La libertad de matar a votación

KarrantzaHoy hemos conocido el resultado de la consulta popular sobre la celebración de una novillada en el municipio Vizcaíno de Karrantza. Han participado el 30,4% del censo, votando a favor de los toros el 53,8 % y en contra el 43,9%, por lo que el resultado de las urnas significará la muerte de varios animales.

A raíz de esta consulta podemos reflexionar al respecto:

¿Qué ideales defiende una formación política que lleva una cuestión de vida o muerte a votación?

Mientras que para nosotros la respuesta es diáfana, otros partidos tratan de nadar y guardar la ropa, o peor aún, convierten en un alarde democrático una votación que conlleva una profunda reflexión ética con consecuencias sobre terceros que no se han tenido en cuenta.

¿Se puede llevar a votación la libertad para matar?

En PACMA tenemos clara nuestra postura, no sólo se deben fulminar las subvenciones públicas a todo tipo de festejos taurinos, sino que convertimos en una prioridad sin ambajes la abolición de tradiciones que perjudiquen a los animales.

Es precisamente en los pequeños municipios donde persisten tradiciones que incluyen el maltrato a los animales. La propia Federación Taurina ha reconocido hoy que Karrantza es un pueblo ‘de raigambre ganadera y de arraigada tradición taurina’.

¿No estaba determinado entonces el resultado de la votación?

Pese a ello, el alcalde Raúl Palacio se ha felicitado por “la lección de democracia participativa dada por Karrantza.

¿Someteríamos a votación decisiones tan polémicas como el uso de armas por los habitantes del municipio? ¿Se puede llevar a votación la libertad para matar?

La vida en sociedad se rige por un compendio de normas que regulan y limitan la actuación hacia terceros, por lo que sólo nos hace falta avanzar hacia un modelo de sociedad más respetuoso hacia todos los seres que la formamos.

Este progreso sólo será posible desde el conocimiento y la consciencia del perjuicio que causamos a los demás animales con nuestras prácticas.

El resultado de Karrantza es anecdótico. Nos quedamos con la alegría de constatar encuesta tras encuenta, que la sociedad española se opone mayoritariamente a las corridas de toros.

Silvia BarqueroSilvia Barquero

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Las víctimas silenciadas de los incendios

jabalís incendioAunque en estos momentos nos parezca todavía lejano, en poco tiempo comenzará en el hemisferio norte la temporada de calor, y con ella la lacra de los incendios forestales.

Bien sea porque tenemos una población de pirómanos por encima de la media, cuyas acciones no reciben el justo castigo por parte de las leyes y jueces, bien sea porque cada año los gobiernos autonómicos y central recortan más en prevención y extinción de incendios, la cuestión es que España, un año más, arderá por los cuatro costados. Ojalá me equivoque.

Desde el PACMA reclamamos protocolos para la evacuación de animales, el rescate y auxilio de los animales heridos y la prohibición de cazar en las zonas afectadas

Las cifras que rodean los fuegos son terribles. A la pérdida de los hábitats, la masa forestal y, en muchos casos, las vidas humanas, se suma, aunque en ninguna estadística aparezcan, las miles de víctimas animales.

Estas víctimas silenciadas de los incendios forestales, en el mejor de los casos, deberán desplazarse escapando de las llamas muy lejos de los lugares donde vivían, muchas veces heridos, difícilmente encontrarán lugares donde poder asentarse en las mismas condiciones.

Meses más tarde y debido a la falta de conocimiento de la zona y la dificultad de adaptarse, serán presas fáciles para la otra lacra de nuestros campos y bosques: los cazadores.

cabrita quemadaDesde el PACMA, hemos pedido en numerosas ocasiones que se apliquen protocolos para la evacuacion de animales de zonas siniestradas, ya que en granjas y explotaciones ganaderas los animales han llegado a morir calcinados porque nadie quiso abrirles las puertas. Asimismo, las autoridades han prohibido en ocasiones la evacuación de las personas acompañadas de sus animales de compañía. También hemos reclamado que se permita a voluntarios adiestrados el auxilio y rescate de los animales heridos, y la prohibición de la caza en los lugares donde se han producido incendios. Como en la mayoría de las medidas que afectan a los animales, las administraciones callan y miran al tendido (literal).

Por todo ello, te pido que extremes las medidas de seguridad cuando salgas al campo y, si está en tu mano, colabores en las tareas preventivas que tan importantes son para evitar el fuego.

