La secta

los tres monos

El otro día hablaba con dos compañeros de la banda municipal de música en la que toco y, cuando les comenté que había dejado de comer carne, me dijeron con la solemne presunción de la experiencia: “Hay que comer de todo… Pero es tu decisión y habrá que respetarla”. Tras este panorama pensé que me había librado de otros tantos típicos juicios hasta que uno de ellos remató sin maldad y con tono burlón: “Pero ten cuidado que el siguiente paso es ir rezando con túnicas naranjas y coleta como los hare krishna”. 

Animo a los dudosos a que se atrevan a saltar. Pero sobre todo animo al resto a que duden

Bromas aparte, con estos comentarios me permití el lujo de dudar sobre cuál era la verdadera secta: los que comen carne o los que no. Pero sobre todo me hicieron reflexionar sobre la situación del mundo y la tolerancia: ¿Cómo es posible que los que decidimos seguir una dieta sin animales tengamos que aguantar las continuas bromas —nada originales, por otro lado— de familiares, amigos y compañeros recordándonos una vez más la exquisitez del jamón o el peligro de nuestro supuesto “lavado de cerebro”? Porque lo peor es que, aunque lo digan a modo de pitorreo, lo piensan de verdad. Y lo sabes. Lo sabemos.

Cuando mi compañero comparó a los hare krishna con los vegetarianos le respondí que posiblemente hubiese una secta más grande y más dañina: los que comen carne. A partir de ahí su rostro cambió y se escudó en que era lo que le habían enseñado desde siempre. Es difícil que te digan que perteneces a un pequeño grupo de gente a la que han lavado el cerebro, pero como ya estoy acostumbrada a esa denominación, pongamos un poco de igualdad: que ahora los raros sean los de la mayoría, los que nunca salen de su zona de confort y hacen lo-de-toda-la-vida. Esos que piensan que mientras no cuestionen nada y se comporten igual que sus raíces estarán dentro de la llamada normalidad. Lo preocupante es que siempre se acaba confundiendo el término “normal” con el de “correcto”.

¿Qué es “lo correcto”? Ni siquiera yo me atrevo a decir que mi modo de vida lo sea (juzgar algo así me parece de un egocentrismo y una soberbia tremendos), pero sí puedo decir alto y claro que, tanto para la ética como para el medio ambiente y el planeta, es la elección menos dañina. Objetivamente hablando, el consumo de carne implica: excedentes en su producción que cuesta mantener, maltrato animal (sobre todo para abaratar costes), medicación excesiva para ellos (incluso estando sanos), mayor índice de hambre en el mundo (según las Naciones Unidas se podría erradicar el hambre dedicando a la alimentación humana el 15% del grano destinado al ganado), gastos sanitarios, contaminación de la ganadería intensiva (por la erosión de la tierra o el metano) y un mayor consumo de agua, energía, espacio y materiales. Por ejemplo. Imaginad todas estas nefastas consecuencias durante muchos años.

consumo de agua

Sin embargo con este artículo no pretendo idear un posible modo de vida alternativo para salvar el planeta; no tengo ni la intención ni los conocimientos. Sólo quiero dejar claro que actualmente consumir carne es lo normal, porque es lo que hace la mayoría, pero ser vegetarianos no nos convierte en seres raquíticos o idiotas. Sé que a los más conservadores en este sentido les puede fastidiar leer esto, pero sí: los análisis de sangre salen sin carencias. Y algunos deportistas de élite llevan dieta vegana. Aprendamos a valorar a las minorías y a entender otros puntos de vista, aunque no estemos de acuerdo. No sé si será lo correcto, pero en saber cambiar está el progreso. Y la palabra “cambio” implica a veces alejarnos de lo corriente.

Hace años apenas se cuestionaba la tauromaquia. Hoy en día la tradición en el ruedo va en detrimento. ¿Y la tradición en el plato? Animo a los dudosos a que se atrevan a saltar a este círculo minoritario (que va in crescendo) y que prueben, porque no se van a arrepentir. Y también animo al resto a que duden. Espero que algún día toda esta historia tenga un final, si no correcto, al menos feliz, y así tener el placer de leer aquello de: “Comieron felices, y vivieron perdices”.

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas

 

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Cervantino

Cervantino muerto

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Llevo un tiempo que, cuando paseo con mi perro por mi ciudad, me voy encontrando cada vez con más paseantes acompañados de perros que me cuentan y advierten de sus experiencias al haber sido abordados por agentes incluso de “la secreta”, que les piden identificación, la suya y la canina, revisan si estos se encuentran al día de vacunaciones y comprueban si llevan insertado el microchip, les instan a que lleven a sus perros siempre perennemente atados y, en algunos casos, también con obligatorio bozal. Todo ello sin ningún comportamiento ni suceso previo que lo justifique. 

Pues esta es la Justicia animal que tenemos, que no sirve para proteger a la débil y desprotegida víctima del vil y depravado maltratador

Desconozco si es una campaña de acoso por motu proprio por parte de las autoridades o responde a la queja de ese típico tipo de personas que cuando te las cruzas siempre miran con, como poco, cierto desaire al acompañante cánido y murmuran a volumen que se les oiga algo que debe de estar relacionado con el vinagre, a juzgar por el gesto, y de lo que yo siempre sólo alcanzo a oír la última palabra que suele ser “… perritos”, pero dicho con tal acritud como si tuvieran la boca llena de bilis o simplemente la mente inundada de pura mala leche.

