LAS MENTIRAS DE LOS CAZADORES II

Las mentiras de los cazadores viñeta

Los cazadores se declaran controladores de plagas y reguladores del medio. Dicen que matan por necesidad,  para ayudar a los ganaderos y a los agricultores, para que los depredadores  no se coman su ganado y para que los herbívoros no acaben con las cosechas. Es decir, matan al depredador para tener pretextos para matar también a la presa, destruyen la cadena trófica causando enormes estragos en el medio.

Ellos niegan que haya jactancia, crueldad o narcisismo en sus actos. Si eso fuera cierto, ¿por qué ese afán de alardear de su cruenta actividad?

En un articulo anterior me centraba en sus falacias. En este artículo hablaré sobre sus motivaciones y pretextos. Ellos niegan que haya jactancia, crueldad o narcisismo en sus actos. Si eso fuera cierto, ¿por qué ese afán de alardear de su cruenta actividad? Las redes sociales, las páginas de caza, las revistas… la mayor parte de las publicaciones cinegéticas muestran fotos crueles de animales masacrados, eviscerados, destruidos.

Estas son algunas de las actividades que realizan los cazadores que demuestran, una vez más, cuáles son los estímulos que les llevan a realizar su despiadada e innecesaria afición.

FOTOS

En una conocida revista de caza y pesca encontré un artículo titulado ‘Siete errores típicos que estropean tus fotos de caza’. En él se hablaba, entre otras cosas, del modo de situarse al lado del cadáver para que la ya menoscabada imagen de los cazadores no sufriera más perjuicio. Por lo visto, colocarse a horcajadas era una falta de respeto hacia la víctima. Muchos remilgos me parecen a mí para tratarse de un animal al que le acaban de arrebatar de forma cruel y tormentosa lo único que tenía: su vida.

Explicaba el artículo que era un error situarse demasiado lejos de la presa para conseguir el efecto óptico de que dicha presa pareciera de mayor tamaño. Decían también que era mejor cortar la lengua del animal para que no quedara colgadera, imagino que nos querían hacer creer que el animal está plácidamente dormidito, que no ha sido tiroteado y masacrado. También relataban el modo de limpiar la sangre para que la foto no diera mala imagen, lo cierto es que parecían instrucciones para borrar las huellas de un crimen… ¿Parecían?

Las mentiras de los cazadores viñeta

LAS FRASES DE CAZA

El orgullo con el que cuelgan en sus redes sociales sus frases cargadas de emoción y poesía es sospechoso también. ¿No habrán sido creados por un servicio de inteligencia soviético para poner freno a los malvados herbívoros que quieren dominar la tierra?

Mis frases preferidas son dos: una que dice “los que nacemos cazadores, siempre seremos cazadores” y otra que vi en un post en el que, al lado de  un espermatozoide vestido y equipado con la indumentaria de caza, se podía leer “yo ya lo tenía claro desde el principio, soy cazador”.

LAS CABEZAS

La decapitación, el degüello, tiene como objeto condenar al sentenciado a muerte a perder, no sólo la vida, sino su propia identidad. El enemigo ha sido vencido y masacrado. Ahora es expuesto para que todos vean lo valientes, aguerridos e invencibles que son.

Las mentiras de los cazadores viñeta

LOS CONCURSOS

Los reguladores de plagas, reguladores de la población y salvadores del planeta, establecen concursos en los que el campeón es el que haya matado al animal más grande o al mayor número de ellos. Y no, no hay jactancia, no hay crueldad, no hay narcisismo, no hay…

Las mentiras de los cazadores viñeta

LOS TROFEOS DISECADOS

Salones llenos de jirafas, leopardos, alfombras de piel de cebra, patas de elefante que hacen las veces de soporte de mesas, cabezas de ciervos decorando paredes, zorros disecados, hasta un galgo disecado he visto.

Si se trataba solo de control de plagas, ¿por qué disecar a quién sólo han eliminado por el bien de la humanidad? Jamás he visto un exterminador de termitas o de cucarachas decorar el salón con los cuerpos de sus víctimas. Y es que es más fácil instalarse en la mentira que en la verdad. La mentira es flexible y se adapta a nosotros como un traje a medida, no tiene límites ni normas y nos permite movernos con libertad e inventar a conveniencia justificaciones que validen nuestras acciones, por muy mezquinas que sean. En cambio la verdad es rígida y está sujeta a normas. Y además es igual para todos, nos guste o no masacrar seres vivos.

Las mentiras de los cazadores viñeta

Demos la espalda todos a esta cruenta actividad y quienes la practican. NO A LA CAZA.

 

                                                                                                    Alicia RoaAlicia Roa

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La diversión de los animales irracionales

ganso

Asombro. Estupefacción. Horror. Son los primeros adjetivos que acuden a mi mente cuando me informan de esta “tradición” de un pueblo toledano. Correr al ganso, la llaman. 

Es necesario que la gente vea con sus propios ojos de lo que estoy hablando. Para comprender, para despertar. Para dejar la indiferencia a un lado

Observo, incrédula, las primeras imágenes de un vídeo con el que PACMA documenta el momento de la celebración -por llamarlo de alguna forma- de esta monstruosa fiesta de la localidad de El Carpio de Tajo. Un hombre o una mujer a caballo y un ganso muerto colgado cabeza abajo de una cuerda, son los protagonistas de este espanto. El objetivo principal es que el jinete, al galope, logre arrancar la cabeza del animal con sus propias manos. Éste será su trofeo, el cual mostrará con orgullo ante amigos y familiares.

Desgraciadamente, existen muchas otras fiestas de este tipo, como puede ser el Día de los Gansos en Lekeitio (Vizcaya). En esta fiesta, el objetivo es sumergirse en el agua aferrado el participante al cuello del animal, mientras que los tiradores, a ambos lados de la cuerda, tiran de ésta para tensarla y que el ganso y el participante salgan con rapidez del agua. El objetivo es repetir esto varias veces sin perder el agarre al ganso, hasta desprender la cabeza.

Es asombroso cómo, en pleno siglo XXI, este tipo de tradiciones siguen sobreviviendo. Y ojo, que hasta donde me llega la información, esto anteriormente se hacía con los gansos aún vivos. Dirán que la crueldad es menor así, matándolos antes. A lo mejor, decirse eso a sí mismos les ayuda a dormir por las noches.