Yo te lo agradezco en nombre de tantos animales que se salvarán gracias a tu ayuda y compromiso.

Luis Víctor MorenoLuis Víctor Moreno

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Invisibles

Julián es un cruce de grifón. Un perro bueno, cariñoso y noble. Hace unos días Vox Ánima lo rescatamos de una casa de Rianxo, donde vivía en unas terribles condiciones junto a otros 18 perros. En las primeras fotos que vimos, “aquello”, más que un animal, era una especie de amasijo de pelo y carne donde no éramos capaces de distinguir ningún tipo de rasgo anatómico.

Julian rescatado

Estado en que nos encontramos a Julián

Cuando hablamos con las responsables de los animales nos encontramos con lo que nos solemos encontrar siempre en estos casos: la incomprensión, el no ser capaces de percibir que estaban haciendo mal. Después de varios años luchando por los derechos de los animales, aún no me acostumbro a esa mueca de perplejidad que esboza esta gente, cuando la acusas de maltrato. El torero, el cazador, el domador, el “caballero” tordesillano o el particular que mantiene atado a un animal toda su vida …  Ninguno de ellos se considera maltratador.

Nada que alegar a la actuación rápida y efectiva de Fiscalía, SEPRONA y la Policía. En un ejemplo de eficacia se procedió a la incautación de todos los perros y no pusieron reparos a que nos hiciésemos cargo de los mismos desde nuestra Asociación. En este sentido todo fueron facilidades.

Cuando entramos en la casa a rescatar a los perros, nos encontramos también, en pésimas condiciones, una vaca y un cerdo. En los casos de maltrato animal ellos son los “invisibles”

Pero cuando entramos en la casa, había otros animales. En concreto un cerdo y una vaca. La vaca estaba atada con una cuerda muy pequeña, que apenas le permitía echarse en el suelo. La tenían en un sitio oscuro, del que, hasta donde nosotros sabemos, nunca salía. El caso del cerdo era, si cabe, mucho peor. Estaba acostado en un pequeño recinto de su mismo tamaño, totalmente cubierto de excrementos y estiércol. El olor era nauseabundo. A pesar de que tratamos que se levantase, nuestros intentos fueron vanos. En un principio pensamos que podría estar enfermo, aunque enseguida nos dimos cuenta que toda una vida sin poder moverse habría tenido consecuencias fatales en la musculatura de sus patas.

Intentamos que se requisasen también estos animales pero no lo conseguimos. Se nos alegó que la orden de incautación sólo afectaba a los perros. Al día siguiente denunciamos este caso ante la Oficina de Extensión Agraria de la Xunta y ese mismo día fueron a comprobar el estado de aquellos animales. Se encontraron al cerdo colgado, abierto en canal. No hay mejor opción en una sociedad especista como la nuestra que deshacerse de las pruebas matando a la víctima. En cuanto a la vaca, tenía una soga más grande, habían limpiado un poco el sitio donde se echaba y le pusieron una cama de paja a su lado. Y ya está, problema solucionado.

Estas mismas señoras habían sido las responsables de un caso que saltó a los medios de comunicación en 2008, cuando se encontraron 140 perros amontonados en unas precarias instalaciones en Rianxo. En aquel momento, más de la mitad de aquellos perros fueron sacrificados. Me gustaría decir que nos quedamos con la satisfacción de conseguir que, al contrario que en aquella ocasión, esta vez llegamos “a tiempo” y se salvaron los 19, pero no sería verdad. La sensación que nos queda es la impotencia por no ser capaces de salvar a los dos animales más desamparados que había en aquella casa. Aquellos que permanecieron “invisibles” a los ojos de todos los que allí estaban.

En estos momentos los 19 perros están en casas de acogida o en Protectoras, pero el tema no acabará aquí. Las señoras a las que se le incautaron los perros están enfermas. Seguramente ni siquiera eran conscientes del daño que estaban causando a estos animales.

Julian recuperado

Julián ahora

¿Qué va a suceder ahora? ¿Actuará la justicia intentando de verdad prevenir un nuevo caso? Tengo mis dudas. En una sociedad especista, los perros importan muy poco, y las vacas y los cerdos importan aún menos. Se nos habla muchas veces de los derechos de los animales, pero tras estas palabras se esconden muchas falsedades.  Al final sólo la compasión acaba salvando a algunos animales, pero la compasión es sólo una solución a nivel individual, no puede funcionar como una alternativa a la justicia. Por eso la situación de los animales en nuestra sociedad no es un problema de compasión, sino, sobre todo, un problema de justicia.

