Escuchad al Papa

Papa Francisco

El Papa Francisco cuando hizo la declaración “los animales también van al cielo”

¿Ser católico requiere oponerse a la crueldad hacia los animales, incluida aquella que se practica en la ganadería industrial?

“Es contrario a la dignidad humana causar sufrimiento o muerte a los animales innecesariamente”, Papa Francisco

Durante dos años enseñé ciencias sociales en una escuela secundaria del centro de la ciudad deBaltimore, Estados Unidos; durante seis años conduje un refugio para las familias sin hogar de la organización Catholic Worker. Más tarde, hace ya casi 20 años, me convertí en defensor de los animales a tiempo completo con la confianza de que este tipo de trabajo es parte integrante del catolicismo.

Como era de esperar recibí aplausos de mis compañeros católicos por mi lucha contra la pobreza y mi trabajo educativo, pero menos apoyo para mi trabajo en la protección animal. La mayoría de los católicos que he encontrado parecen pensar esta forma de hacer el bien como separada fundamentalmente de los imperativos religiosos.

Sin embargo, el Papa Francisco lo ve de otro modo:

“Vivir nuestra vocación de ser protectores de la obra de Dios —escribió el Papa Francisco en su última encíclica—  es esencial para una vida de virtud; no es opcional o un aspecto secundario de nuestra experiencia cristiana”.

El día en que Francisco lanzó la encíclica, tuiteó: “Es contrario a la dignidad humana causar sufrimiento o muerte a los animales innecesariamente. #LaudatoSi”.

Dejando de lado el método moderno de transmisión, esta afirmación no es realmente extraordinaria. Es una cita del Catecismo de la Iglesia Católica. Pero, ¿qué significa que no debemos hacer que los animales sufran o mueran innecesariamente?

Gallinas sin plumas

Gallinas sin plumas por el estrés que sufren. Igualdad Animal

Seguramente esta amonestación exige más que solo evitar no herir o matar personalmente a los animales. Estoy convencido de que también estamos obligados como católicos a evitar pagar a otros por matar o dañarlos sin una justificación convincente.

Dicho de otra manera, “comprar es siempre un acto moral y no sólo económico”. Este enunciado también viene de la encíclica, en un párrafo en el que Francisco aplaude los boicots con los que los consumidores tratan de convencer a las empresas para participar en prácticas más éticas.

Pensando en las posibilidades de influir en el contexto de los derechos de los animales que el consumidor posee, considero que, de lejos, el sufrimiento más innecesario viene de la mano de la industria de la carne, que mata a cerca de 9 mil millones de animales anualmente. Estas criaturas son tratadas de una forma, que en caso de ser perros o gatos, garantizaría una orden judicial por maltrato animal.

En los mataderos, los trabajadores “tiran literalmente las aves en los grilletes, a menudo rompiéndoles las alas y las piernas”

Los cerdos, en su mayoría embarazadas, por ejemplo, pasan sus vidas en jaulas tan pequeñas que no pueden dar la vuelta, y más del 90% de las gallinas ponedoras están hacinadas en jaulas donde no pueden abrir sus alas. En estos dispositivos los animales sufren un tormento tanto físico como mental.

Los pollos en algunas granjas crecen tan rápido que sus miembros y órganos no pueden apoyar adecuadamente sus cuerpos masivos, consignándolos a una vida de sufrimiento constante. En los mataderos, los trabajadores “tiran literalmente las aves en los grilletes, a menudo rompiéndoles las alas y las piernas” para citar al inspector de USDA, Stan Painter.

Basta con ver uno de los vídeos filmados en las granjas industriales y los mataderos que están disponibles en internet: Si lo que estamos haciendo como sociedad a los animales de Dios no es un pecado, ¿qué es?

Nadie menos que una autoridad moral como el Papa Benedicto XVI denunció “el uso industrial por la sociedad de las criaturas en las granjas” como una violación de “la relación de mutualidad que viene a través de la Biblia”. O como Francisco dijo: “En la Biblia no hay lugar para un antropocentrismo tiránico e indiferente por otras criaturas”.

En la discusión de que no hay diferencia entre la crueldad hacia un animal de granja y la crueldad hacia un perro o un gato, la primatóloga (y orgullosa vegetariana) Jane Goodall declaró que “los animales de granja sienten placer y tristeza, emoción y resentimiento, depresión, miedo y dolor … son seres individuales en su propio derecho. ¿Quién va a abogar por ellos si todos callamos?”