Es sorprendente la capacidad que tienen las personas que celebran este tipo de eventos para no ver la crueldad ejercida, hablando no sólo de aquellos que participan, sino también de los que acuden a verlo, a jalear, a animar al jinete en su sangrienta hazaña, sin olvidar a aquellos que lo financian.

Me apena profundamente ver cómo estos gansos son asesinados y posteriormente mutilados para la diversión de unos cuantos, proclamando una tradición propia del medievo. Me entristece la falta de amor por los animales, la falta de empatía hacia unos seres que no han hecho daño a nadie y, aun así, son tratados de forma inhumana. Me enferma ver cómo el ser humano es capaz de arrancar la cabeza a un ganso muerto por diversión, por competición, por orgullo.

Tengo que reconocer que no fui capaz de terminar de ver el vídeo. Las primeras imágenes fueron suficientes para mí. Náuseas. Pero es necesario que la gente vea con sus propios ojos de lo que estoy hablando. Para comprender, para despertar. Para dejar la indiferencia a un lado y comenzar a protestar activamente contra estas injusticias. Para que el asombro, las náuseas y la rabia, den paso al coraje de exigir a los ayuntamientos que dejen inmediatamente de apoyar y financiar la muerte de animales por diversión. Para concienciar a la gente de que es necesario RESPETAR la vida de los animales.

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Este mensaje de respeto ha sido entendido por algunas de las cuadrillas de Lekeitio, que han comenzado a utilizar gansos artificiales, fabricados con una goma especial que se asemeja a la textura muscular de los animales.

Si difundimos y protestamos por lo que está sucediendo, en un futuro próximo podríamos ver cómo el uso de los gansos será totalmente descartado y sustituido por esta alternativa. Con iniciativas de este tipo, tal vez aún podamos tener la esperanza de conseguir de una vez por todas unas fiestas sin maltrato.

Sil Alonso Sil Alonso

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Verano de injusticias

todo embolado

Ya es verano y ha llegado lleno de injusticias, al igual que cada año. Algunos me responderán: “Es que siempre ha sido así”. Ahora coge tu ordenador, móvil o cualquier aparato electrónico de tu casa y tíralos por la ventana (o dónalos, será más útil) porque toda la vida se ha vivido sin ellos.

Les da igual si se hunde o no, si traga agua o se ahoga, la gente ve cómo sucumbe al cansancio y no hace nada

Con las injusticias me refiero a todas esas fiestas taurinas que la gente espera con ansia o aborrece: vaquillas, Sanfermines, bou embolat, bous a la mar… Vivo en un pueblo en el que, por suerte, aún no ha llegado ninguna de estas fiestas pero que, por desgracia, la peña taurina se está haciendo más y más grande. Os puedo jurar que en ella está lo mejorcito del pueblo (ironía).

Hace pocos años que tengo conocimiento de estas fiestas pero siempre me han parecido horrendas. No hacía falta que nadie me dijera que estaban mal, son tan horribles que cualquier ser humano en su sano juicio pensaría lo mismo que yo. En este saco no entran las bestias que dicen: “Son animales, no hay que olvidarlo. Nosotros somos humanos, es nuestra diversión. Además, el toro no sufre”. No, vosotros no sois humanos.

Mi padre siempre me dice que no voy a poder con las fiestas patronales de cada lugar, que son intocables. Tiene toda la razón, yo no podré con ellas, pero todos juntos sí. Si empezamos poco a poco a mostrar que es un acto bárbaro la gente dejará de verlo como un juego. No sólo hay que decirles “está mal, se prohíbe” hay que enseñarles por qué está mal.

Hace poco fueron los “bous a la mar” en Denia y en este mes de agosto se celebrarán otros tantos, como el bou embolat. Aquí los festeros pagan todas las actividades y, entre estos, hay incluso quienes se llaman a sí mismos antitaurinos por estar contra las corridas de toros, pero que, en cambio, han pagado para que esta otra bestialidad tenga lugar.

Ambos festejos provocan pánico y dolor al animal, uno con fuego y el otro con agua. En el “embolat” colocan grandes bolas prendidas en las astas del animal, estas pueden derretirse y caer sobre sus ojos. El calor, los gritos, golpes, patadas y el aterrador fuego no abandonan al animal en ningún momento.

bous a la mar firmas

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En la web de PACMA pude ver por primera vez el vídeo del pobre toro en el agua y me puse a llorar. El sufrimiento que se reflejaba en la cara del toro me partió el corazón.  En los bous a la mar, el animal corre tras los participantes y estos le empujan al agua donde lucha por no hundirse, mientras le rodean la cornamenta con un una cuerda para arrastrarle. Les da igual si se hunde o no, si traga agua o se ahoga, la gente ve cómo sucumbe al cansancio y no hace nada. Es más, lo empuja.

¿Y si el que sufre esto fuera una persona?. Imagina que, en lugar de un toro cogido por las astas, fuera una persona arrastrada por el pelo, con fuego sobre su cabeza, pateada, quemada, golpeada, muerta de miedo. Pero, ¿sabéis?, no sería posible hacerlo porque los demás animales no son tan sanguinarios y bárbaros como nosotros. Ellos sentirían compasión por nosotros, solo el ser humano es capaz de hacerle esto a otro animal.

Nada de “se ha hecho toda la vida” o “es que somos humanos y tenemos derecho”, NO LO TENEMOS, ningún animal tiene derecho a la tortura por simple diversión.

Concienciemos a la gente de que esto no es necesario, de que está mal, de que el sufrimiento no es bueno, de que los animales también son seres vivos como nosotros, piensan, sufren y todo lo demás. Pongámonos en pie y luchemos, esta barbarie ha de acabar. Y lo hará, estoy segura.

 

 

Angel Musical Angel Musical

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El animalismo como parte de la lucha contra la Violencia

 

no violencia

Ultimamente no pasa día sin que nos despertamos con noticias como el atentado de Niza, que ha dejado 84 muertos tras de sí. Otras cuatro personas han sido heridas de gravedad en Alemania. En Siria 60 civiles, entre ellos varios niños, han muerto esta semana también bombardeados, al ser confundidos con yihadistas. Un doble atentado en Yemen se ha cobrado otras 11 vidas, otro en Irak se ha saldado con 35. Y esto es tan solo una pequeña parte de la violencia que nos rodea. 