En cuanto a Julián. Sus fotos han removido las conciencias de muchos. Hemos recibido llamadas incluso de fuera de España interesándose por adoptarlo.  Es la imagen de esta campaña. Nadie permanece impertérrito ante su vista. Pero ¿y la vaca y el cerdo? Tan sólo un puñado de animalistas han preguntado por ellos. Continúan invisibles a los ojos de la mayoría, invisibles a la justicia.

¡¿Qué derechos pueden tener unos animales a los que vamos a acabar comiéndonos?! Sería una incongruencia… una “incongruencia incómoda”. Mucho mejor es que permanezcan invisibles.

José Carlos VidalsJose Carlos Vidals

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El retorno a casa

perro recibe mujer tras 3 añosLos que compartimos nuestra vida con animales sabemos que ellos perciben cosas que a nosotros se nos escapan. A veces, y de forma inexplicable, intuyen que a un miembro de la familia le ha ocurrido algo, o que regresa a casa tras una larga ausencia.

El vínculo que se crea entre los perros y las personas que convivimos con ellos trasciende el tiempo y el espacio. El reencuentro produce un estallido de felicidad y afecto que es difícil de describir.

Estos vídeos muestran la emoción que sienten tanto los animales como las personas después de haber estado separados durante mucho tiempo.

Luis Víctor MorenoLuis Victor "Luvi"

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Lara no será olvidada

Imagine que pasea con su mejor amiga, una perra con la que ha pasado algunos de los mejores momentos de su vida. Disfrutan de un día de campo, porque le gusta alejarse de la ciudad. Disfrutar del paisaje, del aire, de la calma. De su amiga saltando, corriendo, olisqueando. De repente, un estruendo y su amiga cae al suelo. Usted intenta ayudarla, pero muere.

Lara muerta

Ha sido un disparo, certero, como sólo sabe hacer quién acostumbra a matar: el cazador. La adrenalina de provocar el daño y la muerte desde la seguridad de la distancia. Hoy, en el término de Navalcarnero, en Madrid, ha ocurrido. Lara, una linda perrita ha sido asesinada. Tiroteada por uno de esos “guardas” cuyo objetivo es aniquilar todo ser viviente que se aventura en sus particulares campos de exterminio: el coto de caza.

Y Usted se preguntará… ¿Por qué la han matado?

Es sencillo, el cazador no necesita más razón que el ansia de matar. Porque esa gente está acostumbrada a matar. Porque la víctima es sólo un animal. Porque pueden hacerlo. Porque no pasa nada si lo hacen. Porque en este país se sienten los dueños de todo lo que no esté asfaltado.

Un cazador es un sujeto que se divierte matando. Le importa un bledo el dolor y la vida de sus víctimas

Un cazador es un sujeto que se divierte matando, causando dolor y que tiene la desfachatez de justificarlo con argumentos tan falsos como celebérrimos. El argumento ecológico de control de especies… que, en realidad, no es más que un intento de parchear los males que el propio ser humano genera. Por no mentar que existen otros mecanismos para solventar ese supuesto problema sin necesidad de matar. La tradición, argumento que no merece ni réplica o el económico, que desde luego, no tiñe de virtud ética a la caza, como tampoco lo hacen los millones de dólares que genera el turismo sexual infantil de oriente, por citar un solo ejemplo de barbaridades lucrativas.

La realidad del cazador es mucho más sencilla. Al cazador le importa un bledo el dolor, el llanto o la vida de sus víctimas. Es una cuestión de educación. Acostumbrados a que el monte sea suyo no dudan en defenderlo a tiros. Dice el cazador que las personas sensibles y respetuosas con los miembros de otras especies somos “urbanitas”, que no entendemos sus costumbres… pero en realidad, el cazador no es más que otro sujeto de la ciudad, que sólo pisa el campo los fines de semana para matar.

Lara ha sido asesinada. Pero no será olvidada. Como tantas otras víctimas inocentes de los cazadores, nos muestra el camino a los que creemos en un mundo sin violencia. Un camino lleno de amarguras, pero que sólo tiene un final: el respeto por los animales no humanos y el devolver estas prácticas bárbaras a la caverna de la que nunca debieron de salir.