Pollo rescatado

Pollo rescatado de una granja por Igualdad Animal

El Papa Francisco no lo pudo haber dicho mejor, y aquellos de nosotros que tomamos estos conceptos en serio tendríamos que verlos como una llamada a la acción. Para mí, la oposición no sólo a la agricultura industrial, sino también una dieta vegetariana es una exigencia de mi fe. Como yo no necesito comer animales para sobrevivir, creo que el catolicismo dicta que no debo. Pero esto no es sólo una preocupación individual. Nuestra fe también exige que tomemos una posición pública a favor de las criaturas de Dios.

Como yo no necesito comer animales para sobrevivir, creo que el catolicismo dicta que no debo

Sería totalmente coherente con la encíclica papal que la iglesia se posicionara en la vanguardia del movimiento de protección animal; si aprobara medidas encaminadas a detener los peores abusos en su contra, e incluso declarara que los fieles no pueden en conciencia causar sufrimiento a otros animales por algo tan insignificante como un placer gustativo momentáneo.

Cuando la iglesia lo haga, se comenzará a cumplir la promesa de la misericordia de Dios para todas las criaturas, como se revela en las Escrituras Hebreas, las Escrituras Cristianas, el Catecismo y Laudato Si.

Bruce FriedrichBruce Friedrich

Director de política de Farm Sanctuary

Traducción: Patricia Pinilla

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En el infierno no todos son demonios

Inspector matadero

Son las cinco de la mañana, dejo el coche en el aparcamiento, hay mucho viento, hace frío, llueve, hoy no va a ser un buen día para nada y mucho menos para morir, si es que algún día puede ser bueno para eso.

Soy el encargado de controlar que aquellos pobre infelices sufrirán “lo menos posible”, el “policía” del matadero, al que todos miran mal

Entro en aquella enorme industria, aún no ha llegado nadie, bueno, ellos ya están aquí. Todo está oscuro, en silencio, aunque presiento que una vez más esa tranquilidad va a durar poco.

En unos minutos todo cambia por completo, se ha hecho la luz, la maquinaria empieza a funcionar, hay un ruido ensordecedor, pero no lo suficiente como para evitar oír sus gritos, eso chillidos de cientos de cerdos que penetran hasta lo más profundo de mi cerebro, esos lamentos que resuenan en mi cabeza preguntando por qué.

Entonces me dirijo hasta ese lugar que separa la vida de la muerte, el lugar al que nunca quiero ir, pero sé que tengo que hacerlo, tengo que comprobar que todo se hace “correctamente”, que los pocos derechos que tienen esos pobres animales de apenas unos meses se cumplen. Allí el espectáculo es…¿cómo describirlo?, hay mucho ruido, hace calor y hay sangre, gritos y más sangre, sangre que tiñe de rojo todo, hasta la consciencia de los que no quieren ver lo que allí ocurre. Y mientras, ellos colgados cabeza abajo, luchando por una vida que pierden a chorros, desangrándose por una incisión que en el mejor de los casos los habrá partido el corazón provocando con ello una muerte rápida.

En el exterior, el resto de los cerdos esperan en fila que llegue su turno, con los ojos fuera de las órbitas, como si quisieran ver qué está ocurriendo detrás de esas paredes, pero es mejor que no lo sepan, el inexorable paso de animal a carne no tiene marcha atrás, la suerte está echada para ellos. Cuánto me gustaría hablar su idioma, poderles tranquilizar, pero entonces, ¿qué les diría?, ¿qué van a morir?, ¿qué son victimas del antropocentrismo y que su valor sólo depende de lo que hayan sido capaces de engordar en aquellas granjas de las que mejor no hablar? Realmente no sabría que decirles, no sabría como justificar al resto de mi especie, solo querría acariciarles y abrazarles, como haría con uno de mis perros, pero entonces todos pensarían que estoy loco, y sólo el tiempo pondría a cada uno el adjetivo adecuado, al igual que ha hecho con el “loco” de Galileo.

cordero matadero

Foto de Igualdad Animal

Después viene el turno de aquellos seres inocentes de apenas un mes de vida. Aquellos animales que todos asocian a ese anuncio de detergente excepto cuando lo ven en el plato rodeado de patatas. Esos corderos diminutos que están en los corrales balando desesperadamente llamando a sus madres, preguntándose por qué los han abandonado si ellos nos han hecho nada, sólo se fueron detrás de aquel hombre que los traía agua y comida.

Cuando me dicen que qué difícil me tiene que resultar ser vegano me río, sabiendo lo que sé, lo difícil sería no serlo

Y aún así tienen la bondad suficiente para acercarse una vez más al hombre, pero en esta ocasión será la última vez que lo hagan, porque ese hombre será su verdugo. Una descarga eléctrica aplicada a ambos lados de la cabeza los dejará paralizados, aunque no tengo muy claro si el fin de este invento humano es evitar que sufran o limpiar la consciencia de los que degustarán después sus pequeños músculos. Una vez más todo se vuelve rojo, en ocasiones chorros de sangre acompasados con las últimas respiraciones de estos animalitos.