Los animalistas luchamos convencidos de que ampliar el círculo de compasión hacia las demás especies nos hará mejores seres humanos

La violencia ha pasado a formar parte de nuestras vidas de tal forma que ya no nos conmueve. Hemos asumido los horrores, la pobreza, las muertes, como si fueran fenómenos naturales y no el resultado de una larga cadena de decisiones equivocadas. Porque en la raíz de atentados, guerras, enfermedades, pobreza, miseria… están la explotación de los más débiles y la discriminación. Con esta última, se excluye al “otro” del círculo de la moral y la compasión, dando como razones su distinto color de piel, religión, procedencia, género… Y se acepta sin parpadear el uso de la violencia contra ese “otro”.

 

Mirada cerdo

La violencia y la discriminación se extienden también hacia aquellos que son de otra especie. Se ha normalizado tanto la explotación de los animales que empezar a reconstruir nuestra relación con el resto de animales desde las cenizas es un duro trabajo: ¿Cómo hacer que el resto del mundo vea lo que no quiere ver? Para muchas personas con conciencia es muy incómodo asumir algunas terribles verdades; es más fácil no mirar, engañar al cerebro, sustituir mentalmente lo que está pasando por otra realidad que nos permita vivir más tranquilos. Pero mientras miramos a otro lado, siguen muriendo todos esos seres iguales a nosotros, si no en apariencia, sí en dolor, sufrimiento y miedo.

Los animalistas luchamos para terminar con la masacre, el maltrato y la explotación a la que los seres humanos hemos sometido al resto de los animales a lo largo de la Historia.

Esta violencia sistemática hacia ellos abarca desde el maltrato que se les inflige en granjas, zoológicos, laboratorios, circos , etc, hasta la actividades como la caza y la tauromaquia, en las que millones de animales son mutilados y masacrados anualmente. Afrontar la lucha animalista es levantarse cada día con un nudo en el estómago y con el corazón roto.

por un mundo sin violencia

Los animalistas lamentamos todas y cada una de las noticias en las que hay víctimas humanas: cada ataque terrorista, cada catástrofe humanitaria, cada accidente, es un agujero en el alma que nunca se cierra. Tan sólo queremos un mundo en el que las palabras igualdad, empatía y justicia se apliquen de forma universal, no sean sólo patrimonio de unos pocos.

Luchamos convencidos de que el ampliar el círculo de compasión hacia las demás especies nos hará mejores seres humanos y por tanto, estaremos atacando a la raíz que nos hace ser tan violentos con los demás.

Es por ello que en contra de lo que muchos puedan creer, el animalismo no es una alternativa al humanismo, sino una extensión. Ambas luchas son complementarias y no excluyentes. La corriente animalista no pretende otorgar derechos a los animales arrebatándoselos a las personas; deseamos un mundo sin violencia y sin dolor, en el que TODOS tengamos nuestro lugar en este espacio llamado planeta Tierra.

Alicia RoaAlicia Roa

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Evolución de la conciencia: Bambi vs. Caperucita

Bambi

Escena de la película Bambi

El director, guionista y animador de cine Walter Elias Disney, con su entrañable personaje Bambi, el cervatillo que unos cazadores dejan huérfano, se ha convertido en un recurso habitual de taurinos, cazadores y en general todo individuo interesado en dañar o matar animales para burlarse de un creciente número de personas en la sociedad. Es habitual escuchar en boca de taurinos y cazadores: “Esta gente ha visto mucho Bambi”, cuando nos escandalizamos y actuamos ante la tortura y muerte de animales.

La conciencia del futuro ve en Bambi un compañero de viaje al que respetar, no un simple objeto al que matar para convertir en un adorno

En su cuento, Disney nos muestra lo que muchos intuían en el pasado y que gracias al avance del conocimiento hoy día no cuestionamos: el resto de animales no son objetos. El autor americano caracteriza a su personaje, Bambi, con elementos propios del reino animal: comunicación, capacidad de sentir, de elegir, empatía, huir del dolor, aprendizaje, imitación, etc.

Bambi ha pasado a engrosar el acervo cultural de nuestros tiempos. Es un cuento universal que comparte espacio con otros, tradicionales, como el de Caperucita Roja y el Lobo. En este antiguo cuento el animal se dibuja como un enemigo feroz, cruel y sanguinario de los humanos. Animales cuyo único objetivo es alimentarse de los humanos, de dañarles, de matarles. Y los cazadores se alzan como héroes contra el terrible y feroz lobo. El cazador es el defensor del resto de humanos, en especial de los más débiles.

En realidad podríamos ver en el lobo de Caperucita una representación de toda la Naturaleza a la que se enfrentan los humanos porque ella los quiere exterminar. El cuento está empapado de estereotipos tradicionales: el viril y machote cazador que salva a la débil y necesitada hembra. Príncipes y princesas, hombres y mujeres, cada cual con su rol tradicional y en este caso acompañados de la cruel naturaleza a la que hay que doblegar y llegado el caso, exterminar.

La conciencia de hoy nos muestra que la naturaleza no es enemiga de ningún humano. Que somos parte de ella y también de los animales. Que compartimos un destino idéntico en el devenir universal de ese pequeño planeta al que llamamos Tierra. La armonía es la clave de la existencia, no el enfrentamiento. Los humanos tenemos la capacidad de descubrir el equilibrio y si queremos, respetarlo. Hay empatía con los animales y vivimos con ellos. Somos capaces de apreciar las muestras de cariño de perros y gatos con los que vivimos. Y si estamos atentos, también con el resto de especies, aunque seguimos reservando a estas otros usos, siempre terribles.

La conciencia del futuro ve en Bambi un compañero de viaje al que respetar, no un simple objeto al que matar para convertir en un adorno. Esta conciencia es fruto del conocimiento y la evolución, la otra, la de Caperucita, de unos humanos que habitaban en cavernas, víctimas de su propia estupidez, atacando a todo lo que no entendían. En Bambi hay realidad objetiva: animales que quieren vivir, que aman, que juegan, que gustan de sus vidas. Y renegamos de los cuentos surgidos en la oscuridad, que moran en las sombras, pues sólo ahí están seguras para torturar y asesinar.

Juan ArriazJuan Arriaz

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PACMA: un partido diferente

Vota PACMA

En estas semanas de campaña electoral ha habido unos cuantos debates en televisión, uno con los líderes de los cuatro partidos más votados, otro con mujeres de esos mismos partidos, uno más sobre temas económicos, también a cuatro, y el último con siete de los diez partidos que cuentan con representación parlamentaria.