J.R. ArriazaJR Arriaz

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Derecho a la vida

partido animalista pacma

¿Quién tiene derecho a la vida? Desde mi punto de vista, el derecho a la vida no es algo que se regala ni se otorga, pero sí un concepto que se malinterpreta muy a menudo. El derecho a la vida va unido al deseo que tengamos de vivirla y, por lo tanto, no es algo negociable. Cada uno de nosotros puede hacer una lista con los requisitos que se deben cumplir para tener este derecho, y resultará que cumplirá todos los requisitos de su propia lista pero quizás no cumpla algunos de los de la lista del vecino ¿Qué quiero decir con esto? Pues que nadie debería decidir sobre el derecho a la vida de los demás porque siempre se estará equivocando.

En este caso, la división que hace la ciencia entre minerales, vegetales y animales (los humanos no tenemos un grupo exclusivo, somos también animales) puede darnos una idea de los requisitos que lejos del egoísmo y la subjetividad podemos nombrar sin decidir por los demás. El primero es tener vida y el segundo tener el interés en vivir porque solo así se puede ejercer ese derecho. Lo inerte, como los minerales, no tiene vida. Por lo tanto, no pueden ejercer ese derecho. Los vegetales están vivos pero hasta lo que sabemos con exactitud, carecen de sistema nervioso, no sienten y, por lo tanto, no tienen ningún tipo de interés que les haga desear sus vidas como para poder tener derechos. Esto no quita que los animales, y ahora sí, los animales, no solo tengamos el interés y el derecho de vivir, sino también el derecho de que las plantas y minerales existan porque sin ellos no podríamos vivir, pero ese sería un derecho nuestro, de los animales, no de las plantas ni de los minerales porque es imposible que se tengan derechos sin intereses.

El derecho a la vida nos pertenece a todos los animales por igual y es algo que ni se regala ni se otorga y sí un concepto que se malinterpreta a menudo

Aunque esto parezca algo obvio, una vez que se analiza tranquilamente, lo normal es que quien tiene el poder en ese momento, cometa el error de tratar a los animales como si de minerales o vegetales se tratase. Ocurre cada vez que el ser humano rebaja a los demás animales a la categoría de cosas. En cada plaza de toros y cada evento taurino; cada vez que alguien maltrata a un perro o cada vez que un cazador dispara contra un jabalí; también en cada granja donde malvive un cerdo; en cada matadero donde se rebana el cuello a un cordero o en cada laboratorio de vivisección donde la tortura hacia un ratón, alcanza su mayor expresión.

Pero la actitud con la que el humano trata a los demás animales es exactamente la misma con la que hace temblar a los de su propia especie cada vez que, por ejemplo, el terrorismo político arrebata la vida de los que no pueden más y deciden suicidarse a causa de los desahucios. El poder en manos del egoísmo, la indiferencia y la apatía tienen las mismas consecuencias en humanos que en el resto de animales y  siguen el mismo patrón de conducta: alguien que se cree superior como para joderle la vida a los demás.

Por eso, no puedo decir que tenga verdades absolutas, pero no puedo tener más claro que independientemente de lo que sea legal, de lo que socialmente esté aceptado o de lo que llevemos años negando, el derecho a la vida nos pertenece a todos los animales por igual. Tanto como el deseo que tengamos de vivir.

Adrián ÁlvarezAdrian Alvarez

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Youtube, ¿censura a la tauromaquia?

boicot a youtube

Youtube ha eliminado un canal taurino especificando que no se pueden publicar vídeos  “con contenidos sobre actividades negativas como abusos a animales, consumo de drogas o fabricación de bombas”. A simple vista, esto puede parecer una buena noticia ya que pone de manifiesto que la tauromaquia es una forma de abuso y violencia hacia los animales, negativa y censurable. Esto es, si cabe, lo más destacable ya que como indica el sentido común, parece que Youtube también cataloga a la tauromaquia como una actividad reprochable, algo con lo que los taurinos, negando la evidencia, parecen no estar de acuerdo.

Los vídeos de denuncia, que intentan mostrar la realidad de las plazas y festejos taurinos, podrán ser censurados por su contenido

Lo que ocurre es que Youtube solo eliminará aquellas imágenes que sean sangrientas o que impliquen violencia explícita hacia los animales y así “podría haber vídeos de toreros con la capa o la muleta, pero no picando o matando al toro”, según explicó un portavoz de Youtube.