De nuevo ahí estoy yo, ahí está el veterinario, el inspector de sanidad pagado con dinero público encargado de controlar que aquellos pobre infelices sufrirán “lo menos posible”, soy el “policía” del matadero al que todos miran mal porque pretende hacer su trabajo, pero no me importa, sé por qué estoy aquí. Ojalá algún día el ser humano evolucione de tal manera que todo esto no sea necesario, ojalá algún día todos nos demos cuenta de que se puede subsistir sin provocar sufrimiento a nadie, pero aún queda un largo camino.

matarife

Y mientras, esto se repite con otras especies del reino animal. Vacas productoras de leche exprimidas hasta la extenuación, miles de litros de leche arrancados de sus entrañas cuyo resultado son aquellos cuerpos raquíticos y débiles con los que apenas pueden andar sin caerse y que pronto serán convertidos en carne para hacer hamburguesas. También con pollos y gallinas que han vivido constantemente hacinados sin saber lo que es la luz del sol, conejos que nunca han salido de una jaula excepto en el momento de su muerte. Y que me decís de aquel caballo negro que un día fue un bonito regalo para la pequeña de la casa, del que ya nadie se acuerda, que mira a su alrededor con ojos desconcertados, que es demasiado inteligente para estar tranquilo porque sabe lo que le espera. Tal vez aquella familia que le decía cuanto le quería mientras le acariciaba la cara acabará comiéndoselo convertido en albóndigas sin saberlo en algún supermercado.

Todo esto pasa por mi cabeza a diario, y afortunadamente cada vez a más veterinarios que nos dedicamos a proteger a los animales en el lugar más oscuro, donde nadie quiere estar. Cuando me dicen que qué difícil me tiene que resultar ser vegano me río, sabiendo lo que sé, lo difícil sería no serlo.

Por fin ha acabado el día, ya no habrá más muertes, al menos hoy. Por mi parte me quito la coraza y vuelvo a la realidad, vuelvo a ser yo, vuelvo a tener corazón. Me queda el resto del día para seguir defendiendo a los otros animales, los que aún tienen más suerte. Rescates, adopciones, difusiones, denuncias y concienciación, lo más importante es la concienciación.

Este trabajo es demasiado duro para mí, me mina la moral, me hace sufrir, pero tengo que aguantar. Sé que algún día dejaré este trabajo, pero aún así, sé que va a ser un día infeliz porque me preguntaré ¿quién se va a preocupar de ellos ahora?

Gracias a todos los veterinarios que habéis rechazado trabajos más agradables y reconocidos por defender a los animales en los últimos momentos de sus vidas. Algún día ninguno de nosotros tendrá que estar aquí.

Veterinario, Inspector de Sanidad en un mataderoanonimo 2

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La feliz despedida

Alcaucil

Alcaucil

Estaba en el suelo. Con su cara de inocencia, nunca extrañó el trato humano y ajeno a toda la maldad de este mundo. Se dejó hacer. Por suerte cayó en buenas manos, lo llamamos Alcaucil y lo hemos cuidado hasta que ha estado preparado para marchar.

Alcaucil en la cajita

Alcaucil en la cajita

Lo colocamos en una pequeña caja con una apertura donde podía asomarse, tal y como un avión común haría en su nido natural. Desde ahí veía venir la comida y piaba de emoción, hasta que con el buche lleno se quedaba adormecido. No existe piar más dulce y alegre que el de un avión. Si las personas que destruyen sus nidos pudieran conocer uno tan de cerca estamos seguros de que nunca más se les ocurriría volverlo a hacer.

Tras sus primeros revoloteos no pasó mucho tiempo hasta que supimos que tenía que marcharse. Buscamos una colonia en la que se sintiera acogido y nos despedimos de él con el mismo temor que el de una madre que manda a su hijo de viaje por primera vez, con la diferencia de que Alcaucil no podrá llamarnos para avisarnos de que le fue bien.

Le deseamos todo lo mejor en su nueva vida, y no olvidaremos el legado de alegría que dejó en las nuestras.