Así es como se expanden las grandes ideas, y así es como avanza PACMA, multiplicando la voz de los sin voz

Aunque en principio cada partido debería ser distinto y presentar sus propuestas, tras escucharlos a todos queda una extraña sensación de homogeneidad. Sobre todo en los temas a los que no han aludido o lo han hecho sólo de pasada. Entre estos últimos han estado la violencia de género, la cultura o la educación, a los que sólo se les han dedicado segundos para hablar, sin demasiada exactitud, sobre el número de becas y sobre el IVA del 21%.

Fuera, de manera rotunda, han quedado algunos de los asuntos que más afectan a la sociedad en su conjunto. Nadie, por ejemplo, ha hablado ni una sola palabra sobre medio ambiente y cambio climático; no se ha dicho nada sobre maltrato animal, algo en lo que España estamos a la cabeza en la Unión Europea; no se ha hablado sobre el respeto a la diversidad, ni se ha mencionado la injusticia y la desproporcionalidad de nuestro sistema electoral.

Todos esos temas parecen quedar lejos de los intereses de las campañas de los partidos, al menos para todos con excepción de uno, que los defiende allí donde le dan voz. Y ese uno no es otro que PACMA.

PACMA se diferencia de los demás partidos porque aquí las mujeres no son una excusa, o una obligación, para crear listas cremallera. En el Partido Animalista, un 75% de mujeres encabezan las listas para el Congreso de los Diputados y un 81% para el Senado. 

Desde sus orígenes, PACMA ha contado con mayoría de mujeres en su junta directiva y también entre sus afiliados y, probablemente, entre sus votantes. Esa realidad no es baladí, y de hecho puede ser una de las causas de que el Partido Animalista sea el único de todo el panorama español que ha aumentado el círculo de compasión para incluir dentro al resto de los animales sintientes.

Decía José Saramago, en una de las muchas entrevistas que le hicieron, que “no todos estamos ciegos, pero a veces cuesta mucho trabajo mantener los ojos abiertos”. En PACMA nos empeñamos en tener los ojos como platos para observar lo que ocurre en las fiestas populares, las plazas de toros, los tentaderos, las escuelas de tauromaquia, los mataderos, las monterías, los laboratorios, las redes y las cañas de los pescadores…

Ante las brutalidades que observamos cuesta mantener los ojos abiertos, pero lo hacemos, para oponernos de manera tajante a cualquier forma de maltrato animal y para defender los derechos de todos los animales.

Hay quien critica a PACMA y lo tacha de bienestarista, pero en relidad es el único partido político que pide la prohibición absoluta de la caza y de la pesca deportiva, es el único partido que pide la abolición de la tauromaquia y es el único partido que se posiciona a favor de métodos científicos que sustituyan a los experimentos que se hacen con animales en los laboratorios.

Multiplica su voz II from PACMA TV on Vimeo.

PACMA puede estar también orgulloso de ser un partido donde la corrupción no anida porque ninguno de sus miembros tiene ambición económica ni apego a un sillón que le garantice un futuro crematístico. En PACMA ni siquiera existen cargos remunerados. Las seis personas que están contratadas no lo están como responsables del partido, sino por sus labores administrativas.

El objetivo de PACMA sólo puede pecar de altruista, porque consiste nada más y nada menos que en dar voz a los que no la tienen. A todos esos que, por no poder hablar, son incapaces de expresar todo el dolor y el sufrimiento por el que les hacemos pasar. Dar voz a aquellos que, como los peces, ni siquiera tienen cuerdas vocales para poder chillar su agonía.

La lucha contra ese sufrimiento hace que el Partido Animalista sea el único que exija que se implante un protocolo estatal de evacuación de animales en catástrofes, ya sean naturales o causadas por los humanos.

El Partido Animalista no cuenta con subvenciones públicas ni tiene deudas con los bancos. El dinero que maneja proviene de las cuotas de los afiliados y de pequeñas donaciones desinteresadas, porque donar a PACMA sirve para dormir con la conciencia tranquila y con la absoluta certeza de que ese dinero no va a ser utilizado para ningún cohecho.

Las campañas electorales de PACMA consiguen unos réditos impresionantes si se miden en relación dinero invertido-votos recibidos. Con unos 15.000 euros de campaña, el 20D se consiguieron 220.369 votos al Congreso y 1.034.617 al Senado. Para lograr esos resultados, en PACMA se suple el dinero por la ilusión de sus voluntarios, un grupo creciente de personas que creemos que la empatía es capaz de mover al mundo. Una empatía que abarca a todos los animales, pero también al medio ambiente y a la justicia social.

Y por si todo lo anterior fuera poco, las ideas de PACMA no son coyunturales y se cambian de una elección a la siguiente, sino que lo que buscan es provocar un auténtico cambio mental y social. El mero hecho de hablar sobre el maltrato animal, incluso en el entorno más hostil posible, hace que esos ojos cerrados se vayan abriendo poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa. Así es como se expanden las grandes ideas, y así es como avanza el Partido Animalista, multiplicando la voz de los sin voz, gracias al aumento de votos y al ya imparable apoyo del pueblo.

Este 26J no lo dudes y vota por un partido totalmente diferente. Vota PACMA.

Jaime FernándezJaime Fernández

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Cuando Lucas encontró a Eva

Cuando Lucas encontró a Eva

El Partido Animalista PACMA hemos colaborado con un maravilloso proyecto que queremos presentaros. Se trata del cortometraje Cuando Lucas encontró a Eva, de la productora Tiramisú Producciones Audiovisuales, una historia emocionante y emotiva que trata de denunciar la dramática situación que viven cada día miles de perros en nuestro país. También es un reconocimiento a la labor que realizan cientos de voluntarios y activistas, rescatando y dando a los animales una oportunidad para encontrar una verdadera familia.

Una historia palpitante y emotiva que trata de denunciar la dramática situación que viven cada día miles de perros en España

Se trata de un proyecto sensible y de enorme calidad técnica y artística en el que participan grandes profesionales, pero sobre todo grandes personas implicadas en el movimiento animalista. Aunque aún tendremos que esperar un poco para disfrutar de su visualización, podéis ir echando un vistazo en esta web. También podéis colaborar a través de la campaña de crowdfunding haciendo click aquí, ya que se trata de una productora independiente. La coordinadora de PACMA Aragón, Olga García, participa en el cortometraje a través de una entrevista en la que subraya la importancia de endurecer las penas por maltrato y abandono y la necesidad de sentencias ejemplarizantes, que ratifiquen y garanticen el cumplimiento de dichas leyes.