A la vez que todo esto, salta a la prensa la noticia que relaciona una de tantas horrorosas historias de maltrato animal, en este caso en équidos, con famosas series de televisión, Águila Roja principalmente, famosa y exitosa serie que cuenta con en torno 4 millones de seguidores fijos todas las semanas y numerosos y fieles fans que la viven y comentan además en diversas redes sociales. Por todo ello y en la era de la comunicación digital, la noticia se extiende como la pólvora y de igual forma se van inflamando los comentarios al respecto; hasta el punto que la propia productora de esta popular serie, Globomedia, ha tenido que salir al paso para desligarse de este aberrante hecho. Lo que ha hecho con una simple aclaración de que Cervantino, nombre de la víctima mortal que ha desatado la confusión, no es ninguno de los caballos utilizados por el héroe, cuyos nombres según comunican son Almirante para uso del actor y Talibán el utilizado por el especialista, quedando así olvidado Minero que hasta hace poco ejercía como caballo-actor principal, añaden también que estos están en perfecto estado por lo que el caballo del héroe ninja del Siglo de Oro “está vivo y coleando”.

Personalmente, mi primer deseo es que no hubiera en el mundo deleznables bestias humanas capaces de tales comportamientos como el que aquí comento. Pero dado que ha ocurrido porque sí las hay, hubiera deseado que el comunicado de tan importante productora como es Globomedia hubiera añadido además, algo relativo al exquisito trato que supongo proporcionan a los animales participantes en la serie, principales o secundarios, fijos u ocasionales.

Desearía que ese buen trato, dado que en este país ni es obvio ni se puede dar por supuesto, fuese, además de deseable, inevitable y se hiciese constar en cada capítulo de esta serie o de cualquier participación animal, pero no con una mera frase coletilla sin respaldo de veracidad, sino que, de manera obligatoria, hubiese supervisión para vigilar se dispense ese buen trato. Como ya viene haciéndose con otros participantes que por las limitaciones que fueren, menores por ejemplo, pudieran verse damnificados por daño o abuso en su trabajo como actores. Incluso cuando se utilizan como escenarios entornos valiosos se supervisa no sean dañados. De la misma manera los animales tienen una justificación que la motive: “Indefensión”, además de tantas otras evidentes.

Y aunque el pobre Cervatino no participara ya en Águila Roja y la confusión venga de que al parecer sí lo hizo en su día de manera ocasional y perteneciendo a otro dueño, también me hubiera gustado, hubiera agradecido y he echado de menos que, dada la fama y popularidad de la serie y su productora, hubiesen aprovechado la presumible amplia divulgación de su comunicado para, además de lavar el agravio a su imagen, sumarse a una buena causa, como sería el expresar su pesar por lo ocurrido y la condena sin paliativos hacia hechos tan deleznables. 

Cervantino en la serie

Cervantino en Águila Roja

Porque se ha relacionado el monstruoso hecho con la serie de ficción más popular del momento, ha sido por lo que ha tenido la difusión que ha alcanzado, pero eso no evita el hecho menos comentado y para mí más llamativo de la noticia, como es la precaria e ineficiente actuación de las autoridades y las exiguas leyes que les rigen. Siendo que, para que la Justicia sea justa, debería asistir a las indefensas victimas deteniendo la barbarie y reparándola en lo posible.

Y ahora pegaría decir: “Y que sobre el maltratador caiga todo el peso de la ley”, pero… ¿Qué ley? En lugar de esto, se dio una intervención que calificaría de pantomima ridícula pues tras constatar el horror dantesco que allí ocurría, confirmar que el desalmado agresor tenía innumerables precedentes de violencia animal con resultado de muerte por palizas hacia dos de sus perros, otros caballos por inanición, lesiones irreversibles con una fusta a otro, y no quiero imaginar cuanto más, de lo cual incluso se jactaba en público, sumándole innumerables delitos administrativos relacionados con el trato a los animales.

Pues, pese a todo ello y por si fuera poco, todavía continúan las autoridades oportunas instando al propietario a personarse en la Oficina Veterinaria de la Zona al objeto de “subsanar las deficiencias observadas”, según lo publica un medio informativo… ¿Deficiencias? Lo que además ha supuesto en la realidad dejar bajo la custodia del mismo abominable maltratador al resto de los pobres caballos que a duras penas siguen vivos, instándole a que cambie su comportamiento, que de manera reiterada ya se ha constatado que ha incumplido, pero una vez tras otra ahí siguen quedando y ahí siguen sufriendo.

Pues esta es la Justicia animal que tenemos, que no sirve para proteger a la débil y desprotegida víctima del vil y depravado maltratador, pero que sin embargo es una justicia muy eficaz para acosar a las personas que pasean con su perro sin que causen ningún mal ni hayan hecho nada que lo excuse ni pretexte, y que también es justicia eficaz y rápida además, cuando sin comprobaciones, pruebas ni miramientos, se trata de causar la muerte de un animal con la única razón de “por si acaso”.
Si la Justicia animal vigente permite todo esto, está claro que no es Justicia, y no cabe otra que dejar de desear cambiarla para todos a una luchar por hacerlo.

Ana Beatriz Rubio

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Y la historia se repite…

Perrera provincial en OlivenzaEn Extremadura los políticos no aprenden, ni escuchan, ni piensan, ni evolucionan. Y la peor parte se la llevan las finanzas de los extremeños y, para los más sensibilizados, nuestras almas animalistas.

