcionamiento en general (trajes insuficientes en su protección –nivel 2 en lugar de nivel 4–, nula formación, un fracaso de seguimiento preventivo… Una cadena de corrupción de las responsabilidades individuales).

En fin, es un tema difícil con una actuación igual de complicada. Pero lo que verdaderamente me preocupa, aparte de todas las vidas que están esfumándose o pendiendo de un hilo, es la actitud del Gobierno. Esa soberbia como la que muestra el consejero Javier Rodríguez al acusar a Teresa Romero de mentir o al decir: “Si tuviese que dimitir, dimitiría. Soy médico y tengo la vida resuelta”. Agradezco su franqueza, pero no muestra ni un ápice de culpabilidad, aunque tampoco me sorprende: lo que siempre he admirado de los perros y he echado de menos en los humanos es que ellos sí saben cuándo agachar las orejas.

Ánimo, Teresa. Ojalá llegues a leer esto. Sálvate y haz justicia.

Lorena Vargas Lorena VargasTortosa

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Mayoría silenciosa

mayoria silenciosa
*Mayoría silenciosa es un concepto de sociología y política. Se refiere al conjunto de la población que no expresa su opinión en público.

La mayoría silenciosa beneficia siempre al opresor. Es hora de dejar de ser “mayoría silenciosa” y pasar a ser la Voz de los Sin Voz

Es un concepto utilizado por dirigentes políticos para manifestar su legitimidad y la de sus decisiones ante protestas masivas en contra de éstas, apelando a que la mayoría de las personas, al no unirse a las represalias, da su conformidad a sus medidas. En los casos más extremos, el gobernante llega a afirmar que todo aquél que no protesta de forma visible contra sus decisiones, las apoya, obviando la posibilidad de que personas disconformes con sus acciones se hayan quedado en casa.

Del mismo modo, el recurso de apelar a la mayoría silenciosa ha sido utilizado por dictadores y mandatarios de regímenes totalitarios para legitimarse a sí mismos publicitando la ausencia de protestas contra sus acciones, motivada en realidad por la represión política inherente a estos sistemas.

Excepcionalmente, el concepto de mayoría silenciosa es utilizado de forma totalmente opuesta para definir a una población contraria al régimen establecido, que lo sufre en silencio, con miedo a las represalias, hasta el momento en el que esta se rebela contra el poder.

El concepto de “mayoría silenciosa” se empezó a utilizar en el siglo XIX, pero tal y como hoy en día conocemos su significado y quien le dio mayor relevancia fue el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, en 1969. En un discurso a la nación, en la que informaba de su decisión de que el país continuara batallando hasta el final en la Guerra de Vietnam, pidió el apoyo de la mayoría silenciosa de sus conciudadanos, en contraposición a las multitudes que pedían la retirada de las tropas.

Este concepto beneficia siempre al opresor y si lo estudiamos dentro del movimiento de Defensa de los animales, esta “mayoría silenciosa” es el mayor cómplice del sufrimiento, explotación y muerte de miles de millones de animales cada año.

Rajoy mayoria silenciosaCada día y en todos los puntos de la geografía española se producen casos de maltrato animal, sería imposible contabilizar cuantos casos son “invisibles” a la opinión pública.

El caso más actual, el de Marinaleda, no es un caso aislado, ni será el primero ni el último. En una lista interminable de actos crueles y abominables cometidos por el ser humano contra los animales, es un claro ejemplo de la culpabilidad de una “mayoría silenciosa”, además de unirse a toda esta historia el concepto de “menores procedentes de familias “desestructuradas” que de una forma inconsciente dan “permiso publico” a que sus actos salgan impunes.

Jóvenes menores que asaltan viviendas para robar perros o gatos, los torturan y asesinan, pero sus propietarios por miedo no denuncian, eso es “mayoría silenciosa”, vecinos que saben quienes son o que han sido testigos de estos hechos y callan por miedo, esto es “mayoría silenciosa”, las autoridades competentes que sabiendo quiénes son y cómo frenar esto, miran para otro lado, esto es “mayoría silenciosa”.

No es el único caso, no es posiblemente el más grave, aunque les haya costado la vida a más de 30 animales. ¿Cuántos casos como estos son invisibles por culpa de una “mayoría silenciosa”?

Vivimos en un país acomodado, incapaz de salir a luchar a la calle ni por sus propios derechos, y nuestros “gobernantes” apelan a la “mayoría silenciosa” que no se manifiesta y que entonces se consideran partidarios de la “opresión”. ¿Qué esperamos entonces que hagan por los animales?

El movimiento por los Derechos de los animales no es minoritario, son miles o incluso millones de personas las que están en contra de algún tipo de maltrato animal, pero son parte de una “mayoría silenciosa”.

¿Cómo es posible que la tauromaquia siga viva cuando más del 70% de la población española la rechaza? Yo os lo diré, “mayoría silenciosa”.

¿Cómo es posible que miles de casos de maltrato animal sean cometidos y nadie sea declarado culpable, ni siquiera llevado a juicio? Yo os lo diré, “mayoría silenciosa”.

¿Cómo es posible que cada año se persiga y lance hasta la muerte a un toro en Tordesillas en pleno Siglo XXI? Yo os lo diré, “mayoría silenciosa”.