Para que conozcáis un poco más acerca de este interesante proyecto, os ofrecemos a continuación una entrevista con la directora del corto, Nuria Rubió, quien nos desvela algunos secretos sobre el rodaje:

Pregunta. Hola, Nuria. ¿Qué es Tiramisú Producciones Audiovisuales y cuáles son los apoyos con los que cuenta para la realización de un proyecto de este calibre?

Respuesta. Es el primer proyecto de ficción de la productora Tiramisú Producciones. El nombre de la productora proviene del nombre de una galga que sufrió abandono, actualmente adoptada y que también sale en el corto. Por ello, por su significado, sus dos socios fundadores Alejandro Pradas y Nuria Rubió han querido estrenarse con esta historia. Además, la grave situación actual de abandono animal en España y el carácter social del proyecto han impulsado que finalmente lo hayan llevado a cabo.

Tiramisú es una productora audiovisual creadora de contenidos y de spots. Hemos recibido una subvención del Programa de Ayudas para el Crecimiento y la Consolidación de Proyectos para Emprendedores del Ayuntamiento de Zaragoza de 2.595,69 euros. Actualmente estamos con una campaña de crowdfunding en la plataforma de Verkami.

P. ¿De dónde surge la idea de llevar a cabo este proyecto?

R. La idea surge de una historia real, de una amiga mía. Ella era voluntaria de una protectora y rescató a su perro. Yo escuché esta historia y me fui involucrando en el problema del maltrato y abandono animal. De ahí surgió Cuando Lucas encontró a Eva.

P. El título es un poco ambiguo. ¿Cuál es la intención de cara al espectador?

R. En muchas ocasiones los perros nos ofrecen grandes lecciones, nos ayudan a elegir y a ser sinceros con nosotros mismos. En nuestra historia Lucas rescata a Eva. “Es la rescatadora rescatada”. Por eso hemos elegido comenzar el título con el nombre del perro, Lucas, para darle un papel protagonista y dotarlo de derechos. Es una forma de manifestar el importante papel que desempeñan los animales en la vida de las personas. Un perro es un amigo y es un miembro más de la familia. Los perros saben perfectamente quién les gusta y quién no. Y de ahí que sea Lucas quien encuentre y elija a Eva.

Perros del corto

P. ¿Cuáles son los objetivos del proyecto?

R. Los objetivos del proyecto son conseguir la adopción de los 4 perros que salen en el corto, concienciar a la ciudadanía y a la sociedad del maltrato y abandono animal que existe en España y reconocer la labor de los voluntarios y de los miembros del SEPRONA en los rescates animales.

P. ¿Y las expectativas?

R. Las expectativas son que llegue al público y que sean conscientes de cómo está la situación de los animales en España.

P. ¿Tenéis pensado presentarlo a algún certamen o concurso?

R. Por supuesto, en la muestra de cine aragonés, a los premios Simón, al festival de cine de Zaragoza, Fuentes de Ebro, FESCILIA… A todos los festivales de la comunidad de Aragón. También a otros festivales del resto de España y al extranjero; nos parece un tema que se tiene que dar a conocer a nivel mundial.

P. ¿Qué dificultades os habéis encontrado en el camino y en qué “punto de cocción” se encuentra ahora mismo el corto?

R. En el camino, muchas dificultades. Realizar un corto es una tarea muy complicada. La primera dificultad fue encontrar la localización. Buscábamos una “torre”, casa abandonada… El problema que nos encontrábamos era que al acercarnos al registro y preguntar de quién eran esas torres, en algunos casos no figuraba, o eran de una junta de compensación, o de más propietarios, lo que ocasionaba una mayor dificultad, ya que se tenían que poner de acuerdo a la hora de acceder a rodar. Finalmente la casa donde rodamos es de unos amigos, algo que ha facilitado la grabación.

Más dificultades… La previsión meteorológica. Rodamos en febrero solo un día porque nos llovió los tres restantes. También rodar de noche fue duro.

En estos momentos estamos en el proceso de montaje.

P. ¿Habéis vivido durante el rodaje alguna situación que os removiera emocionalmente?

R. Sí, el último día rodamos todas las escenas de la protagonista Eva con los perros. La escena en la que ella decide irse y dejarlos fue dura, pero también la escena en la que Eva habla con el cachorro y es consciente de que no puede salvar a todos.

P. ¿Cuándo podremos disfrutar de su visualización?

R. El prestreno está previsto para el 15 de septiembre en el Camping Municipal de Zaragoza. Hemos elegido este lugar porque queremos proyectarlo al aire libre para que puedan acudir los perros. El estreno está por definir fecha. También será en septiembre en el Centro de Arte y Tecnología Etopía.

Olga GarcíaOlga García

Coordinadora de PACMA en Aragón

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Tumbas de salitre y cal

Orca en libertad

¿Alguna vez te has parado a escuchar de verdad? Sí, tú. No mires hacia los lados. No hay nadie más. Me refiero a ti. ¿Alguna vez has escuchado con sinceridad? No, no quería decir “hablar con sinceridad”, sino “escuchar con sinceridad”. ¿Y bien? Probablemente no lo hayas hecho, igual que la mayoría. Estamos acostumbrados a mirar al cielo y escuchar el canto de los pájaros o el rumor del viento. Miramos al mar y escuchamos a las olas romper o la brisa espumando sus crestas. Miramos a nuestro perro y le oímos ladrar, como maúlla el gato o barrunta el elefante… Todo lo que oímos lo escuchamos mezclado con la hipocresía que llevamos adosada a nuestra percepción y filtrado por nuestros prejuicios.

Para Morgan ya es tarde: nunca volverá a nadar en libertad

Si alguna vez te paras a escuchar con sinceridad, probablemente oigas lo mismo que yo y que cualquiera, pero seguramente escucharás mucho más. Las historias que mecen las olas, los lamentos de las profundidades o más cerca, mucho más cerca, las quejas y sollozos de todos esos animales que comparten con nosotros el entorno que, sistemáticamente, nos dedicamos a dominar, transformar y finalmente, destruir. Todos ellos están ahí y no cesan en su lamento, lo que ocurre es que esperamos que nos hablen en nuestro idioma antes de plantearnos contestar.