Esto quiere decir que la apología a la violencia seguirá vendiéndose en esta plataforma a través de la tauromaquia, solo que se hará sin mostrar imágenes sangrientas. A su vez, los vídeos de denuncia, que intentan mostrar la realidad de las plazas y festejos taurinos, podrán ser censurados por su contenido, como así esta ocurriendo.

En este caso, Youtube no diferencia entre quienes denuncian la violencia y quienes la generan. Así que no, no se puede hablar de censura a la tauromaquia y sí de un gran favor.

Adrián ÁlvarezAdrian Alvarez

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Los que miran a otro lado

INJUSTICIA

Setenta veces siete;  una hipérbole, una progresión, una cámara de espejos que refleja hasta el infinito la imagen a observar.

Y esa imagen es el rostro de la pasividad, la violencia que otorga, que mira inalterada, que permite. Es la imagen de aquellos muchos que “dejan hacer” porque no impiden ni obstaculizan.

Son los que dejan lugar a la tortura y destrucción de seres inocentes e indefensos. Los que aceptan el panorama desolador del sufrimiento, sometimiento y agonía de los animales, víctimas humanas.

El rostro multiplicado de los que no quiebran las manos a los que ahorcan, a los que incendian, a los que lancean, a los que ahogan, a los que torturan en siniestras fiestas, en hipnóticas y perversas tradiciones.

El rostro que mira hacia otro lado y no se impone ante el espectáculo repetido de la sangre, el tormento y la manipulación.

separador

Setenta veces siete los responsables de la educación se quedan en sus casas por no denunciar que los niños viven en una sociedad que oficialmente acepta y promueve el sadismo.

Setenta veces siete las autoridades son peligrosa, llamativa y sospechosamente insensibles, promotoras y coautoras.

Setenta veces siete se esquivan las guadañas que cercenan la vida de seres ajenos a la complejidad perversa de las “arenas mentales” humanas. Y otras tantas se tangencia la exhibición de la inútil agonía. La indiferencia es ley.

Mientras así “se va callando”, es anestesiado lentamente el cuerpo sensible de la sociedad. Y la compasión. Y la piedad.

Las nuevas generaciones heredan el no-sentir como una lepra emocional que avanza oscurantista en el tejido  de la conciencia de sus hijos.

Siete generaciones sin reacción; siete nuevos espejos que reflejan a autómatas… conducidos por manos asesinas.

María del Carmen AyalaMaria Ayala

Psicóloga

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El gran Toto nos ha dejado

Toto

Toto era un chimpancé de 57 años que residía junto con otro gran grupo de congéneres en la Fundación Mona, organización dedicada al rescate y cuidado de chimpancés que han padedido el cautiverio y maltrato, por ser utilizados en circos, zoos, anuncios, shows televisivos y otras atracciones.

El 8 de marzo nos ha dejado uno de los chimpancés más ancianos, no solo de Europa sino del mundo. Ha tenido una larga vida, no siempre plena. Fue raptado, alejándole para siempre de su hogar y familia, utilizado como mascota, abandonado, y finalmente expuesto en un zoo donde vivió demasiados años solo. En abril del 2003, entre mucha expectación, llegó a la Fundación Mona proveniente de las instalaciones del zoo y pasó a vivir con Romie, Bongo y Waty. Y con los años se convirtió en el líder de un grupo que iba creciendo, con las incorporaciones de Nico, Sara, Juanito, Víctor, Tico y África.  Ahora también se iban a incorporar al grupo Tom, Coco y Bea. ¡Qué lástima que no haya podido verlo y vivirlo!

Estamos contentos por haberle ofrecido diez años de buena vida, en compañía de sus congéneres

Desde la Fundación Mona nos cuentan que el día anterior a su muerte no quiso salir ni comer mucho, y se pasó todo el día con su querida Waty, que prefirió quedarse haciéndole compañía: “Nos consuela saber que murió plácidamente, mientras dormía. Cuando llegamos por la mañana estaba arriba en su plataforma, como si todavía estuviese descansando”.

No ha sido una noticia inesperada. Ya hace un tiempo que su cuerpo iba avisando. Un cuerpo de 57 años que iba perdiendo fuerzas poco a poco. Sea como sea, estamos contentos por Toto, porque se ha ido con la tranquilidad que merecía y la dignidad que le caracterizaba. Estamos contentos por haberle ofrecido diez años de buena vida, en compañía de sus congéneres. Y estamos contentos porque miramos atrás y solo podemos agradecerle su papel de líder, compañero y modelo a seguir por los más pequeños.