Prueba de ello la noticia que recientemente se publicaba en un diario regional (leer la noticia completa en Diario Hoy): la creación de una perrera provincial en Cáceres, subvencionada por la Diputación —que se llevará 400.000 euros de fondos públicos— para paliar un problema de “sanidad”. Que se siga considerando hoy en día el abandono y maltrato de los animales como un problema sanitario en lugar de como una crueldad y vergüenza social resulta totalmente inaceptable. 

Se ve que los responsables políticos prefieren seguir gastando todos los años dinero público en matar perros

Lo peor de todo es que va a repetirse la inepta propuesta que sobre este tema desarrolla la Diputación de la provincia vecina, Badajoz, que en los últimos cinco años lleva invertidos más de dos millones de euros (los presupuestos pueden consultarse en su web) en su instalación situada en Olivenza. Esta perrera está gestionada por una empresa privada que recoge animales abandonados (pero también entregados por su propietarios, como si fuera un servicio de recogida de basuras), algunos de los cuales se han salvado de la muerte gracias a la labor de las protectoras que han conseguido sacarlos de allí y buscarles adopción. Otros muchos no corrieron esa suerte.

Se ve que a los responsables políticos no les parece rentable invertir en sensibilización, convivencia responsable, difusión de la ley de protección animal extremeña, apoyo económico y logístico a las asociaciones protectoras, creación de refugios municipales y adecuación de los ya existentes, esterilización, control riguroso de la identificación y censos, campañas de adopción en perreras y refugios, denuncia y sanción sistemática del abandono y maltrato, persecución de la cría, compra-venta y tráfico ilegal de animales… En definitiva, en políticas de concienciación para cambiar la realidad existente en Extremadura. Por el contrario, prefieren seguir gastando todos los años miles de euros del erario público en recoger y matar perros… Hasta el fin de los tiempos.

perrera

Vemos claro que el cambio social se asienta en los ciudadanos que, junto con las asociaciones protectoras, son quienes luchan por cambiar la realidad de nuestra Comunidad Autónoma con respecto a los animales. Y que nuestros representantes parecen disfrutar y regodearse en su nefasta y vergonzosa gestión, que consiste en perpetuar esta situación e ir parcheándola (matando) cada año con billetes de 500 euros, en vez de solucionar el problema atendiendo a las indicaciones de los proteccionistas.

La implicación de los ayuntamientos extremeños en el cumplimiento de la ley de protección animal, que los señala como responsables directos de los animales abandonados en su localidad, es la base del cambio. Necesitamos consistorios sensibles, con deseos de cambiar las cosas de verdad para beneficio de todos, los amantes de los animales y los que no lo son. Delegar en las Diputaciones, alejadas del problema, que se han mostrado incompetentes en la resolución del mismo, es la salida fácil para los políticos negligentes e incapaces.

Como extremeños exigimos dignidad, respeto, soluciones a largo plazo y útiles para nuestros animales y para las personas que sufrimos por su maltrato. Basta ya de mirar para otro lado, de gastar cada año dinero público —que no tenemos— a manos llenas, de meter el problema bajo la alfombra y que lo solucione el que venga después. Basta ya de maltrato animal. Que las administraciones asuman, de una vez, sus obligaciones.

Olga LamaOlga Lama 

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resCATaDOG

resCATaDOG logo

Os voy a poner al corriente de una afortunada posibilidad para los pobres animales que se encuentran en la calle, temblorosos y que incluso llegan al punto de no fiarse ni de su sombra (como nos pasaría a los humanos en situaciones parecidas). Se trata de resCATaDOG, un grupo de amigos en Madrid que en su tiempo libre se encarga de rescatar animales que no se dejan coger por el miedo que tienen; tarea difícil que agradecería cualquier protectora a la que le resultase complicado el intento de salvación del animal. 

Gracias al activismo el mundo podrá encauzar una vía mejor, con actuaciones colectivas e individuales. Cada acción cuenta

Si alguien se encuentra en alguna situación así y necesita su ayuda sólo tiene que entrar en su web (www.rescatadog.com) y rellenar el formulario de contacto, aportando toda la información posible sobre el caso y aceptando su documento de condiciones. Debido a que es un grupo de particulares modesto, hay una serie de requisitos que se deberá cumplir para que se pueda llevar a cabo el rescate:

- La localización del animal

- Una rutina de comidas en una hora y lugar determinados debido al gran tamaño de la jaula que emplean (aunque si son casos muy urgentes lo intentan sin esa rutina, siempre que haya alguna posibilidad de poder localizar al animal)

- Que la persona que pida el rescate cuente con el amparo de una protectora, o en su defecto, residencia o lugar seguro donde poder llevar al animal (ellos no tienen un lugar para llevar a los animales, sólo los rescatan, que no es tarea fácil)

- No cobran por los rescates, pero piden que se hagan cargo del coste de la gasolina a los contactos que solicitan un rescate (ya que ellos llevan todo el equipo y se hacen cargo de los costes por reparación del equipo, la comida para la jaula, etc.) y actúan en un radio de acción de entre 200 y 250km máximo (son cuatro personas las que tienen equipo de rescate y viven en Madrid, al igual que la mayoría de voluntarios)

perro rescatado

Algunos rescates les han llevado hasta 22 horas, es una labor difícil y hay que entender las condiciones que piden para que sean efectivos. También tienen página de Facebook (disponible aquí) donde publican los rescates que van haciendo. En el recién pasado año 2014 han podido salvar más de 220 animales y muchos de ellos están ahora felizmente adoptados. Si alguien quiere contribuir con una pequeña ayuda económica para un mejor mantenimiento de este pequeño grupo puede hacerlo por dos vías:

- PayPal contactando con pegatinas@rescatadog.com

- Grupo de Teaming, una plataforma muy segura con la que puedes donar un 1 euro al mes (el dinero llega íntegro, sin intermediarios) y está disponible aquí

Todos los donativos recibidos se destinan al gasto de gasolina cuando es directamente una protectora la que hace petición de rescate. Este es el mayor ejemplo para comprobar que cualquier persona movida por el corazón puede hacer obras tan bellas como la salvación de seres vivos.