Elena Moreno Portillo Elena Moreno Portillo

Presidenta y cofundadora de Ecourbe

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Huellas felices

Prohibido perros

La perrita labradora Kira estuvo la semana pasada de vacaciones con su familia en un pueblo costero. Paseaban tranquilamente hasta que se toparon con su gran playa arenosa: Kira miraba el mar con ojos de asombro mientras salivaba porque deseaba correr, enterrar su hocico, volver a correr y rebozarse por la zona ya que había estado toda la mañana tirando de la correa. Pero se encontraron con ese dichoso cartel circular en el que aparece la silueta negra de un perro sobre fondo blanco con el dibujo de “prohibido el paso” en rojo.

Si se pretende prohibir el paso de los perros a las playas por una cuestión de limpieza está claro que saldría perdiendo el ser humano

Dieron media vuelta algo desilusionados y fueron al apartamento en el que se hospedaban. Después de comer volvieron a la playa, pero esta vez Kira no los acompañó. Pisaron la ardiente arena con los pies descalzos y caminaron por todo el espacio. Se dieron cuenta de que sólo una pequeña parte estaba masificada y de que sin embargo había otra gran parte de la playa más alejada del centro urbano que estaba completamente vacía. Sin huellas de ningún tipo. 

Después de esto volvieron a por Kira porque las altas temperaturas de julio en España son muy peligrosas para los golpes de calor en los animales. Hay millones de familias o personas individuales con perros y sería muy lógico que habilitasen determinadas zonas en las playas para que pudiesen correr y darse un chapuzón. Es injusto que para algunos amigos peludos las vacaciones se conviertan en una entrada al llameante infierno por que tengan que andar pegados a una correa por una acera encendida y un asfalto calcinante.

Huellas en la playa

Seguro que muchos de vosotros os habéis encontrado con botellas, papeles, bolsas de plástico o latas vacías en la arena. Y en las calles. Y en los parques. Y en caminos. Si se pretende prohibir el paso de los perros a las playas por una cuestión de limpieza está claro que saldría perdiendo el ser humano. Sería fácil que todos nos comprometiésemos a recoger las deposiciones de nuestros caninos en la costa al igual que hacemos en las calles. No veo diferencias entre ambas situaciones y la calidad de vida, no sólo de los animales, sino de los dueños aumentaría en esta época estival.

Kira pisó la playa, por supuesto, pero enseguida les llamaron la atención. El abrasador ambiente que nos derrite las neuronas sería más llevadero si en esos paseos por el litoral español pudiésemos dejar libre a nuestros amigos. Veríamos encantados esas huellas de alegría sobre la arena, a lo largo de la orilla, perpendiculares a las olas. Y cambiaría ese dichoso cartel de “Perros no” por el de “Huellas felices sí”. 

Y tú, ¿qué opinas?

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas Tortosa

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¿La vaca que ríe?

vacas

El otro día me llamaron varias personas porque había unas vacas que llevaban varios días aparentemente agonizando en el campo, a pleno sol y sin ningún tipo de atención. Fui a ver. Una de las vacas estaba de pie: tenía las patas traseras rotas y las otras dos estaban tumbadas. 

No sabían que es habitual que las vacas que se utilizan para la explotación lechera sufran una descalcificación tan brutal

Me sorprendió que muchas de las personas que me llamaron no sabían que es habitual que las vacas que se utilizan para la explotación lechera sufran una descalcificación tan brutal. Son explotadas hasta la saciedad durante toda su vida, por lo que es habitual que sufran roturas.

Cuando llegan a esa situación ya no le valen al ganadero, pero este todavía puede conseguir una compensación económica del seguro, por lo que las dejan ahí tiradas sin poder levantarse, normalmente sin ningún tipo de atención, hasta que venga el perito del seguro y posteriormente se consiga el trasporte al matadero. Todo esto debería ser lo más rápido posible, pero en la práctica no lo es.

Lo habitual es que estén postradas con fuertes dolores, hambre y sed durante varios días, esperando a que finalmente llegue el camión que las lleve al matadero y ponga fin a tantos años de sufrimiento, atadas, siendo constantemente ordeñadas y viendo cómo se llevaban a sus bebés al matadero.

Vaca postrada

Dicen que cuando los perros y gatos que han sido queridos en la tierra mueren, llegan a un sitio donde están de maravilla, esperando a ese humano querido para cruzar juntos el puente que los lleva al arcoíris. Sin embargo los perros y gatos que no han encontrado en la tierra humanos que los quieran, tienen que esperar a un “protector”. Cuando llega una persona que haya trabajado en la tierra para ayudar a los animales abandonados, y como tributo a ellos, se les permite un último acto de rescate y amor y a todos aquellos pobres animales que no pudieron conseguir familias en la tierra, se les permite acompañarlo para que también puedan cruzar juntos el Puente del Arcoíris.