Gracias a sus padrinos y a todos los colaboradores por ayudarnos a garantizarle una vida digna, diez años rodeados de amor y respeto.

Toto, siempre estarás en nuestros corazones. Ahora ya puedes descansar en paz.

Os invitamos a conocer la historia de Toto, y la de los demás compañeros a través de este link: http://www.fundaciomona.org/es/LosMonosdeMona/chimpances.html

Fundación Monafundacion mona

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La historia de Mercurio

mina mercurio

Hace varios años visité unas minas que hoy en día ya están clausuradas, entre otras causas por las enfermedades que  producía  a los hombres la extracción de material del su subsuelo, a veces a varios cientos de metros de profundidad.

Cuando nos explicaron la labor que se desarrolló en aquellas minas desde tiempos de los romanos, nunca nos dijeron que a esos hombres les ayudaban unos animales, pequeños y robustos, y que sin la ayuda de ellos nunca hubiera sido posible dicha extracción. Las enfermedades también a ellos les producían los mismos efectos que a los hombres, pues respiraban el mismo aire contaminado; hoy en día en la entrada de la mina hay un monumento al minero, pero ninguno dedicado a su inseparable y forzado “amigo”: el poni, el  cual  trabajó, y sufrió  las mismas consecuencias y  enfermedades, que los mineros. Muchos de estos ponis murieron dentro de las minas, sin haber visto jamás la luz del sol.

* * *

—El domingo vamos al campo, ¿dónde deseáis ir?

Mi trabajo es el más maravilloso del mundo. Estoy rodeado continuamente de personas de mirada tierna y sincera, serena, sin odios ni malicia, una mirada dulce. Trabajo con personas con discapacidad psíquica.

—¡A ver animalitos! —respondieron casi al unísono; parecía que se hubieran puesto todos de acuerdo.

Y pensé en algo, en alguien con corazón.

—Bien, iremos a ver una granja especial, con muchos animales —respondí—. Y le diré al granjero que os cuente historias de los animalitos que le alegran la vida. Los animales son su vida, él los recoge cuando nadie los quiere. Así somos los humanos. Utilizamos todo, y cuando no nos sirve, lo arrinconamos. Lo hacemos también con ellos, los que nos dan todo y nos acompañan en los momentos más difíciles de nuestra vida; lloran y sufren con nosotros. Ya os lo explicare mejor algún día. Cuando los demás te abandonan, ellos siguen siempre a nuestro lado.

Mis ‘alumnos’ me escuchaban con esa mirada dulce y entrañable que constantemente tienen, esa mirada que me cautivó desde el primer día que tuve la suerte de conocerles allá por septiembre de hace cuatro años en una noche lluviosa, mi primera noche de Monitor de Ocio.

* * *

Los animales campaban por la granja libremente, eran felices, no había jaulas, el campo era su hogar y el cielo su techo.

Y ellos, los de mirada de cielo, jugaban y les tocaban, reían y se asustaban, preguntaban, todo era nuevo para ellos y el granjero y yo les acompañábamos y les sacábamos de dudas en sus miles de preguntas con respecto a los diferentes animales que por la granja pululaban.

Atardecía cuando llegamos a un establo. En la puerta estaba el más puro y bello caballo, blanco como la nieve, pero de mirada triste y ausente, y el cuerpo manchado de cicatrices. Eran las huellas que su destino había dejado en él. Había estado en compañía de ‘hombres’.

poni

—Mira Malolo! —me señaló  Borja—. Un aballo (caballo) ñeño (pequeño).

Yo le expliqué que  esos caballos se llamaban ponis y son así de ‘ñeños’ (pequeños).

Ojos de ‘besugo’ pusieron todos los que me escuchaban, y naturalmente empezaron a  preguntar.

—Su carácter es dócil y su constitución fuerte. Solo llega a medir como máximo 1,50 cm. de altura, suele vivir entre veinte y treinta años. Este tipo de animales necesita de un lugar amplio para vivir, tiene un carácter muy dócil y bla bla bla…

—¡No aburras a los chiquillos! —me espetó el granjero, antiguo minero—. Os voy a contar la historia de Mercurio, pero no os acerquéis mucho a él, no le gustan las personas, le han hecho sufrir mucho y se asusta.