Gracias al activismo el mundo podrá encauzar una vía mejor, con actuaciones tanto colectivas como individuales. Gracias a los que luchan desde ellos mismos, porque cada acción cuenta.

¡Gracias, resCATaDOG!

Lorena Vargas Tortosa Lorena Vargas

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¡Ay, mi España querida!

Toro Gran VíaHoy es un día negro para mi querida y hermosa España. Hoy es un día nublado y oscuro a pesar del sol que brilla. Hoy y todos los días mi España querida sangra.

¡Ay, mi España querida! Tan llena de luz, de color, de alegría, de saber, de cultura y de arte. Cuna de escritores legendarios, de poetas, de almas buenas y sensibles. Cuna de arquitectos que rozaron el cielo con sus creaciones, de pintores y escultores que nos mostraron el lado más oscuro y luminoso de mi España. Llena de talento y de arte. En todas sus variantes, mi España es hermosa y fuerte. 

¡Ay, mi España querida! ¿Dónde estás? ¿Por qué no te levantas y te sacudes la escoria? Esa escoria pegada a ti

¡Ay, mi España querida! ¿Qué ha sido de ti? ¿Dónde estás? ¿Qué ha sido de tu orgullo, de tu fuerza y de tu belleza? Hace tiempo que no te veo, mi querida España, llena de corruptos, que te rompen y te machacan, que te violan y corrompen sin pudor ni vergüenza y llena de un pueblo pasivo que nada hace…

¡Ay, mi España querida! ¿Dónde estás? ¿Por qué no te levantas y te sacudes la escoria? Esa escoria pegada a ti y que se esconde bajo una constitución que no respeta. Pero hoy y cada uno de los días que tiene el año, sangras. Hoy es peor aún mi hermoso país… Hoy sangras. Hoy en Tordesillas, mañana en Algemesí y pasado mañana en algún otro sitio se habrá cometido una atrocidad, y tú sigues permitiéndolo… Hoy y mañana un puñado de cobardes, de esa escoria que tienes pegada, ha matado a un toro, símbolo de tu fuerza y bravura, con lanzas a lomos de caballos que sufren igualmente. O un puñado de esa escoria, que asesina con gran sufrimiento a unos pobres becerros, bebés… ¡Bebés! ¡Qué crimen tan atroz!

Hoy sangras un rojo intenso y brillante. ¿Por qué permites eso? ¿Por qué permites que el símbolo de tu garra, de tu valía y de tu belleza sea torturado una y otra vez?

toro sangrandoAy, mi España querida… No te merecemos. ¿A qué esperas, pueblo de España, a que sea demasiado tarde? ¿A que por culpa de esos que dicen gobernarnos nos cieguen con sus pretextos y mentiras? ¡Lo único que quieren en dividirnos! ¡Levántate y grita! ¡No te indignes y sal a calle! ¡Corre y lucha por que nuestra hermosa España vuelva a ser lo que en verdad es! Un país unido, lleno de belleza, mezclado de cultura, un país de oportunidades… Este no es un mensaje de derechas o de izquierdas, es un mensaje de una española que ama a su país, su cultura, su arte, su gente… Y que quiere que una España sin sangre en sus manos.

¡Venga, pueblo español, levantémonos y andemos juntos! ¡No al maltrato animal, no a la corrupción! Ay, mi España querida. Hoy yo lloro por ti, ¡hoy el mundo entero llora por ti! Triste y negro día para ti, mi España querida…

Virginia VergaraVirginia Vergara

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Soy un salvaje y no comprendo

Ciervo en punto de mira

Nunca lo he podido entender. Comprendo la adrenalina, el reto de darle a una presa en movimiento (aunque muchas veces se trata simplemente de un rifle telescópico contra un animal inmóvil que no tiene ninguna oportunidad…). Entiendo todo eso. Lo que no me cabe en la cabeza es que los cazadores sean capaces de anteponer estos «placeres» al hecho de estar terminando con una vida. 

El Jefe Seattle decía: «Lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo»

Ahorraos las excusas. Me las conozco todas. He escuchado mil veces las historias de los valientes cazadores, sean millonetis o pringaetes que quieren serlo y van a las monterías igual que al pádel o al golf, así que os podéis ahorrar el pretexto del control poblacional y el resto del argumentario de Jara y Sedal. No voy a entrar a debatir al respecto (aunque varios de vuestros razonamientos son fácilmente desmontables), por la simple razón de que no lo hacéis por eso. No sois unos excursionistas amantes de la naturaleza y del ejercicio físico al aire libre que altruistamente decidís comprar una escopeta y sacrificar parte de vuestro tiempo para controlar la población de animales. No. Sois unos sádicos. Lo que os mueve es el placer de matar. Y eso es muy preocupante.