Nos pasamos la vida rodeados de animales que sufren porque les hemos sacado de sus hogares, separado de sus familias, sin darles la oportunidad de opinar, y vivimos con ello día a día, a base de ignorar sus palabras y oírles sin llegarles a escuchar. Tan solo tres especies de animales se han acercado a nosotros con la intención de compartir nuestras vidas de forma íntima: los perros, que entraron hasta la cocina y no piensan abandonarnos; los gatos, que se conformaron con acercarse al alféizar de nuestra ventana; y las ratas, que para su desgracia, se ofrecieron a ayudarnos con nuestras miserias. Los primeros pagan muy cara su fidelidad y absoluta entrega, convertidos en válvula de escape de nuestras frustraciones; los segundos han perdido o su libertad o su dignidad, sin saber en cuál de los dos casos están peor; y las terceras… pues eso, mejor ni mencionarlo.

Todos los demás animales a los que manipulamos, torturamos o matamos cada día están con nosotros contra su voluntad. Nadie tiene excusa para seguir creyendo eso de que el toro de lidia ha nacido para morir en el ruedo o las vacas frisonas han evolucionado para vivir estabuladas y convertidas en lecheras. O que los caballos desarrollaron sus lomos para encajar con la entrepierna de los humanos. O quizás las perdices desarrollaron plumas para no resultar desagradables cuando son destrozadas por un centenar de perdigones.

Se supone que somos la especie superior del planeta cuando ni siquiera lo conocemos a fondo, y sobre todo, ni siquiera somos capaces de cuidarlo. En lugar de tratar de entender a los animales que nos rodean, les obligamos a obedecer órdenes en nuestro idioma. ¿Somos más inteligentes pero esperamos a que sean ellos quienes hagan el esfuerzo de entendernos?

Pues si el ser humano es el ser predominante en tierra firme, no hay duda de que los cetáceos, como las ballenas, las orcas o los delfines, son los seres predominantes en el mar, con una enorme diferencia: ellos no están destruyendo su hogar. Lo estamos destruyendo nosotros, incluso sin ser nuestro medio. Y no contentos con ello, nos acercamos allí a secuestrar, torturar y matar a sus pobladores más inteligentes. Tan solo algunas personas, esas que se han parado a escuchar con sinceridad, han llegado a comprender parte del lenguaje de algunos cetáceos y han descubierto que son capaces de ponerse un nombre a sí mismos, o de llamar por el suyo a los demás. Son capaces de organizar partidas de caza o de protegerse en grupo y desde luego son capaces de comprender la diferencia entre vivir en libertad o sufrir un cautiverio lejos de su familia.

Morgan en Loro Parque de las Islas Canarias

Morgan en Loro Parque de las Islas Canarias

Los delfines y las orcas se han acercado voluntariamente a nosotros cuando hemos visitado su hábitat. Han ayudado a náufragos y pescadores, han acompañado a los navegantes en sus travesías y jugueteado con los buzos cuando osaban adentrarse en sus dominios y como respuesta, en agradecimiento a su cordialidad, les hemos masacrado, capturado y convertido en payasos circenses confinados en cárceles inhumanas plenas de salitre y construidas en cal.

¿Te has quedado alguna vez encerrado en el ascensor de un hospital? ¿Uno de esos que llevan camillas? Probablemente no, pero seguro que alguna vez has imaginado lo terrible que sería que el ascensor se parara de repente. ¿Cuánto espacio ocupan tus pies? ¿Cuánto mide uno de tus pasos? ¿Cuánto mide el ascensor de un hospital? Y entonces, ¿cuánto crees que mide una orca? ¿Cuánta distancia crees que recorre con un impulso de sus aletas? ¿Cuánto crees que mide la piscina de un parque acuático? No pierdas el tiempo calculando, te lo digo yo: para una Orca, su piscina, es más o menos lo mismo que para ti ese ascensor.

¿Elegirías vivir siempre en ese ascensor? ¿Podrías ser feliz? Pues así viven las orcas que “trabajan” en los espectáculos circenses que se desarrollan en los distintos parques acuáticos alrededor del mundo. ¿De verdad piensas que se divierten cuando saludan con las aletas o pasean sobre su morro a una de sus carceleras? Pues no, no se divierten, ni sonríen cuando abren la boca, ni te están saludando cuando emiten esos sonidos que quizás a alguien le parezcan su forma de pedir palmas pero que, en realidad, son llamadas de socorro… ¡Sacadme de aquí! ¡No aplaudáis que me pedirán que lo repita!¡Por favor, llevadme al mar con mi madre! Pues sí, acuérdate de lo ricas que estaban aquellas palomitas rosas y de lo dulces que te supieron pensando cuánto se estaba divirtiendo la orca, aquel día… Ahora se te ha quitado el hambre, ¿verdad?

Pues piensa en ellas lamentándose y pidiendo ayuda, cada uno de los 365 días de cada uno de los 8 años que suelen soportar el vivir en cautividad. ¡Exacto! Esa es la esperanza de vida de estos animales en cautividad, en lugar de los 50 años que viven cuando les permitimos hacerlo en libertad, junto a sus familias, en su entorno, pudiendo nadar hacia adelante, sin encontrarse con la cal de los muros de su celda, cada tres o cuatro de sus inmensos aleteos.

¿Cuánto tiempo serías tú capaz de sobrevivir en un ascensor de hospital? ¿Cuántas veces sonreirías si para darte de comer te exigieran saltar y retorcerte en el ascensor frente a  miles de personas, animando a tus captores a seguir humillándote y sin que tú pudieras entender por qué no te ayudaban?

Se llama Morgan, pero podría llamarse de cualquier manera y no nos importaría, porque su nombre no es ese. Su nombre se “escribe” con unos  pitidos, agudos pero profundos, que decidió ella misma o quizás acordó con su madre allá en el Mar del Norte. Morgan, a la que seguiré llamando así ante la vergüenza de no saber llamarla por su verdadero nombre, porque no la hemos sabido escuchar, era una orca adolescente y presumiblemente feliz, hasta que, un día, probablemente, el sónar de algún barco la despistó y termino perdida cerca de algún lugar en la costa de Holanda. Allí fue secuestrada para ser enviada finalmente a su jaula de salitre y cal, en el Loro Parque de las Islas Canarias. Seguramente pidió ayuda a todas y cada una de las personas que se le acercaron, pero nadie la escuchó. La orca Morgan fue enviada a Canarias después de estar en “prisión preventiva” en Holanda, en una celda provisional e inhumana, en espera de que un juez decidiera quién se quedaba con su custodia, pero con una particularidad: ni ella ni sus padres tuvieron voz en aquel juicio.