Lo trasladé a la granja para curarlo. Iban a llevarlo a un matadero. Ya era viejo, tenía siete años y no servía para tirar de la vagoneta.

—Todo comenzó así —dijo el granjero—. Lo trasladé a la granja para curarlo. Iban a llevarlo a un matadero. Ya era viejo, tenía siete años y no servía para tirar de la vagoneta.

Caras tristes y llorosas empecé a observar, y una atención desigual hacia el granjero por parte de la mayoría de los  chavales.

—Su cuerpo estaba completamente lleno de heridas y su cara era, si lo entendéis, de resignación. Era el final de una vida que para él no había sido nada feliz. Todavía lleva la tristeza en sus ojos y creo que morirá con ella. Las marcas de sus heridas llenan todo el espacio de su piel, mirad su pata.

—No pude salvar a todos —prosiguió el granjero—. Me vendieron este y lleva ya conmigo tres años, cojeaba y sigue haciéndolo. Cuando llegó a la granja no dejaba que se acercase nadie. Era huraño, pegaba coces, relinchaba y cuando llegaba la noche comprobé que no podía dormir con la luz apagada, ni deseaba nunca meterse en su establo. De hecho, nunca lo ha hecho. Le aterroriza la oscuridad, deduje por fin.

—Muchísima paciencia y cariño. Me costó casi un año ganarme su confianza. No deja que nadie más se acerque a él, parece que odia a las personas. Le fui curando sus heridas, menos su pata que la tenía destrozada. Se morirá cojo. Lo que no he conseguido tampoco es apagarle la luz por la noche. Relincha en cuanto lo hago y no deja de hacerlo hasta que vuelvo a encenderla. Tampoco se mete al establo, así que le dejo la comida fuera.

—Me preocupé por conocer la historia de Mercurio —siguió el granjero— y ésta me llevó a una mina que ya está cerrada. A Mercurio lo separaron de su madre al poco tiempo de nacer y lo empezaron a usar para tirar de las vagonetas que sacaban este material a la superficie desde un malacate de caballerizas donde ocho o diez mulas más, atadas a éste y dando continuamente vueltas, lo extraían de las plantas inferiores. Mercurio empezaba a tirar de las vagonetas llenas de material desde el malacate hasta la entrada de la mina, a las seis de la mañana. Mercurio nunca, nunca vio la luz del día.

—Al poni le pusieron el nombre del material que sacaba a la superficie, Mercurio. Así estuvo siete años, amarrado al castigo que los hombres le habían impuesto únicamente por ser un ‘ser inferior’. Su fin sería morir de silicosis o extenuado, o lo llevarían al matadero, donde lo encontré.

—Mercurio, me fijé, tenía los ojos completamente rojos, un rojo color sangre. Nunca había visto la luz. Nació y creció en las entrañas de la mina. Él solo acarreaba vagonetas y, antes de llegar a que le diera un mínimo rayo de sol al final del túnel, descargaban las vagonetas y debía volver adentro, a las entrañas, a la oscuridad. Así pasó cada día durante siete años.

—Mercurio lleva unos parches para proteger sus ojos de la luz. Está casi ciego. Tiene una enfermedad crónica y por eso se asusta con la luz apagada y no deja que se acerquen personas a su lado—.

Generalmente tengo mil ojos para todos los chicos que van conmigo, pero Borja es ‘especial’.

mirada sindrome-down

—Borja, no machote, ¡ven conmigo! —le dije.

—No, déjelo, es la primera vez que veo esto —me dijo el granjero.

Borja estaba acariciando a Mercurio. Todos quisieron acariciarlo, y lo hicieron. Mercurio se dejaba y parecía que estaba encantado. Sus ojos ya no ‘rebosaban’ tristeza. Estas eran personas buenas que nunca le harían daño, creí leer en los mismos.

La tarde transcurrió entre animales, risas, chocolate y lágrimas del granjero al ver a Mercurio feliz por primera vez desde que llegó a la granja.

El domingo tocaba a su fin y la luna le iba ganando la batalla al sol. Borja llevó a Mercurio y éste (¡increíble!) se metió por primera vez en el establo de su mano. El granjero seguía incrédulo por todo lo que esa tarde de domingo le había deparado.

— ¿Volveréis?, nos preguntó.

— Volveremos, no lo dude — le contesté.