Que tras tantos miles de años de evolución no encontréis otra forma mejor de ocio en vuestras miserables vidas que dar muerte a un animal, que hacer sufrir a un ser vivo, dice muy poco de vosotros. O mucho, según se mire. Para mí, no estáis muy lejos de un psicópata. Ya, ya sé que no sois asesinos en serie, pero tampoco es igual el que roba un paquete de folios en la oficina que la infanta, por ejemplo. Para todo hay niveles, pero por algo se empieza y un ladrón es un ladrón. Y los que no disfrutáis directamente con la muerte y el dolor que infligís, la ignoráis. Es decir: ponéis vuestra diversión por delante del daño ajeno. Deberíais haceros mirar esa falta de empatía, esa frialdad patológica.

Supongo que muchos sois así desde pequeños, como esos críos a los que cuando trabajaba de monitor de tiempo libre (hace una vida) intentaba convencer para que dejaran de torturar a insectos en los campamentos o los patios de los colegios. Al verlos, me acordaba de una frase de Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno: «Esos tíos como Morrow que se pasan el día atizándole a uno con la sana intención de romperle el culo, resulta que no se limitan a ser cabrones de niños. Luego lo siguen siendo toda la vida». Pero la mayoría, digo yo que cuando visteis Bambi de críos no os pusisteis del lado del cazador, ¿verdad? No creo que estuvierais ante la tele pensando: «¡Bien! Ya tienen a la madre, pero el puto cervatillo siempre se escapa». ¿Qué os ha pasado desde entonces? Deberíais parar un momento a reflexionar, porque os digo una cosa: erais mejores antes.

Pato cazado

Enseguida saltarán quienes me reprochen que coma carne y pescado. Podría contestarles que bueno, que si de incoherencias hablamos, el que crea estar libre que me lo haga saber y lo comprobamos con un sencillo cuestionario. Pero no hace falta: supongo que cualquiera captará la gran diferencia existente entre comerte un entrecot para alimentarte e ir a matar un jabalí porque no den nada en la tele. ¿No lo veis? El problema está en el hecho de matar por diversión.

Sin embargo, efectivamente, sabiendo cómo trata la industria alimentaria a los animales, con mis ideas debería ser vegetariano. O más bien vegano. O incluso presentarme para presidente de PACMA. ¿Por qué no lo hago? Como todos, me he pertrechado con un buen número de excusas que me sirven para seguir llevándome bien conmigo mismo, probablemente engañándome en cierta manera. Pero quién sabe, quizá algún día. Quizá mañana…

Para terminar, os dejo una frase de la respuesta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos (1855). La carta íntegra debería ser de estudio obligatorio en todos los colegios: «Lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo». Si el Jefe Seattle tenía razón, lo llevamos crudo, pues ya conocéis la famosa cita de Schopenhauer: «El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales». O quizá el Jefe sólo era un aborigen primitivo, tonto y atrasado, y lo que pasa es que yo también soy un salvaje que no comprende a la gente civilizada.

Salva Solano Salva Solano

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El homenaje de Oviedo a Rufo

Rufo

El pasado 16 de Abril os contaba en esta misma página la historia de Rufo, el perro de Oviedo. Se estaba realizando una recogida de firmas para que el Excelentísimo Ayuntamiento de Oviedo nos concediera permiso para la colocación de una estatua en homenaje y recuerdo de Rufo, un perro cruce de mastín y pastor alemán que vivió en Oviedo entre los años 80-90.

Era un perro vagabundo, pero con dueño. Su dueño era la ciudad de Oviedo. Era de todos y no era de nadie. Ahora queremos que sea eterno

Era un perro vagabundo, pero con dueño. Su dueño era la ciudad de Oviedo, vivía amparado, protegido y alimentado por los ovetenses. Era de todos y no era de nadie. Ahora queremos que sea eterno.

Un mes después y con 7.000 firmas en nuestro poder, el Ayuntamiento de Oviedo nos dio su permiso para la colocación de la estatua homenaje a Rufo. Durante estos meses, se han estado realizando gestiones para tener todo en orden y proseguir con el proyecto. Se ha creado una asociación sin ánimo de lucro llamada “Amigos de Rufo”, con el fin de gestionar todo lo relacionado con este proyecto, que todo sea transparente y cumpla con la legislación vigente. Se ha abierto una cuenta bancaria para recibir donativos para este proyecto ya que desde un principio, al Ayuntamiento de Oviedo solo se le solicitó permiso para su colocación en la vía pública.

La realización correrá a cargo de la artista ovetense Sara Iglesias, elegida mediante votación popular entre otros dos artistas en la página de Facebook: “Rufo, el perro de Oviedo”, quien cuenta con una dilatada experiencia en escultura y pintura. Además, la artista realizará el trabajo desinteresadamente, sin cobrar nada por ello.

Rufo 2

Queremos que la estatua de Rufo sea lograda, realizada y financiada por la gente de a pie, por quienes lo recordamos hoy en día, y queremos que siga perdurando ese recuerdo por todas esas personas a las que de una u otra manera les ha llegado al corazón su historia como si fueran un ovetense más.

Si los donativos recibidos fueran superiores a los costes de la escultura, se donarían a alguna asociación de protección animal de la ciudad de Oviedo, aún por determinar. Durante estos días, la iniciativa está teniendo una gran repercusión local, haciéndose eco de la misma en prensa y radio. Siempre agradeciendo la ayuda de la gente anónima que se implicó en la idea, como también a los responsables del PACMA, en especial a Luis Víctor Moreno, a quienes estaremos eternamente agradecidos; sin su ayuda esto no hubiera sido posible.