Cuando yo me vaya quiero acompañar a cruzar el Puente del Arcoíris a estas tres vacas. Quiero verlas ahí, esperando felices sin los huesos rotos, corriendo por la hierba. Cuando supe que finalmente había venido el camión a llevárselas al matadero lloré. Lloré sin parar y solo pude pensar… “Descansen en paz, bonitas”.

Asunción Estévez Asunción Estévez

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Los que vigilan

Vigilantes

Como es habitual, me paso por las colonias gatunas de mi pueblo. Ellas me conocen y cuando me ven aparecer, salen de sus escondrijos y se acercan. Unos más confiados que otros. Esperan su comida y tal vez, mis palabras, que siempre les cuentan cosas. Ellas me miran y escuchan y con sus ojos también me narran sobre lo dura que es la vida en la calle.

Ver a dos críos tan pequeños y decididos que, aun con esos palos, poco harían frente a un sujeto como el descrito, un delincuente, resultaba cómico y preocupante a la vez

El otro día andaba por allí, siempre alerta, pues es ilegal alimentar a los gatos, cuando aparecieron dos niños con sendos palos en la mano. Se acercaron a mí y me preguntó el mayor de ambos:

—Hola, ¿tú eres el que alimenta a los gatos de por aquí, verdad?

—Así es —indiqué con un plato de comida en las manos.

—A nosotros nos gustan mucho los gatos, tenemos dos en casa —los críos eran hermanos—. Vinieron de una protectora. Y ahora vigilamos la zona.

—¿Vigilar? ¿Y eso? —pregunté observando los palos…

—Porque el otro día la vecina X nos dijo que un viejo con sombrero se dedica a pegar a los gatos que hay en el jardín del colegio—. “El jardín del colegio” es una colonia que hay a unos 100 metros de la mía y que cuidan varias señoras mayores que conozco.

—Vaya. ¿Por eso lleváis los palos?

—Claro, si lo vemos pegando a un gato, le damos una paliza.

Ver a dos críos tan pequeños y decididos que, a pesar de los palos, poco harían frente a un sujeto como el descrito, un delincuente, resultaba cómico y preocupante a la vez. Por un lado, en sus pequeños cerebros ya atisbaban la diferencia entre el bien y el mal, todo aderezado con la semilla heroica e ingenua que a esas edades suele florecer en los corazones sencillos. Por otro, su actitud podría acarrear problemas a ellos, sus padres, y por supuesto a los gatos de la colonia.

—¿Y cómo podría ayudaros? —continué.

—No hace falta, en realidad sólo veníamos a contarte que ese viejo anda por aquí, pero que nosotros lo vigilamos.

—Muy bien. Vamos a hacer una cosa. Si lo veis haciendo algo a los gatos, antes de nada, hacerle unas fotos o grabadlo en video, con el móvil —sí, el mayor lo tenía— y me lo pasáis. Yo me encargaré de denunciarlo. Luego os escondéis y seguís vigilando ¿Os parece bien?

—¡Pero yo quiero pegarle una paliza! —comenta el más pequeño de los dos por primera vez.

—¿Sabes lo que pasa? —le dije muy serio—. Que si le pegas, él puede vengarse y matar a todos los gatos de la colina. ¿Es eso lo que queremos?

—No, claro —comenta el mayor, mientras el peque baja la mirada.

—Pues hacemos eso, vosotros vigiláis y si le veis hacer algo malo a los gatos, me lo decís y yo me ocupo del resto. ¿Ok?

Broken

Broken

Aceptaron el trato y se fueron corriendo a sus puestos de guardia. Me quedé pensando en Broken. Broken fue la única superviviente de una camada de gatos que unos niños usaron como pelotas para jugar. Todos los cachorros murieron excepto Broken que, maltrecha, acabó en el veterinario aunque su pequeño cuerpecito no pudo superar las terribles lesiones infligidas.

Broken murió a manos de unos críos de la misma edad que estos dos chicos. Los que vigilan…

Juan Arriaz JR Arriaz

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La lamentable y evitable historia de Buddy, un cachorro en el Aeropuerto del Prat

buddy-aeropuerto-barcelona
En la madrugada del viernes 12 de junio, en nuestra página de Facebook (PACMA Catalunya) nos llegó un mensaje en el que se decía que un perrito había sido retenido en el Aeropuerto del Prat y que la veterinaria del Punto de Inspección de Fronteras del Aeropuerto sólo daba dos soluciones: devolver el perrito a su país de origen o sacrificarlo.