Morgan encerrada en Loro Parque

Morgan encerrada en Loro Parque

Nadie le escuchó llorar pidiendo que la liberasen, gritando que sabía volver con su madre. Nadie la arropó cuando tenía frío en aquella inmensa soledad de su diminuta celda. Nadie le dio ánimos cuando quiso morirse de pena un día tras otro sin encontrar el modo de hacerlo. Nadie se acordó de buscarle un juguete que le hiciese olvidar cuánta de aquella agua, en la que nadaba, estaba compuesta por sus propias lágrimas desesperadas… Como todos los grandes símbolos, Morgan es una mártir y su historia no puede terminar bien. El confinamiento en cautividad, el condicionamiento al que ha sido sometida para convertirse en un payaso de piscina y su deterioro físico y sensorial han hecho que ni siquiera sus más adeptos se atrevan ya a recomendar su liberación en el mar, con su familia. ¿Te imaginas cuánto debe sufrir, rodeado de paredes, un animal que dispone de un sónar natural en su cabeza? ¿Te imaginas escuchar tus lamentos reverberando un millón de veces como una campana en tus sienes?

Para Morgan ya es tarde. Nunca volverá a nadar en libertad. Si bien hay una alternativa a su sufrimiento. Tenemos que apoyar la creación de un Santuario Marino, un lugar en el que las orcas cautivas puedan vivir en semilibertad. Un lugar en el que no tengan que escuchar el infinito eco de sus gemidos durante cada minuto de cada día, donde puedan investigar levantando las rocas del fondo o persiguiendo a otros habitantes del mar. Un lugar en el que juntas aprendan a comportarse de nuevo como orcas y dejen de ser payasos de piscina.

Un lugar en el que puedan buscarse a sí mismas y puedan olvidar, a la vez que nos recuerdan que fuimos nosotros, los que, indolentes, no les supimos escuchar. Que fuimos nosotros los que cavamos, para ellas, una tumba de salitre y cal.

Moisés Weber Moises Weber

Doctor en Ingeniería Industrial

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Libertad in-condicional

Tauromaquia abolicion

La libertad es uno de los bienes más preciados de la sociedad occidental. Es un privilegio decidir nuestras opciones de vida sin injerencias políticas, religiosas o sociales; privilegio al que nadie en su sano juicio renunciaría. Sin embargo la libertad absoluta es sólo un espejismo y no aceptar sus límites, una actitud infantil y omnipotente.

La propia conciencia tendría que impedirnos cualquier actuación en perjuicio de otro

Venimos al mundo sin elegir el lugar donde lo hacemos, ni la familia que nos acogerá, ni la carga genética que configurará nuestro ADN, circunstancias que restringirán de entrada nuestras aspiraciones. La sociedad en la que vivimos nos impone normas que disminuirán el círculo de nuestras posibilidades.

Y en última instancia, somos nosotros mismos quienes fijaremos las fronteras que reducirán todavía más las alternativas. El lugar de esas fronteras debería ser el que por justicia les corresponde: donde empiezan los derechos de los demás. La propia conciencia tendría que impedirnos cualquier actuación en perjuicio de otro,  aun en el caso de que estuviera permitida por la ley y por la sociedad.

Una persona es muy dueña de hacer lo que se le antoje en cuestiones inocuas, que no representen una amenaza para otros. En este caso, se compartan o no las opciones escogidas, nadie tiene derecho a protestar. Y si protesta, se merece que le repliquen: “Si no te gusta, no mires”.

Pero esta respuesta no es válida cuando alguien abusa de su libertad para dañar a terceros, sean hombres o animales. En ese caso no sólo estamos legitimados para expresar nuestro desacuerdo, sino que estamos moralmente obligados a hacerlo, sin importar que ese abuso goce de más o menos apoyo: eclesiástico, político, mediático o popular.

Estas reflexiones vienen a cuento de una manifestación que tuvo lugar en Valencia durante la semana fallera. Dicha manifestación iba precedida por pancartas exigiendo libertad para celebrar espectáculos donde se torturan y matan seres inocentes. Seres  con la misma capacidad de sufrimiento que los humanos.

La utilización de una palabra tan universalmente apreciada para justificar sus reivindicaciones partidistas, presupone que los que no las comparten reniegan, por extensión, de esa libertad de la que ellos pretenden apropiarse.

La conclusión de este silogismo es falsa porque parte de premisas erróneas. No cuestionamos la libertad sino el desbordamiento de la misma más allá de los límites éticamente permitidos, en diversiones que consideramos degradantes de principio a fin. Siendo lo más grave el agónico martirio de los animales, no deja de serlo la falta de respeto con sus cadáveres. Es grotesco el macabro ritual de la amputación, cual sangriento trofeo, de orejas y rabos y el arrastre de sus cuerpos fuera del coso… Por no hablar del humillante papel de los subalternos, cargando a hombros a los “maestros”.

tauromaquia elena negueroles

Ignoro si este enconado enfrentamiento entre partidarios y detractores finalizará algún día, pero espero que mientras haya quien invoque la libertad para atropellar a otros, no falte quien invoque la compasión para defenderlos.

Yo lo siento mucho por algunas personas a las que quiero, respeto  e incluso admiro en otras facetas de su vida y que pueden sentirse aludidas por mis opiniones, pero comparto el dolor de las víctimas  hasta un extremo casi físico y siento una necesidad visceral de manifestar mi repulsa. Ante algo que me parece injusto, no me basta con mirar hacia otro lado. Si estuviera en mi mano, prohibiría en todo el país por decreto ley cualquier tipo de tortura y de crueldad innecesaria, presentes en todas las modalidades de estos espectáculos y aplaudo a los Ayuntamientos que lo hacen así. Es innegable que no es la única crueldad que cometemos contra los animales, pero es la más innecesaria y la que más se regodea en el proceso de la tortura.