Una vez más y para poder hacer realidad algo que está tan cerca, os pedimos una pequeña ayuda, bien sea con un donativo para poder financiar la obra o simplemente corriendo la voz y compartiendo esta iniciativa. Cualquier ayuda, por pequeña que sea, será bien recibida, pero sobre todo agradecida y recordada por una ciudad que lucha porque el recuerdo, el trato y los derechos de los animales de nuestra ciudad sea el que se merecen: el de la igualdad.

La cuenta está abierta en la Caja Rural de Asturias y se pueden hacer donativos desde cualquier entidad bancaria on-line o en cualquiera de sus oficinas. La cuenta, a nombre de Amigos de Rufo, tiene el siguiente número: 3059-0066-67-2698752611

Os damos nuevamente las gracias, no solo por ayudarnos en esta lucha y hacer realidad nuestro sueño de que Rufo sea recordado y conocido por nuestra gente, hijos, nietos y visitantes de nuestra bella ciudad; os damos las gracias por vuestro respeto y amor hacia los animales.

Eternamente agradecidos.

Alejandro LabradorAlejandro Labrador

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Juguetes

cachorro navidad

Escribo en esta ocasión porque quiero compartir con todas las personas a las que alcance este blog una preocupación que me invade últimamente por las noches y no me deja dormir, con el propósito de aportar mi granito de arena en la labor de concienciar. 

Parece que la navidad tenga un poder alentador sobre la gente, pues es la época del año en la que más animales se adoptan

En las fechas en las que estamos, pronto muchas familias comenzarán a adoptar cachorros como regalos de navidad. Pequeños bichitos que llegarán a sus nuevas casas en una caja, envueltos en brillante papel de regalo y que se colocarán bajo el árbol de navidad junto al resto de juguetes nuevos. Todos sabemos lo que ocurre después de esto. Parece que la navidad tenga un poder alentador sobre la gente, pues es la época del año en la que más animales se adoptan… Mientras que los meses venideros se tornan un infierno para las protectoras, refugios, asociaciones y particulares al alcanzar cotas de abandono que sobrepasan lo inhumano.

Quisiera emplear estas palabras que estoy escribiendo para explicar a la gente que, por sorprendente que pueda parecer, los animales no son juguetes. La acción de adoptar un ser vivo conlleva una serie de responsabilidades que no se deben olvidar, por mucho que sea navidad. Hay que comprender que una mascota es un miembro más que va a entrar en la familia, un ser vivo que necesitará una serie de cuidados, desde comida y juguetes hasta las vacunas y las revisiones veterinarias; que costará dinero, sí, igual que un hijo, sobre todo, al que habrá que educar. Quisiera detenerme en esto último porque por desgracia he podido comprobar que hay muchas personas que no comprenden este hecho. Una de las razones por las cuales se abandonan más perros es la deplorable excusa de que “es que el animal se portaba mal”.

Señores, un cachorro necesita educación y necesita disciplina de la misma manera que un niño necesita ser instruido en lo que está bien y en lo que está mal. Hay que tener muy presente a la hora de adoptar que nuestra mascota va a precisar que le dediquemos tiempo, paciencia y sobre todo firmeza para que aprenda a convivir y asimile los hábitos y las costumbres que se requieren para que pueda estar en una casa. Nuestra mascota deberá aprender dónde sí y dónde no puede hacer sus necesidades, tendrá que adaptarse a unos horarios, a unas normas, habremos de enseñarle dónde puede subirse y dónde no, y deberá ser reprendido si se come nuestro sofá.

navidad_cachorro

Pero, señores, todo esto lleva tiempo. Requiere paciencia y ante todo, algo tan simple como ganas. Si no estamos dispuestos a enseñar a nuestro perro a comportarse como nosotros queremos, entones no cometamos la locura de responsabilizarnos de su vida para después condenarlo a una muerte cruel. Comprendan, señores, que desde el momento en que ese animal pise su casa, ustedes se convertirán en su referente, en su dueño, en su modelo a seguir, en la persona por la cual ellos darían la vida sin pensarlo. Igual que un hijo. Y debemos tener muy claro antes de enzarzarnos en esa aventura si estamos dispuestos a hacer el esfuerzo y el sacrificio. Una mascota supondrá cuidados, salir corriendo al hospital si le pasa algo, supondrá curas, medicamentos, vacunas, supondrá comida, limpieza, educación… Por favor, señores. No tiren la toalla desde el principio. Los animales no vienen educados de fábrica, igual que ningún niño sabe desde que nace lo que está bien y lo que está mal. Un perro no se enseña solo y no podemos sentarnos sencillamente en el sofá a esperar que él salga solito a hacer sus necesidades.

Tener una mascota es una de las experiencias más enriquecedoras que podamos sentir en la vida. Una mascota nos proporciona amor incondicional, protección, seguridad, autoestima, nos inculca unos bellísimos valores, nos hace mejores personas. Será una herramienta estupenda para que nuestros hijos crezcan aprendiendo disciplina, responsabilidad, valores… Ese animal lo dará todo por ustedes, señores. Sin pensarlo. Por favor, devuélvanselo. No lo condenen a experimentar el calor de un hogar para después tirarlo a la cuneta porque se ha hecho caca en la alfombra. ¿Ustedes alcanzan a comprender la miseria moral de ese acto?

Pongo como ejemplo el caso de una mujer de un pueblo de Sevilla llamada Mari Ángeles, quien hace dos días recibió de vuelta una perrita llamada Nana, a la que su familia adoptó cuando tenía un mes. Nana creció y al cumplir los seis meses de vida su familia la devolvió. Su hija de dos años, que se encaprichó con la cachorrita, se cansó del animal y sus padres decidieron que no se hacían cargo de ella. Ahora Nana llora todas las noches y ha dejado de comer porque Mari Ángeles ha tenido que llevarla al campo con los demás perros y ella echa de menos su hogar y sus dueños.