La veterinaria del Aeropuerto sólo daba dos soluciones: devolver el perrito a su país de origen o sacrificarlo


A las seis de la mañana, la red de juristas del PACMA ya estábamos trabajando en el caso: el pequeño Buddy no podía continuar ni un segundo más en aquellas condiciones tan nefastas: solo, a oscuras, encerrado en un pequeño transportín, sin agua ni comida.

Al hablar con la dueña del perro, Irene Solà, nos contó la terrible historia: Buddy había pasado todos los controles del Aeropuerto de Nueva York, de donde provenía, llevaba toda su documentación en regla y un microchip. Sin embargo, cuando llegó al Aeropuerto del Prat resultó que el lector que tenían los operarios no podía confirmar dicha información, por lo tanto no podían verificar que la documentación en papel se correspondiera con la del microchip de Buddy, ya que este era ilegible.

perros avionAnte este problema, el servicio del Aeropuerto expidió una notificación de rechazo: el cachorro de perro sería encerrado en el almacén, exactamente igual que cualquier maleta vieja de las que allí había, sin agua, después de un largo viaje desde Estados Unidos, y sin comida. Irene, su propietaria, estaba desesperada, sólo quería estar con el perrito, que gritaba en la soledad de un almacén frío y desierto.

Desde la Red de Juristas del PACMA, las abogadas Mónica Olivares, de Madrid, e Irene Gonzalvo, de Barcelona, fueron las encargadas de llevar la representación letrada del pequeño Buddy y, basándose en el Reglamento europeo que regula la entrada de animales vivos en España, pidieron unas medidas cautelares: mantener al animal en cuarentena y entregarlo a un veterinario de confianza, para que certificara el estado físico del perro y localizara el microchip, o bien entregarlo a su propietaria.

A la vez que el PACMA defendía legalmente los derechos de Buddy, las amigas y los familiares de la propietaria comenzaron a difundir el caso del cachorrito por las redes; en pocas horas, Twitter y Facebook se llenaron de mensajes de apoyo a la familia y el portal change.org recibió más de 50.000 firmas.

El lunes 15 de junio, día hábil, fue la propia Administración quien acordó la cuarentena del animal, después de las acciones legales iniciadas y del apoyo masivo de la población a través de las redes sociales. Definitivamente Buddy se quedaba en Cataluña, y se trasladaba para pasar la cuarentena a la protectora APAN.

Lágrimas entre los familiares y amigos pero también entre todas las personas empáticas que han estado siguiendo este caso de cerca.

No queremos a otro animal retenido en el Aeropuerto por unas circunstancias similares, ningún animal más sacrificado por la incompetencia de la Administración. Hoy el caso de Buddy nos ha enseñado una gran lección: cada vez somos más las personas que luchamos contra el maltrato animal.

Irene GonzalvoIrene Gonzalvo

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Un corazón y seis vidas

Cachorro

Juan nunca imaginó que su familia ascendería tan pronto a trece miembros más. Ni tampoco imaginó que a la mitad de ellos los encontraría vagando por carreteras y campos de Jaén. El corazón de Juan es tan grande que es capaz de albergar a todos estos miembros y más, pero la realidad a veces es injusta y contraria a nuestros deseos. Aquí os cuento su historia.

Y es que los vecinos y la Policía Local le han puesto un ultimátum: si no consigue dar al menos a esos seis perros en 15 días los llevarán a la perrera

“Lo que es la vida: un día vas por la carretera, te encuentras un perro, lo recoges, lo limpias, lo curas, lo desparasitas, le das bien de comer… Y desde ese instante forma parte de tu familia”. Juan cuenta emocionado lo que siente cada vez que ayuda a un perro abandonado, pero la situación se ha vuelto insostenible para él desde que recogió a Juani, una podenca de cuatro años que fue utilizada para cazar y después abandonada.

Juani, la podenca madre

Juani, la podenca madre

Juani vagaba por los campos de Jaén, probablemente muy débil y deshidratada, cuando por suerte se topó con Juan, que decidió llevarla a su nave junto con sus otros perros para darle una vida mejor. Pero Juani no venía sola y al cabo de poco tiempo parió a seis cachorros que ahora tienen 100 días aproximadamente. 

“Tener trece perros para mí es una gran obligación, pero es mía: todos los días los visito, llueva, haga frío o calor, sea festivo o no, pero ahora me veo en el deber de dar a estos últimos seis cachorros en adopción. La gente se queja por sus ladridos y me han puesto varias denuncias. Además ahora se acerca el verano y el número de vecinos aumentará, así como el número de denuncias”. Y es que los vecinos y la Policía Local le han puesto un ultimátum: si no consigue dar al menos a esos seis perros en 15 días los llevarán a la perrera. 

Los seis cachorros

Los seis cachorros, todos hembras menos el negro.