Precisamente porque valoro como el que más la libertad, no me gustaría vivir en un país donde no pudiera disfrutar de ella. A mí, como a todos a los que no les hayan practicado un lavado de cerebro, me horrorizaría que me impidieran escuchar música, bailar, viajar, leer, pintar y vestir como me dé la gana; por esa razón, en la época de José Bonaparte me hubiera posicionado sin dudar de parte de los afrancesados en lugar de reírle las gracias al nefasto monarca, absolutista y traidor, que hizo de España un país retrógrado, un pueblo servil, orgulloso de sus cadenas y descolgado de la Europa ilustrada. Una España negra que a día de hoy todavía conserva como secuela la nula sensibilidad hacia los animales y el injusto trato que les dispensa.

Es muy significativo que fuera ese monarca, Fernando VII,  restaurador de la Inquisición y el más acérrimo enemigo de la libertad, quien impulsó las corridas y creó las escuelas de tauromaquia. Escuelas de violencia que inculcan desde la infancia la  visión de un acto cruel como algo lúdico y deseable. Costumbres embrutecedoras que distorsionan la percepción y anestesian los sentimientos, mostrando  como una fiesta lo que es en realidad un abuso del fuerte sobre el débil.

Y no es por casualidad que fueran en cambio los países liberales, los más comprometidos en defensa de la libertad, los primeros en abolir los festejos con sacrificio de animales.

Libertad, sí….. pero con condiciones.

Elena NeguerolesElena Negueroles

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Toro, toro, toro

 

Torito del Alba

Bajo la engañosa denominación de Torito del Alba, por muy bucólica que pueda parecer tal definición, se esconde una de las prácticas de tortura animal más crueles de las muchas que se celebran en nuestro país, quizás solo comparable con las brutales becerradas de la localidad valenciana de Algemesí por la similitud de ambos “festejos” en utilizar becerros, toros de corta edad.

La soga, que con fuerza  amarra sus cuernos, deja claro el sometimiento. Es algo mecánico, frío, violento, cobarde

El Torito del Alba, al igual que el Toro Enmaromado son los actos centrales más destacados en las fiestas de la localidad zamorana de Benavente.

Escudados en los recurrentes pretextos de “tradición”, “festejo popular”, “es nuestra fiesta”… etc., y  bajo el beneplácito de la administraciones públicas, se maltrata a un animal que pasará sus últimos minutos de vida acosado, hostigado  y humillado camino del matadero, donde será ejecutado para ser carne de consumo.

La técnica de la tortura consiste en amarrar a los cuernos del animal una soga, y mediante un entramado de argollas ejercer sobre él la fuerza necesaria mediante tirones para controlar sus movimientos, y dirigirle, entre una masa enfervorecida, hacia su trágico destino.

 

Toro Benavente

Comienza el día en Benavente. Hoy es la “gran fiesta”. Las peñas están preparadas; los vecinos también. Congregados en el lugar de encuentro son jaleados desde un balcón a vivir su “fiesta” al grito de Toro, toro, toro. Saltan, ríen, beben…, y esperan.

Aparece Burlera por la mañana; lo hará Pitarrosa por la tarde. No vale con uno, deben ser dos: el pavor de la inocencia al alba. El poderío de la fuerza al atardecer. Han sido elegidos como se escoge un trozo de carne fresca. Ni sus ojos, ni su piel, ni su inocencia o su nobleza han despertado ningún tipo de empatía en quienes les trasladan al sacrificio. Encerrados esperan mientras respiran Eso, y aparece el desasosiego… La soga que con fuerza  amarra sus cuernos deja claro el sometimiento. El miedo.  A sacudidas  y empellones, Burlera primero, Pitarrosa después, son expuestos a la masa humana: Estás solo, tú, toro…, y el pánico. No hay posibilidad de escapar. A cada intento un tirón cambia el rumbo de la huida. Es algo mecánico, frío, violento, cobarde. El animal grita, intenta zafarse una y otra vez pero los tirones son cada vez más fuertes, hay que dirigirle hacia el gentío que, como salidos del mismísimo infierno parecen afectos por una especie de locura colectiva provocada por la ingesta de un brebaje capaz de anular su compasión, cualquier atisbo de sensibilidad ante el dolor ajeno. Disfrutan del acoso. Se sienten poderosos frente a un animal encornado. ¿Valor? No, solo necesitas un trapo y la seguridad de una cuerda que separa al animal de tu pobre osadía.

No solo serán sacrificados, Burlera y Pitarrosa serán más tarde despedazados. Cuando ya estén agotados, doloridos por las heridas al caer de bruces contra el suelo, casi sin aliento.

En su camino al matadero han sido humillados, torturados y vejados por una incompresible ansia de sangre y dolor, por algo que no parece real ni humano. La naturaleza tiende a conservar la vida y esta encuentra su camino mutando a las especies, buscando la evolución. ¿Qué sucede en estos pueblos en los que parece existir una memoria genética compartida que no permite empatizar con los animales, en los que la depravación ha enraizado hasta el núcleo de su naturaleza humana?

No queremos maltrato animal de ningún tipo. ¡Basta ya!

Somos muchos los que pedimos que no se manche la cultura con sangre. Que no se ensucie la imagen de un país entero con los gritos de dolor de los inocentes. Que se respete la vida por encima de tradiciones ancestrales que ya no tienen lugar en el tiempo, salvo las de ser un amargo recuerdo de una primigenia ya obsoleta.

Somos muchos, una  gran mayoría, los que exigimos nuestro derecho a vivir sin violencia. Si ningún tipo de violencia. No podemos ni debemos consentirla, ni ser la imagen en el mundo de la tortura institucionalizada. Cualquier gobierno que consienta esto, está condenando al pueblo a vivir en la barbarie. Necesitamos políticos valientes, dijo Silvia Barquero en uno de sus magníficos discursos.

No basta con eliminar subvenciones, no las necesitan, las Peñas que planean las masacres se financian con sus socios. El mal hay que erradicarlo, no camuflarlo con discursos manipulados que seguirán consintiendo estas aberraciones medievales. Queremos una cultura basada en el intercambio de conocimientos, de emociones por la música, por la pintura; risas, bailes, paseos por el campo, patatas a lo pobre, el mejor de los vinos en una mesa larga y repleta de vida, sin sombras negras, tristes y cargadas de dolor por el sufrimiento de aquellos que solo necesitan  nuestro respeto, el mismo que deberíamos sentir entre nosotros, animales humanos, cuando al mirarnos a los ojos veamos miradas limpias, sin reflejos del mal  que tristemente nos abruma.

Pilar Gómez CoronaPilar Gómez Corona
Escritora

Los dibujos son de Manuel Ruiz Gómez

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