¿Cómo se puede hacer algo así? Se acercan fechas de estar en familia. Fechas de reencuentros, de reuniones, de compañía, de amor y de cariño. Por favor, no nos olvidemos de esos miembros de nuestra familia que caminan sobre cuatro patas. Por favor, pensemos que el invierno está ahí fuera, y que muchas criaturas van a morir de hambre y de frío mientras nosotros nos recostamos cómodamente en el sofá al calor de la estufa. Por favor, hagamos algo que de verdad esté acorde con el espíritu de estas fechas: salvemos vidas. Para siempre. No para unos cuantos meses. El calor que da un animal sobre tu regazo no lo alcanzará nunca ninguna estufa.

Ángeles Romero Ángeles Romero

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Por qués y porqués

Huellas de perro

Hace unos días salía de mi piso para dirigirme a la facultad como todas las mañanas cuando, casualmente, miré al suelo y vi un camino de huellas de sangre. Las manchas rojas formaban en el asfalto la silueta de una pata perruna, y de un animal considerablemente grande además. Entre mancha y mancha había aproximadamente unos cincuenta centímetros de distancia, y el camino continuaba, a veces recto, a veces curvo, durante un buen trecho que se perdía a mi vista. Seguí las huellas. 

Y para mí, señora, tener a un ser vivo con el cuello abierto de lado a lado a punto de morir de infección delante de mí es motivo suficiente para reaccionar. Después me preocuparé de mirar si es animal o persona

Mientras caminaba, mirando al suelo en todo momento y pendiente de no perder el rastro, la experiencia ya me iba aconsejando que me preparase: al final de aquel camino hallaría un pobre animal herido… o muerto. La experiencia me lo decía. Y me recordaba cómo tenía que actuar, cómo tenía que proceder. Yo sabía lo que quería hacer. Si el animal estaba herido, pediría ayuda y me quedaría con él hasta que estuviera en buenas manos. Pero bien podía ser que me estuviera dirigiendo a un cadáver, a uno de los tantos que a diario no lo consiguen y no llegan a la mañana siguiente. Estos pensamientos me invadieron durante los menos de cinco minutos que duró mi “rastreo”. Tras un par de curvas y un pequeño escalón, el reguero de sangre acabó; las huellas llegaban directamente a la puerta de una clínica veterinaria.

De camino a la facultad me puse a reflexionar: ¿Cómo explicar el alivio que sentí? Por el hecho de saber que aquel animal ya tenía alguien que se responsabilizaba de su vida (y que, por cierto, nunca iba a saber el susto que me había dado), de ver que él sí lo había conseguido, que era afortunado, que alguien había a su lado que se preocupaba de que viera el sol cada mañana… ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo explicar que un día cualquiera, a las ocho de una mañana cualquiera, te puedes topar con una situación así y vas a decidir implicarte y preocuparte por una vida ajena a ti, cuya existencia antes desconocías? ¿Cómo explicar la sensación de alarma, de alerta, al ver esa sangre en el suelo y decidir de forma automática que vas a llegar hasta el final y que vas a ayudar a ese ser vivo sin importar nada más?

De camino en el autobús llamé a un familiar para contarle lo que me había pasado: quería compartir mi alegría y mi alivio, verdaderamente estaba feliz. Mientras relataba la historia a mi interlocutor, una señora sentada a mi lado me lanzaba miradas de burla y compasión. Estaba pensando: “Pobre imbécil; con lo mal que está el mundo y ella se preocupa por un perro que ni siquiera es suyo”. Y yo quise preguntarle a esa señora: “¿Y si hubiera sido un niño? ¿Y si hubiera sido una mujer maltratada? ¿Y si hubiera sido el borracho del barrio que se había metido en una pelea la noche anterior y estaba tirado en una esquina tratando de recuperarse de la paliza? ¿Y si hubiera sido un señor mayor que se había caído por la calle y se había arrastrado pidiendo socorro? ¿Y si, sencillamente, era alguien que necesitaba ayuda?”.

Quise preguntárselo, pero no lo hice. No lo hice porque sabía la respuesta que me iba a dar, esa respuesta que parece tan clara, lógica y sencilla que no se explica cómo todavía hay quien formula la pregunta. Esa señora me habría dicho: “Es que es un animal. Si hubiera sido una persona sería diferente”. Y yo, nunca conforme, tengo que preguntar que por qué. ¿Por qué? ¿Por qué son diferentes? ¿En qué punto exacto de nuestro complejo entramado moral se ha decidido desamparar a quien necesita ayuda por no ajustarse a la definición de “humano”? ¿En qué momento se decidió negar asistencia y socorro a un ser que se desangra en la calle, a un ser que agoniza durante horas mientras la cuerda consume sus últimos minutos de vida, a un ser que se retuerce impotente tratando de respirar mientras el agua va llenando sus pulmones, porque los ladrillos atados a sus patas le impiden salir a la superficie? ¿En qué momento perdimos el rumbo? ¿O tal vez nunca lo tuvimos? No lo sé. Pero yo quisiera ahora contarle a esa señora mi porqué. El porqué de mi alivio, el porqué de mi alarma, el porqué de mi alegría al descubrir el final de aquellas huellas.