“Nadie me podrá quitar jamás el amor que tengo hacia mis animales”. Esta situación fue un auténtico shock para Juan, que realiza una labor admirable y se nota que ama de verdad a esos perros, ahora con lágrimas en los ojos. La realidad a veces es injusta y contraria a nuestros deseos. Necesitan nuestra ayuda, desde la difusión hasta la adopción. Si estos cachorros acaban en la perrera, sus vidas terminarán en 10 escasos días, lo que tardarán en ser sacrificados. 

El corazón de Juan y esas seis pequeñas vidas están en peligro.

Si os animáis a adoptar aquí tenéis el contacto. Si no, la difusión con un solo click siempre es bienvenida. Maravillas de internet.

Contacto: Juan Montoro Castillo

Email: basico@elcreata.com

Haz click aquí para entrar en el evento de Facebook. 

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas

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¡Pasen y vean!

Jean Philippe Kikolas, malabares con cajas chinas

Jean Philippe Kikolas, malabares con cajas chinas

La primera vez que estuve en un circo tenía 4 años. El recuerdo más vivo en mi memoria son los vibrantes colores de una enorme estructura tensada, cuyos mástiles probablemente multiplicaban por más de diez veces mi altura; telas de colores entretejidas en la entrada y las taquillas, luces deslumbrantes en lo alto de la carpa, furgonetas, camiones y una marea de gente que también acudía al encuentro. En efecto, no se trataba de un circo cualquiera, era el debut de “El Circo que viene y va”, un espectáculo con diferentes números musicales que incluían entre otros, malabaristas y payasos, protagonizado nada más y nada menos que por la niña pecosa de la vecindad más famosa de México, La Chilindrina.

¿Qué mejor plataforma educativa que aquella que no despliega y disfraza el mundo natural de una forma artificial?

Mi pupila asombrada, enredada a una genuina euforia, disfrutaba estupefacta ante semejante engranaje que funcionaba a la perfección para ofrecer un asombroso vaivén de sonrisas y constante expectación. Un cautivante espectáculo donde las estrellas no eran animales, sino ocurrentes payasos, ejercitados malabaristas, acróbatas y trapecistas actuando al son de una absorbente música en directo.

Veintitrés años después volví al circo. Esta ocasión seducida por el Séptimo Encuentro Universitario de Circo de Madrid en cuyo programa estaba citado Jean Philippe Kikolas, personaje encarnado por Quique Méndez, quien con sus muy variadas e impresionantes técnicas de circo, logró apresar por completo mi curiosidad y poner nuevamente en marcha el motor de ese fascinante estado de asombro cuando uno es espectador.

Acrobacias con telas aereas (Encuentro Universitario de Circo de Madrid 2015)

Acrobacias con telas aéreas (Encuentro Universitario de Circo de Madrid 2015)

Sin duda, es maravilloso formar parte del espectáculo como público por no mencionar el sinfín de sensaciones que los números logran suscitar. Cuando la energía que traspasa el escenario se contagia al patio de butacas, cuando los números no dejan indiferente a nadie, cuando los artistas animan a descubrir e invitan al público a atreverse y a probar, es entonces que el espectáculo consigue diluir los límites entre él mismo y nosotros y los efectos son aún más cautivadores.

Estudios respaldan que aprender tareas como los juegos de malabares, produce cambios importantes en la estructura del cerebro pudiendo generar un aumento de hasta el 5% en la materia blanca cerebral. Siendo extensa la lista de beneficios tanto intelectuales como físicos que la práctica de estas actividades encierra, afirmar que el circo no sería nada sin el uso de animales evidentemente resta mérito a las múltiples disciplinas que engloban las artes circenses y escénicas.

Paralelamente hay quienes abogan por el supuesto valor educativo de los circos con animales, sin embargo, ¿qué mejor plataforma educativa que aquella que no despliega y disfraza el mundo natural de una forma artificial, que no propaga la discriminación moral basada en la diferencia de especie, que no somete, denigra o maltrata sino que es incluyente, y que en medio de una ebullición creativa, dinámica, educativa y social envuelve diversidad e inspira respeto hacia otros seres sintientes?

Malabares con mazas de colores

Inevitablemente la caducidad de los espectáculos de circo con animales llegará de la mano de una reforma en la legislación en la que se reconozca y considere por parte de la especie humana los derechos a la existencia de las otras especies como fundamento constituyente para la coexistencia de las especies. Porque es precisamente el desconocimiento y desprecio de dichos derechos lo que ha conducido y sigue conduciendo al hombre a sistemáticamente cometer crímenes contra la naturaleza y contra otros seres vivos.