* * *

La primera vez que visitamos la granja fuimos ocho chavales y un monitor, ahora la visitamos mensualmente treinta y dos chavales y cuatro monitores. Todos quieren ir a ver a Mercurio, al ‘poni feliz’, como lo ha rebautizado el granjero.

Nada más llegar a la granja, lo primero que hace Borja es ir a pasear con Mercurio, que parece que lo está esperando. Se deja tocar, montar, come de su mano, camina a su lado y duerme en su establo cuando el día llega a su fin y Borja lo lleva a descansar. Mercurio se deja acariciar y hacer ‘barbaridades’ por todos los chiquillos. Él está encantado y el granjero sigue sin creer cómo ha cambiado el poni. Mercurio era feliz por primera vez.

Cuando nos despedíamos del granjero, siempre repetía:

—¿Volveréis?—.

Y nosotros contestamos todos al unísono: Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Así estuvimos casi tres años. Ya era obligatorio realizar la excursión mensual a la granja de Mercurio.

  * * *

Un domingo al llegar a la granja llamamos al granjero y éste no nos contestó. Siempre nos salía a recibir y detrás, con su trote característico, cojeando, iba Mercurio, que parecía que nos olía. Todos los chavales saltaban precipitadamente del autobús para ver quién era el primero en acariciarlo.

Esta vez nadie nos recibió. Recorrimos los metros que había desde la entrada de la granja a los diferentes establos de los animales y se nos hizo al momento un nudo en la garganta. Observamos a Juan, así se llamaba el granjero, acariciando a Mercurio, que estaba tumbado en la paja recién limpia, pues cada vez que la visitábamos los chavales ‘reñían’ por ver quién era el que la cambiaba y le daba de comer en la mano.

Difícil poner orden en tan ardua tarea. Los intentaba dividir en grupos para que diesen de comer cada uno a un animal, pero todos querían a Mercurio, ‘el aballo ñeño’ (caballo pequeño), como decía Borja.

—Lleva así ya tres días, no quiere comer, no se levanta, parece que ha llegado su momento —. Juan me miró de refilón y con ojos tristes, pues no deseaba mirar a ninguno de los chavales, a los cuales se le empezaban a llenar los ojos de lágrimas, pues nunca habían visto así a Mercurio: tan triste y sin ganas de jugar.

Borja se adelantó, y con sus inocentes manos, agarró la cabeza de Mercurio y lo besó. Un beso de adiós, de despedida. Un beso de agradecimiento por todos los momentos en que había sido feliz a su lado.

Al instante, Mercurio cerró los ojos y se ‘marchó’. Parecía que había estado esperándonos para despedirse.

Miré hacia atrás y fue conmovedor. Se me heló la sangre al  ver a todos los chavales junto con los monitores llorando y despidiendo a Mercurio con la mano.

—Do….urio (adiós Mercurio) —dijo Borja.

—Dooooooooo……..curio —susurraban los chavales entre sollozos.

* * *

flores escociaEn la granja de mi amigo Juan existe una tumba en la que Borja un día tiró unas simientes. Ninguno supimos jamás de dónde las sacó, pero ahora es un gran vergel en el que crecen unas flores preciosas, originarias de donde eran los antepasados de Mercurio: Escocia.

Ahora Borja pasa muchas horas con un poni completamente blanco, pero sin heridas en su piel. Juan se lo ha regalado, nos lo ha regalado a todos. Borja se ha negado a ponerle otro nombre. Le ha llamado (averiguad cómo): Mercurio.

Borja no olvida, ni una sola vez, cuando visitamos la granja, visitar su jardín favorito y, mirándolo, dice a Mercurio.

—Ira urio, aballo ñeño ta ielo, lli no ha hbre qe le eguen, olo nimles (mira Mercurio, caballo pequeño está en el cielo, allí no hay hombres que le peguen, solo animales).

Borja y su amigo Mercurio todos los domingos (llueva, nieve, ventee o relampaguee) cuando cae la tarde visitan ‘el jardín de Escocia’. A veces se pasan horas delante de él, hablando un lenguaje que me imagino que solo ellos entienden.

—¿Borja que hacéis allí tantas horas Mercurio y tú, delante de las flores? —le pregunté un día.

—Amos blndo urio yo on aballo ñeño celo (estamos hablando Mercurio y yo con caballo pequeño en el cielo)—.

A mi amigo Borja, con síndrome de Down, y a su inseparable poni Mercurio.

WillyManuel Vilreales

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