Signos de interrogación

Verá, señora, estoy cansada. Estoy cansada de oír que soy una hippie, que soy una perroflauta (nunca más oportuno el término), que estoy loca. Porque son animales. Usted me habla de personas, me habla de humanos, de cuántos niños mueren de hambre al día en todo el mundo. ¿Conoce usted la cifra de cuántos animales mueren de hambre al día en todo el mundo? ¿Acaso no es lícito, no es humano, ofrecer alimento y amparo a quien lo necesita? Verá, señora, estoy cansada de encontrar gente que me dice que no ayuda a los animales porque no le gustan. Esa es la triste realidad con la que nos topamos a diario quienes hemos elegido consagrar nuestra vida al último eslabón de esa cadena formada por víctimas de la miseria: el ayudar se asocia con un gusto obsesivo por los animales. Un gusto molesto, incluso, ya que no nos dejan dormir cuando se colocan en la puerta de casa gritando para que no asesinen al perro de la enfermera infectada por ébola. Déjeme contarle, señora, que no es así.

El porqué, señora, MI porqué, va mucho más allá de los gustos y de esa lacra especista que tanto nos envilece. Son seres vivos, señora. Más allá del vínculo emocional que cada cual pueda establecer con los animales, son seres vivos. Seres que sufren, que padecen, que lloran (¡sí, se lo aseguro!), que PIDEN ayuda. Más allá de lo que yo pueda sentir por ellos, más allá de mi nivel de implicación emocional que yo decida (o no) alcanzar, hay otro tipo de nivel de implicación, de compromiso con nuestro entorno y los miembros que lo forman. Existe una cosa llamada causa social a través de la cual uno se torna mejor persona. Existe algo llamado solidaridad y empatía que no entiende de especies. Y para mí, señora, tener a un ser vivo con el cuello abierto de lado a lado a punto de morir de infección delante de mí es motivo suficiente para reaccionar y hacer algo, para recogerlo, llevarlo a casa, curarlo, gastar mi dinero en médicos y medicinas. Después me preocuparé de mirar si es animal o persona.

El porqué de esto, señora, es ridículamente sencillo: estoy salvando una vida. Estoy aportando a ese ser y también al mundo cosas para cuya grandeza no existen palabras en ninguna lengua. Estoy contribuyendo a construir y no a destruir, estoy desarrollando un bellísimo respeto por la vida ajena, sin matices, sin condiciones. Si todos y cada uno de nosotros hiciera algo, por todos los eslabones de esa cadena, la miseria no tardaría en desaparecer. Pero es muy fácil sonreírse con suficiencia desde el asiento del autobús y luego llegar a casa y desperdiciar comida, por ejemplo.

Criticamos, insultamos y rebajamos a esas personas que han decidido aportar su grano de arena porque en vez de irse a África a ayudar a los niños se quedan aquí y ayudan a los animales. Sin embargo, para mí no hay diferencia, mujer. He hecho una elección. Y todavía hay quien me dice que si tal es mi grado de implicación y compromiso, que entonces soy una hipócrita porque ayudo a unos más que a otros. Déjeme preguntarle a quién ayuda usted. Yo dono ropa, comida, medicamentos, material escolar y además salvo vidas. Sí, salvo vidas. Vidas animales. Vidas que cuando logran ponerse de pie me lloran de agradecimiento y me entregan su corazón sin reparos.

Usted no sabe lo que es eso, señora. Así que borre esa sonrisa irónica de la cara. Porque la grandeza de espíritu se alcanza cuando se toma conciencia de que no hay barreras ni diferencias de especies. Se alcanza cuando, un viernes a las ocho de la mañana, uno decide responsabilizarse de una existencia ajena antes de saber siquiera si está viva o muerta. ¿Que por qué? Pruébelo. Y hallará la respuesta.

Ángeles Romero Ángeles Romero

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El fin de la creatividad ética

Killer Karaoke

Se acabó la creatividad ética. En la pugna por la audiencia por parte de los grupos televisivos, productores y guionistas agudizan su ingenio para conseguir un alto porcentaje de share. Esto hace que algunos productos televisivos de moda, como son los programas de cocina, rocen lo snaff. De esta manera, obtenemos escenas en las que los realizadores se recrean con la imagen de un concursante practicando karate con la cabeza de un atún muerto o poner a una concursante vegana delante de una cabeza de cerdo para que la cocine.

A no ser que lo impidamos, las cadenas de TV seguirán haciendo espectáculos con animales, tratándolos como cosas y no como individuos que son: con personalidad, sensibilidad e intereses

En esta lucha por la cuota de pantalla, siguiendo con otro formato favorito de la audiencia como es el de descubrir o redescubrir cantantes, se ha importado un nuevo programa: se trata de seguir cantando “pase lo que pase” (Killer Karaoke). Eso incluye meter la mano en una caja de víboras, o que te pongan una tarántula en el hombro. Está claro que estos animales controlados fuera de su hábitat sienten más miedo y estrés que los propios concursantes.

Mientras la sociedad no entienda que los animales no humanos tienen sistema nervioso, y que por tanto sienten como nosotros, las cadenas de TV seguirán haciendo espectáculos con animales, tratándolos como cosas y no como individuos que son, con personalidad, sensibilidad e intereses. ¿Qué será lo siguiente: cantar mientras se cocina en una plaza de toros? ¿Salto de trampolín de famosos en un delfinario? ¿Gobernantes armados con arco y flecha en la sabana africana? ¿Modelos haciéndose sus propios vestidos con pieles de animales? No quisiera yo dar más malas ideas.

Abel Santos Abel Santos

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