Podríamos esgrimir cientos o incluso miles de preguntas como esta, y todas obtendrían la misma respuesta, “mayoría silenciosa”.

No es momento de callar, no es momento de ocultarnos por miedo, no es momento de dejar morir a millones de animales simplemente por no formar parte del cambio, los animales nos necesitan, necesitan tú voz, necesitan tú ayuda, necesitan tú compasión.

No pretendo juzgar ni atacar a nadie, pretendo hacerte ver que formar parte de esa “mayoría silenciosa” solo beneficia al opresor, al torturador, al asesino…..

Tú silencio te hace cómplice.

 

Javier Navarro AlbalJavier Navarro

Fundador de Alma Animal y Coordinador del Partido Animalista en Albacete

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Lo que la música esconde

musica y torosEn un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no debería acordarme, asistía todos los años a las corridas de toros correspondientes a las fiestas patronales de agosto para tocar con la banda municipal. Soy antitaurina y no como carne, pero me engañaron. Me engañaron porque al principio, cuando me negué a colaborar, el director me confesó: “A mí tampoco me gustan los toros, pero cuando un músico se pone el traje desaparecen los sentimientos, las ideologías y las creencias. Somos como un payaso; hay que ir a tocar impasible”. Y así me vi: embutida en el traje y desfilando en el ruedo antes de que comenzase la carnicería.

En el primer toro comenzó el duelo. En el segundo, el llanto. En el tercero, la ira. En el cuarto, la desesperación. En el quinto me negué a seguir tocando

“No hay sentimientos”, me repetía una y otra vez. Primera salida que indicaban las trompetas. Peludo era su nombre. La última vez que había estado en una corrida de toros con amigos cuando era pequeña, lloré, pataleé, grité, insulté. Y entonces, apenas unos meses antes de cumplir la mayoría de edad, tenía que permanecer impertérrita porque estaba allí en nombre de la banda, un conjunto, un oficio y “no había sentimientos”. En el primer toro comenzó el duelo. En el segundo, el llanto. En el tercero, la ira. En el cuarto, la desesperación. En el quinto me negué a seguir tocando. Y en el sexto abandoné la plaza.

Continué asistiendo los años siguientes. Seguía engañada pensando que el imperativo de no-hay-sentimientos me iba a salvar de la tortura que suponía ver ese injusto espectáculo. Pero sobre todo continué asistiendo pensando en otros músicos antitaurinos de otras bandas -e incluso de la mía- que renunciaban a su sensibilidad por la profesión. Si ellos lo hacían, ¿por qué yo no? Dejar tirada a mi banda sería un acto de inmadurez.

Seguí incapaz de permanecer impasible. Ya no solo gritaba a esos bárbaros: ahora discutía mientras aguardaba junto a ellos nuestra salida al ruedo. Así que continué asistiendo a cambio de reivindicar la libertad de los animales: dejaba de tocar, alzaba la voz o era observada mientras me iba furiosa de aquella plaza. Incluso charlaba con los más taurinos de la banda cuando el pobre toro bramaba de dolor, a juzgar por su sangre, y hasta ellos comenzaban a mirar recelosos al ruedo. Sólo hay que olvidar nuestra educación, lo que hemos aprendido en casa y escuchar y valorar otros puntos de vista. No me pudieron negar que aquello que veíamos en directo era una tortura, a pesar de su afición. Y, repito, tras establecer cierta empatía con ellos, miraban recelosos al ruedo.

matadorMe engañaron: por supuesto que hay sentimientos. Por supuesto que duele ver esa criminalidad detrás de la partitura. Duele pensar que formaba parte de ese espectáculo. Duele pensar que colaboraba para que siguiese adelante. ¿Qué sería de una corrida de toros sin música? La salida del toro, la entrada del picador, del banderillero, la calidad de la faena del matador -hasta el nombre espeluzna-, todo lo contamos nosotros a través del aire. La música es su alma. La música disfraza los mugidos del toro cuando está siendo mareado y debilitado. ¿Por qué ir a tocar impasibles? Jamás hubiese aceptado ir a deleitar la asfixia de los pobres judíos en las cámaras de Auschwitz, demonios. ¿Por qué esto? Ay, españolito, qué confundido estás. Me encantan los pasodobles, pero están manchados de sangre.

Somos algo más que una formación conjuntada y sumisa. Tenemos nuestra propia voz, un instrumento muy valioso, como sabéis. ¿Por qué no empezar reivindicando desde algo imprescindible para ellos? Pensadlo todos. Diez músicos de mi banda son antitaurinos, pero nadie lo sabía hasta que no empecé a verbalizarlo. Y es muy posible que dentro de pocos años dejen de ir a tocar a esos festejos porque ahora hay más de uno que grita al torero. Y las nuevas generaciones que llegan a las bandas son cada vez más antitaurinas.

Que no se dejen engañar, como yo hice: dedicarse a la música no implica renunciar a la sensibilidad y al humanismo, aunque muchos lo hagan; al igual que dedicarse a la política no implica robar, aunque otros muchos también lo hagan.

Lorena VargasLorena Vargas

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