Simultáneamente y de importancia equivalente lo es el fomento, preservación y difusión del sector del circo sin animales en España. Porque son numerosos en nuestro país los espacios de circo que ofrecen, tanto para adultos como para niños, innumerables alternativas al uso de animales en los espectáculos. Es indispensable y necesario el apoyo e impulso al gran potencial de miles de artistas locales que trabajan por rescatar y divulgar el concepto más sano de circo. Para los sin voz, la nuestra. NO a la opresión, a la degradación y la explotación animal.

¡Pasen y vean… el maravilloso mundo del circo!

Flor VázquezFlor Vázquez

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La cuarta edad

Bruna

Bruna

La escritora Rosa Montero anunciaba la pasada noche del 29 de mayo en su página de Facebook que su perrita Bruna, una teckel ya viejecita y de pelo duro, se había ido para siempre, dulcemente y en sus brazos. “Brunita” la llamaba, un diminutivo más que justificado porque era pequeñita, como un garbancito de pelo que pedía incesantes mimos y al que tenía siempre pegado a sus talones por toda la casa. Rosa siente además debilidad por los liliputienses (sale alguno en casi todas sus novelas), y Bruna era justamente eso: su única y fiel enanita peluda de cuatro patas que ahora pasa por su cuarta edad.

Es miserable que haya gente que se canse de estos compañeros de vida y los abandonen en arcenes o descampados

Seguro que todos los que estáis leyendo esto os sentís identificados con esta pérdida; los que aún no la habéis sufrido habréis fantaseado con ella (creo que es inevitable pensarlo cuando algún peludo entra a formar parte de tu vida), y los que no tengáis animales en vuestra familia tendréis la empatía necesaria ya sólo por haber pinchado el enlace. Es triste pensar en su cortísima esperanza de vida para lo importantes que llegan a ser. Pero es asombroso todo lo que nos llegan a enseñar estos granujillas.

Lo que más me llama la atención es la calidad de su relación pura y desinteresada. Lamen, juegan, muerden, bostezan de una forma muy graciosa, ponen sus patitas sobre ti, se rebozan en el suelo, en tu pantalón, te saltan encima, lamen tus pies descalzos, tus piernas al aire libre, tu cara cuando te acercas, el suelo de la cocina. Y esa curiosa costumbre de sacudirse el agua a 10 centímetros de donde estás tú. O cuando al volver del trabajo montan una fiesta y mueven el rabo como si hubieseis estado años sin veros. Habría tanto que decir… Es miserable que haya gente que se canse de ellos y los abandonen en arcenes de carreteras o descampados por no querer cumplir su rutina de comidas, de paseos, de cepillados, de baños, de limpiarles las legañas o de educarlos.

Y pobrecitos, cuando enferman. Con esa mirada cristalina de vulnerabilidad como si pudiésemos hacer algo, agachan las orejas y se marchan apáticos a un rincón, como un toro cuando está a punto de morir en la plaza. La principal diferencia es que él no tiene el brazo de sus amitos para que reposen sobre su lomo y le indiquen que todo está bien.

Perra Bruna

Bruna. Foto de Mario del Castillo

Brunita era pequeña, pero matona. Aunque una matona buena. No le gustaba ser vieja, no veía muy bien y ladraba a los desconocidos para dejarles claro quién mandaba en su territorio. De hecho imponía tanto que cuando se echaba a dormir y tenías que pasar por su lado lo hacías de puntillas para no despertarla, jajaja… Ay, Brunilla. Se hacía respetar. Ha sido compañera de Rosa en muchos aspectos: de cama, de vacaciones, de noches… Aunque ahora ella tiene que emprender un viaje sola, seguramente hacia alguna montaña con un verde similar al de El Retiro, llena de galletitas, juguetes y otros compañeros.

Mentalizarse antes de dejar ir a nuestros amigos para siempre también es un arduo trabajo. Rosa solía agacharse hacia ella, nariz con hocico, mientras repetía como una cantinela: “Qué viejita estás, te vas a morir cualquier día, ¿verdad mi niña?”. Una escena tierna, dura, pero necesaria. Brunita pasó de la tercera edad a la cuarta, donde se encuentran los recuerdos y reposan sobre la mente y el corazón. La edad en la que se quedan a vivir para siempre.

Rosa, siempre has apoyado al PACMA: nos has difundido y has asistido a actos que hemos convocado. Escribo esto con la sensibilidad a flor de piel, pensando en tu dolor. Ahora queremos apoyarte y hacerte justicia. Son momentos difíciles, pero al final todos acabaremos reencontrándonos.

¡Nos vemos en la cuarta!

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas

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